Por unos pesos no se van a pelear, por 15.000 millones… pueden haber algunos cruces

Esta última cifra es la que la CGT le recordó al gobierno en enero de este año, apenas asumido, era la deuda del Fondo Solidario de Redistribución para con las arcas de las obras sociales de la CGT.

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Un adelanto que siempre es oportuno para aceitar las relaciones gobierno-sindicalistas. Sobre todo en tiempos de crisis que, aunque todos confiesen fe albertista, su ubicación y poder en el futuro Consejo económico y social provoca sus cortocircuitos.

Este Fondo Solidario de Redistribución de solidario no tiene nada y la redistribución es entre las manos de los directores de las obras sociales y la Superintendencia de Servicios de Salud del gobierno. Un 15% o 20% de los aportes de los trabajadores registrados y sus patronales va a este Fondo (dependiendo del nivel salarial). Ese depósito en manos del Estado es lo que reclaman desde las cúpulas sindicales a todos los gobiernos.

El monto de lo recaudado no es fijo, pero sí constante. Se calculan que ingresaron en los últimos tiempos entre 3.200 y 3.800 millones de pesos mensuales.

De ahí que la titularidad de dicha Superintendencia no sea poca cosa. Por ese motivo, el nombrado ministro de Salud, Ginés González García, a sabiendas que la cúpula sindical tenía otro firme candidato propuesto, el señor David Arauchan, designó a un ladero propio, Eugenio Zanarini, relegando al propuesto por el sindicalismo a un puesto menor. Este ladero es vicerrector de la Universidad Isalud(1), fundada por el propio ministro de Salud de la Nación. No le faltaba currículum tampoco a Arauchan, ya que es presidente de Unión Personal AccordSalud (2), de UPCN, quien recibió el premio consuelo de ser designado gerente general del Fondo Solidario.

Ese volantazo, de un día para el otro, del ministro de Salud de proponer estatizar el sistema de Salud a no llevarlo adelante ni por asomo, tiene explicaciones materiales muy contantes y sonantes. Además de las del funcionario, también de las de su entorno y la de los dirigentes de los gremios que, junto a la obra social correspondiente, arman un “kiosquito” con alguna prepaga.

De esta cuenta pendiente, el gobierno nacional desembolsó unos 4.000 en marzo, en el inicio de la pandemia y casi 1.830 millones a 164 obras sociales el último 30 de julio. Hubo algunos que recibieron más que otros. “Entre los cinco primeros beneficiarios se encuentran las estructuras de salud del mercantil Armando Cavalieri, del estatal Andrés Rodríguez, del constructor Gerardo Martínez y del gastronómico Luis Barrionuevo”. (Infogremiales, 30/7/2)

Estos manejos, tan alejados de nuestras preocupaciones cotidianas, son la preocupación central de los referentes sindicales y estatales que se ocupan de la utilización y distribución de esos fondos, pero no de mejorar la atención de nuestra salud. Veremos en qué redunda en nuestro beneficio, en nuestra atención en medio de esta crisis también sanitaria, con servicios colapsados y otros a punto de estarlo.

Nosotros sólo ponemos los pesos de nuestro salario (el sector registrado, el que no lo está, cero cobertura de atención de la salud). Nuestras obras sociales son un triunfo de la lucha del movimiento obrero a través de décadas. Pero ese grandioso triunfo está opacado por el manejo de los popes sindicales y el Estado, del cual nosotros no tenemos ni noticias.

Si uno de los comentarios más masivos en medio de esta pandemia, ha sido la atención deficitaria (o casi nula) de muchas de las obras sociales, sobre otras enfermedades que no fueran el Covid (y deficiencias también en este caso), aunque fueran tan o más agudas que el peligroso virus. Aun de aquéllas que atienden fundamentalmente a adultos mayores y discapacitados, como el PAMI.

Por el control de los/as trabajadores/as activos y jubilados/as del manejo de los fondos de las obras sociales

Sin esta salida de fondo, nunca tendremos idea de lo que pasa en las arcas sindicales-estatales. Ellos arreglan sus negocios y nosotros sufrimos sus tropelías. Algunos más, otros menos. Pero la atención médica y los recursos para la salud son una necesidad y un derecho conquistado, no un gasto “inútil”.

Esta pandemia dejó al descubierto, entre otras, esta cruel mascarada del capitalismo: la atención de la salud es un negocio, aun el de las obras sociales en manos de los jerarcas sindicales.

Hay que arrebatarles su manejo y administración para que vuelva a ser un derecho del que podamos disfrutar los/as trabajadores/as y sus familias, sea cual sea su nivel salarial. Para eso tiene que estar en nuestras manos, bajo nuestro control, sin injerencia burocrática ni estatal.


  • Dirigida por su mentor, fundador y entonces presidente, el Dr. Ginés González García, la Fundación Instituto de la Salud, Medio Ambiente, Economía y Sociedad –Fundación Isalud- inició sus actividades el 29 de octubre de 1991 caracterizándose por el compromiso con la producción y difusión de conocimiento “en relación a todos los aspectos que contribuyan a la salud humana y social, en su significado más abarcativo”. (isalud.edu.ar) Actualmente rector honorario.
  • Accord Salud, perteneciente al Grupo Unión Personal, nace en 1998 cuando, mediante el marco legal necesario, se incorporan los planes superadores a la obra social Unión Personal, perteneciente a UPCN, la Unión del Personal Civil de la Nación (accordsalud.com.ar).

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