Demasiado rápidamente el fuego en la Patagonia deja de ser noticia. Pero muchos focos siguen activos y ni una sola de las razones de fondo del desastre anual han sido tratadas.
“…Mi abuela me decía, en su momento, que me guarde en mi memoria estos lugares (Puerto Patriada) y los paisajes que yo veía porque, en unos años, no iban a estar más ya que van a hacer negociados…». Con esta anécdota, una compañera oriunda del sur narraba la perspectiva de muchos de los que viven en allí.
Casi con la misma regularidad en el calendario que año nuevo, los brutales incendios arrasan una de las mayores riquezas medioambientales del país. Junto a ello se llevan puestos las vidas de los que allí viven.
“…Una persona en el sur, cada vez que huele a quemado, piensa que se esta prendiendo fuego el bosque…” es una frase que grafica muy bien este problema.
La respuesta del gobierno, en particular del Ministerio de Seguridad de Bullrich, es la campaña racista de todos los años contra el supuesto «terrorismo mapuche». El gobierno provincial intenta solucionarlo como respondiendo a un caso de delincuencia común, ofreciendo recompensas por los culpables. Las respuestas de Torres en Chubut y Bullrich y Milei desde Buenos Aires son formas de tapar la inoperancia nacional y provincial, además del ajuste brutal en toda materia de lucha y prevención contra el fuego.
También intentan ocultar que una de las razones subyacentes de los incendios permanentes son los negociados millonarios. Los ricos hacen uso del suelo destruyéndolo primero, y tienen a sus principales cómplices al frente del poder político.
Mientras tanto, a pesar de haberse frenado en parte el avance del fuego en la Patagonia, esta semana volvieron a activarse varios focos de incendio.
Sería inocente negar que hay casos comenzados por mano humana. Los hay y representan el 95%, muy por debajo siguen fenómenos naturales como los rayos. Muchos son no intencionales, como fogatas mal apagadas y cigarrillos. Otros tienen un claro objetivo: el mercado inmobiliario. “…Había incendios en plena costanera donde, luego de algunos años, aparecían los hoteles boutique…”, relata nuestra compañera. Con la destrucción de biomas, proliferan los hoteles o la extensión de la frontera agrícola.
Son muchos los motivos de que se puedan extender cada vez más rápidamente los incendios. Pero hay uno que lo hace todo más grave y más frecuente: el cambio climático. Las fuertes sequías convierten la flora en un perfecto combustible para los incendios. A esto se le suman los patrones de lluvia alterados, menores nevadas en invierno, la aceleración del derretimiento de los glaciales y, paradójicamente, un aumento de los frentes de tormenta que causan mayores tormentas eléctricas y caídas de rayos.
La depredación capitalista del medio ambiente tiene consecuencias en todos lados. Y que tengan el poder negacionistas como Trump y Milei solamente promete empeorar todo a largo plazo, y frenar todo tipo de solución.
En la Patagonia en particular hay otro problema producto de la intervención humana: la presencia de pinos. La zona de Puerto Patriada fue, en 2013, objeto de una investigación del CONICET respecto al crecimiento desenfrenado de esta especie invasora, el pino Radiata y cómo afecta a todo el ecosistema y destroza la fauna nativa. Su acelerado crecimiento y la expansión rápida de sus semillas, en especial luego de los incendios, deja a la flora autóctona sin espacio. “…Tienen conos que permanecen cerrados mucho tiempo- pueden pasar 70 años-. Su apertura se propicia con aumento de las temperaturas por los incendios. Cae la semilla y germina. Muchas especies nativas tienen la capacidad de rebrotar y regenerar los ambientes, pero este pino no deja espacio para que crezca nada más…” decía en una entrevista, hecha alrededor de los incendios de 2022, una de las investigadoras. A esto se le suma que las hojas no aportan muchos nutrientes al suelo y son, al igual que el árbol, altamente inflamables.
La introducción de especies invasoras se remonta a los principios del siglo XX, cuando «para potenciar la economía» se introdujeron, entre otras cosas, pinos y castores.
Mientras tanto, el gobierno nacional viene recortando brutalmente todo el servicio de lucha contra incendios y los gobernadores cómplices, cuando no callan, votan las leyes que le permiten a Milei ajustar.
El recorte de la prevención por Milei ha causado que, lo que ya estaba en condiciones precarias, se convirtiese en un verdadero infierno.
Si a la infraestructura y servicios de prevención, lucha y paliación frente a los desastres ambientales ya afectados por la propia desinversión del país le agregamos el directo ajuste sobre el financiamiento terminamos con lo que se ve ahora: cada situación climática termina en un desastre y la gente queda a la deriva.
Un estudio por parte de organizaciones ambientales calculó que, entre octubre de 2024 y marzo de 2025, se quemaron 7747 hectáreas. Comparando con los mismos meses del 2024 al 2025, la cantidad de hectáreas subió a 31722.
Mientras tanto, el gobierno nacional subejecutó el presupuesto asignado al Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF): solo usaron el 22% en 2024 y el 25% en 2025. Esto va a peor: el presupuesto de este año destina solo $20.131 millones al organismo, dejándolo en terapia intensiva.
Mientras tanto, solo hay 400 brigadistas para atender los incendios de las provincias.
Además, con Milei el desfinanciamiento es el paso previo al cierre. Con un presupuesto 77% menor al de años anteriores, es casi seguro que el calendario se llenará de eventos de este tipo.
La única forma de definir esto es Ecocidio sistemático e intencional. Les da igual que se destruya todo: bosques, ecosistemas, poblaciones, vidas.
El gobierno ya dejó claro que uno de sus objetivos es derogar la Ley de Manejo del Fuego para asegurar el regalo de las tierras arrasadas.
La Ley del Manejo del Fuego, sancionada en 2013, tiene 2 puntos que molestan al gobierno. Por un lado está la creación del Sistema Federal de Manejo del Fuego, usado para proteger y preservar los ambientes que sufrieron los incendios. Este se compone por organismos como el SNMF, el Ministerio de Seguridad y organismos de los gobiernos locales.
A esto se le suma la modificación de 2020, cuando se le agregó que no se pueda modificar lo que crecía en esas tierras durante 60 años posteriores a apagado el fuego. Es decir, no pueden plantar soja donde había un bosque, por ejemplo.
Obviamente, no somos tan inocentes de pensar que esta ley se aplicaba estrictamente. Muchas veces se saltaban de forma local esta prohibición y, como ya dijimos, el gobierno nacional desfinanció brutalmente el Servicio Nacional de Manejo del Fuego. Pero el gobierno de Milei quiere sancionar la destrucción explícita de toda prevención y manejo del fuego.
El capitalismo nos deja un paisaje destruido y pobladores que perdieron todo. Las bellezas naturales de la Patagonia corren peligro de volverse, tal como dijo la abuela de nuestra compañera, un recuerdo en la mente de los habitantes.




