
«No me van a torcer el brazo» había dicho Alberto Fernández en un acto en el Museo del Bicentenario hace apenas días atrás. «La puja distributiva» debe hacerse «en favor de los que trabajan y los más necesitados». Qué oportuna resulta ser esa vieja frase, convertida ya en sabiduría popular, de que para conocer a alguien hay que mirar lo que hace y no lo que dice.
Uno de los principales motivos de la presión devaluatoria de todo julio fue la especulación de los patrones del campo. Se calcula que unos 20 mil millones de dólares en exportaciones venían siendo retenidos esperando a que el gobierno devalúe. La liquidación de divisas del campo se hace en dólar oficial y los patrones rurales esperaban recibir muchos más pesos por cada dólar.
Con la negación de concretar la liquidación de dólares al Banco Central, artificialmente lograron hacer de la divisa una cosa mucho más escasa de lo que ya era, en una economía que la necesitaba con urgencia. Con la demanda disparándose en todo este último mes, y la falta de dólares alimentada también por los patrones rurales, es que se pasó de dólares no oficiales en torno a los 200 pesos a cotizaciones promedio arriba de los 300.
Fernández se quejaba, hacía discursos encendidos (en la medida en que puede ser «encendido» un discurso de Alberto Fernández), hablaba en el tono de quien se prepara para una iniciativa de épica «progresista» de enfrentamiento a los ricos que se hacen más ricos a costa del empobrecimiento de la mayoría. Por supuesto, nadie esperaba que hiciera nada en consecuencia. Y así fue. La medida del 26 de julio, el anuncio de un acceso especial a dólares para los patrones del campo, es una concesión mayúscula a los especuladores.
En el comunicado anunciando la medida, el Banco Central dijo que «se permitirá que los productores realicen un depósito a la vista en las entidades financieras con retribución diaria variable en función de la evolución del tipo de cambio A3500, conocido como Dólar Link, por hasta el 70% del valor de la venta de granos».
Respecto al resto «por el 30% restante se permitirá la Formación de Activos Externos, al valor del dólar oficial más el impuesto PAIS y las retenciones a cuenta que percibe la AFIP».
El Banco Central oficialmente niega que se trate de un nuevo desdoblamiento cambiario. Incluso, contra todos los hechos, dicen que «el campo» estaría accediendo aún solamente al dólar oficial. Si ese fuera el caso: ¿qué sentido tiene anunciar este régimen especial?
Según el propio comunicado oficial, sus intenciones serían «equilibrar a los productores agropecuarios con los beneficios que disponen los distintos sectores productivos, entre ellos, la libre disponibilidad de divisas por el incremento de las exportaciones que se realicen respecto del año anterior que aplica a la industria manufacturera; el Régimen de Fomento de Inversión para la Exportación o el régimen para la industria del Conocimiento que permite aplicar parte del incremento de las exportaciones al pago de la masa salarial».
Entonces, la especulación, la falta de dólares, la devaluación, el ruego casi arrastrado de que los patrones del campo liquiden divisas, en la versión oficial no tendrían nada que ver con la medida tomada.
Veamos brevemente más de cerca. Ese primer 70% sería la posibilidad de tener un depósito en pesos atado a la cotización de uno de los dólares oficiales. Con esto, el Banco Central espera evidentemente disponer de buenos dólares que tanta falta le hacen a sus reservas dejando a los exportadores sus respectivos pesos.
Pero lo hace con un «seguro» de que la cantidad de pesos que haya en esa cuenta estará atado a la cotización de ese «dólar link» oficial. Es decir, sube la cotización de ese dólar y automáticamente la cantidad de pesos en la cuenta bancaria del sojero suben en proporción. Para los trabajadores, cobrar en pesos implica automáticamente perder ingresos con cada pequeña o grande devaluación, frente a cada nuevo índice de inflación. Para los patrones no.
El otro 30% lo podrán tener en dólares «solidarios», con una cotización aproximada de 239 pesos.
El mismo día en que fue anunciado el dólar soja, Fernández habló en un acto de conmemoración de Eva Perón, diciendo que ella «también luchó contra los especuladores».Con frases vacías progresistas se gana el desprecio de los patrones y gorilas; con los hechos de tibieza -o más bien complicidad- con los grandes capitalistas, el de las mayorías populares que solo pierden con su gobierno. No por nada se lo ve cada vez más solo.






