¡Alto el fuego ya en Gaza!

Segunda declaración de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie, 1/11/23.

Alto el fuego en Gaza

Basta de masacre y genocidio del pueblo gazatí

No a la ocupación del Estado sionista en la franja de Gaza y a la represión en Cisjordania

Abajo el gobierno de ultra derecha asesino de Netanyahu

Ruptura de relaciones diplomáticas con el Estado de Israel

Por una Palestina única, democrática, libre, laica y socialista en la que todos los pueblos y todas las confesiones religiosas puedan vivir en paz

En los próximos días se va a cumplir un mes de bombardeos y genocidio permanente sobre el pueblo gazatí (por lo no olvidarnos de la represión creciente y las acciones de venganza de los colonos ortodoxos sobre la población en Cisjordania, que ya se han cobrado más de 100 vidas palestinas).

La ofensiva de Netanyahu sobre Gaza ha provocado una crisis mundial y no solo regional. Si en un primer momento la acción mancomunada del imperialismo tradicional y de prácticamente todos los gobiernos de Occidente inclinaron la vara en una campaña ultra reaccionaria, criminalizando a toda la población palestina tildándola de “terrorista”, conforme pasan los días y semanas de masacre sobre Gaza la opinión pública mundial ha ido girando al repudio al genocidio.

Y no se trata solamente de un repudio “pasivo”, por así decirlo. En todo el mundo, comenzando por el Mundo Árabe, crecen las movilizaciones masivas exigiendo el alto a la masacre en Gaza. Una expresión extraordinaria de esto es el de los jóvenes (y no tan jóvenes) judíos que en los Estados Unidos han ocupado días atrás el viejo Capitolio (y siguen manifestándose de diferentes maneras en contra de la barbarie en Gaza del Estado sionista) planteando abiertamente que el accionar del gobierno ultra reaccionario de Netanyahu no los representa. “Not in my name” manifiestan en condena a la represión y exigiendo el alto el fuego en Gaza y Cisjordania.

Como si esto fuera poco, en las principales capitales del mundo imperialista crecen las protestas. Movilizaciones de masas en favor del pueblo palestino se han realizado en Roma, en Londres, lo mismo que crece el repudio al gobierno de Biden por su apoyo incondicional a Netanyahu (aunque intente, de palabra, trazarle algunas “líneas rojas”) y se desafía en París, por ejemplo, la reaccionaria prohibición de Macron a movilizarse a favor de la causa palestina.

Parte de esto mismo es un hecho muy importante: se ha abierto el debate internacional de que la cuestión palestina no tiene una solución militar (es decir, masacrando impunemente a la población palestina) sino política, el Estado palestino. Una cuestión que no es nada menor y que el gobierno de Netanyahu (y los demás gobiernos sionistas en las últimas décadas) quisieron liquidar de cuajo negándose a respetar, siquiera, los capituladores acuerdos de Oslo de 1993.

El contexto internacional del conflicto en Palestina es muchísimo más explosivo que el de Ucrania, esa es la realidad. La polarización mundial alrededor de la masacre sionista en Gaza ocurre en el plano político, social y geopolítico, siendo este último elemento el más novedoso y crítico, en un sentido. Social y políticamente está claro que la superestructura y las clases medias altas de Occidente están a favor del Estado sionista, así como la mayoría de los medios de comunicación (aunque los hay más críticos o que dejan deslizar críticas y condenas al genocidio en Gaza). Mientras tanto, amplios sectores de masas en todo el mundo, incluido lógicamente el Mundo Árabe, se inclinan del lado palestino. El papel de los gobiernos árabes es más sinuoso (por decir lo menos), con muchos de ellos manteniendo relaciones normales con el Estado de Israel en medio del genocidio. También hay gobiernos en la región que, aun siendo islámicos radicales y reaccionarios como es el caso del de Irán, son adversarios del Estado de Israel.

De cualquier manera, la explosividad de la coyuntura internacional que arranca por una vía reaccionaria con la masacre cotidiana en Gaza, es inédita en las últimas décadas. Es que como elemento propio de éste siglo XXI ha incorporado el reinicio de las pujas geopolíticas a un nivel no visto en las últimas décadas. Sin embargo, conviene ser mesurados en estos desarrollos, al menos por el momento. Es decir: abordar el tema con cautela y sin exagerarlo ni anticiparse. El conflicto de Ucrania contra Rusia por su autodeterminación nacional sumó un segundo elemento de conflicto inter-imperialista por “interpósitas personas” al sumarse Estados Unidos y la OTAN con armas y bagajes al apoyo a Zelensky. A esta situación, ya de por sí grave y limitadamente –hasta ahora- explosiva, acaba de sumársele un conflicto abiertamente explosivo en Medio Oriente donde de momento no existe un conflicto abierto entre potencias imperialistas tradicionales (Estados Unidos y el G7) y no tradicionales (China y Rusia).

Hasta ahora Putin ha sido más asertivo, y con el cinismo que lo caracteriza aparece defendiendo la necesidad de un “Estado Palestino”. Por su parte, hasta ahora China se ha mantenido en un segundo plano. No aparece redoblando la apuesta y lo más agresivo que ha manifestado es su apreciación del “increíble” veto en el Consejo de Seguridad por parte de Estados Unidos al planteo de alto el fuego humanitario presentado por la diplomacia de Brasil.

Biden, por su parte, en conjunto con el apoyo incondicional a Netanyahu y el planteo de que el apoyo a Israel y Ucrania hacen al lugar mismo de los Estados Unidos en el mundo, está intentando que el conflicto no se regionalice… claro que desplegando dos portaviones nucleares cerca de la zona. Más allá de “bellas palabras”, no ha tomado una sola medida efectiva ni para frenar la escalada israelí. Ni siquiera para garantizar un abastecimiento humanitario digno de tal nombre a la población gazatí, bajo bombardeos y destrucción sistemática hasta de sus hospitales y campos de refugiados de la ONU.

En sentido contrario del apoyo incondicional de los países imperialistas tradicionales al sionismo, vale el ejemplo del Estado boliviano, que ha roto relaciones diplomáticas con el Estado de Israel. Esto es lo que deberían hacer todos los gobiernos que se consideran progresistas y democráticos: romper relaciones con Israel a modo de repudio del genocidio en curso.

De momento, la ofensiva sionista sigue en curso. Hace más política Hamas que Netanyahu ofreciendo el intercambio de rehenes israelíes y de otras nacionalidades por prisioneros palestinos (en su totalidad o en cuotas, afirma Hamas; está abierto a discutir). Incluso Hamas, gobierno legítimo de la franja, ha liberado humanitariamente cuatro rehenes como muestra de buena voluntad negociadora. Netanyahu ha respondido redoblando los bombardeos, las masacres (en el día de ayer a un campo de refugiados, días atrás a hospitales y así de seguido) e, incluso, comenzando las incursiones y la invasión terrestre (por ahora, aparentemente, más lo primero que lo segundo, pero están desarrollándose los hechos en estos mismísimos momentos).

Netanyahu ha declarado que este conflicto es “existencial” para el Estado de Israel. Así pretende esconder que está llevando adelante un castigo colectivo al pueblo gazatí, castigo colectivo que es el contenido mismo de la palabra genocidio (el nazismo había hecho lo propio con el pueblo judío culpándolo de los males de Alemania). También acaba de declarar que esta es “otra guerra como la de 1948”, lo que puede significar que pretende otro desplazamiento colonial de la población palestina de toda o parte de la franja de Gaza para anexarse nuevos territorios al Estado colonizador.

Por el camino, y a pesar de todos los esfuerzos de los gobiernos y la prensa internacional, amén del sionismo internacional, se tira por la borda la legitimidad del Estado sionista y crece la legitimidad de la causa palestina (lo cual es un desarrollo positivo). En medio de la tragedia y el genocidio vuelve a hablarse de que la solución al conflicto palestino es política, no la destrucción militar de Gaza (hasta por el hecho vergonzoso de que ningún país árabe de las fronteras con Israel, al menos Egipto y Jordania, quieren acoger refugiados palestinos).

También en Israel crecen, aunque son por ahora minoritarias, las voces discordantes. Nadie quiere al gobierno de Netanyahu y todo el mundo quiere que se vaya… una vez que se “gane la guerra con Hamas”. Sin embargo, una minoría comienza a ver que la solución no puede ser militar sino política. Incluso si Netanyahu arrasa del todo Gaza (¡ya la está arrasando!), no se sabe qué será de su población de 2.3 millones de personas después.

En Gaza la situación es horrenda. Deben haber sido asesinadas ya por la FDI (fuerzas de defensa israelíes) al menos 10.000 gazatíes, además del asesinato -¡con métodos de terrorismo!- de varios dirigentes/as de Hamas y otras corrientes políticas palestinas (islámicas y no islámicas –hay que tener presente que entre los palestinos conviven varias corrientes políticas, no todas de igual signo).

Entre el 5 y el 10% de los edificios en Ciudad de Gaza ya han sido destruidos, una circunstancia tremenda. La Franja de Gaza es hoy un verdadero Gueto de Varsovia del siglo XXI, lo que ningún honor le hace a la población judía asesinada en los campos de concentración del nazismo sino todo lo contrario (la vergüenza mayúscula de convertirse de exterminados en exterminadores).

Israel bombardea a la población civil con la excusa de que serían “escudos humanos” de Hamas. Bombardea partes del sur de la franja, donde mandó a desplazarse un millón o más de personas. Ordenó un desplazamiento imposible y antihumano de esa cantidad de personas. Somete a una barbarie indescriptible a millones de niñes, mujeres y hombres palestinos al cortarles el suministro de agua (en plena zona desértica), alimentos, medicamentos, combustible, electricidad, internet; al bombardear hospitales y campos de refugiados (como ya hemos denunciado), etc. El Estado de Israel está cometiendo el genocidio de la población gazatí ante los ojos del mundo.

Es acá donde se coloca el planteo de alto el fuego humanitario votado por la Asamblea General de la ONU días atrás. Desde ya que la ONU no tiene realmente poder real y sólo es, en la mayoría de los casos, una cobertura “democrática” para las tropelías del imperialismo tradicional. Sin embargo, en este caso la votación abrumadoramente mayoritaria de la Asamblea General tiene enorme importancia política. Por supuesto que no va a obligar materialmente a Netanyahu a detener su masacre e invasión, ni a los gobiernos del Occidente imperialista a dejar de apoyarlo incondicionalmente en su cruzada. Pero le da un argumento “institucional” de peso a todos los que en el mundo se están movilizando -de manera creciente y multiplicada- por el pueblo palestino y contra el genocidio.

Nuestra corriente internacional defiende incondicionalmente al pueblo palestino. No se puede igualar oprimidos con opresores. Esto quiere decir que defendemos al pueblo palestino dirija quien lo dirija, a la vez que reconocemos su derecho a la autodefensa militar. Y en este caso concreto, en la Franja de Gaza lo viene dirigiendo Hamas (el papel de la Autoridad Nacional Palestina en Cisjordania viene siendo tan arrastrado detrás del Estado sionista que ha perdido toda legitimidad, sumándole su corrupción).

Sin embargo, esto no quiere decir que nuestra corriente le de apoyo político a Hamas (ni apruebe el asesinato indiscriminado de civiles). Sostenemos otros métodos, otra política y otro programa. No creemos que la solución para la causa palestina sea un Estado islámico en la región. Opinamos que la clave del conflicto es la movilización de masas del propio pueblo palestino como en la Primera Intifada, de las masas a nivel internacional, e, incluso, apelar no solamente a la población árabe-israelí del Estado sionista para que se movilice, sino también a la población judía para que se de vuelta y exija una solución política por la izquierda. Que salga del terreno de los opresores (el Estado de Israel) y se pase al terreno de los oprimidos (los palestinos). La propaganda islamofóbica puede intentar presentar como “utópica” o irreal semejante solución, pero es muy afín a la que fue la línea programática mayoritaria de la resistencia palestina por décadas. El programa de una “Estado Islámico” de Hamas ha ganado peso solamente gracias a las traiciones de la Autoridad Nacional Palestina, a sus acuerdos con Israel. Parte de esto mismo es echar a patadas al gobierno de ultra derecha de Netanyahu con la movilización de masas.

Queremos un alto el fuego ya. Rechazamos la caracterización de Hamas como organización terrorista y opinamos que es el pueblo palestino el que libremente debe decidir su conducción política. Israel debe dejar de bombardear Gaza y de reprimir en Cisjordania, aceptar el canje de rehenes por prisioneros palestinos. El genocidio debe pararse ya y desde todos los pueblos del mundo ver cómo colaborar en la reconstrucción y por una vida humanamente digna en Gaza y Cisjordania en el marco de la pelea por acabar con el Estado colonial de Israel.

La solución de fondo pasa por acabar con el Estado racista, de apartheid, represor y colonial sionista. Acabar con el Estado, no con la población judía que vive en ella; son dos cosas distintas. Palestinos e israelíes, árabes, judíos e islámicos, etc., todos/as deben poder vivir en paz en una Palestina única, libre, laica, democrática y socialista en el contexto de un Medio Oriente también laico y socialista.

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