
A partir del decreto 482/2021 publicado hoy en el Boletín Oficial, el gobierno nacional declaró la «Estado de Emergencia Hídrica» por 180 días para la Cuenca del río Paraná, que componen las provincias de Formosa, Chaco, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, Misiones y Buenos Aires.
Los sectores ribereños vinculados a las márgenes de los ríos Paraná, Paraguay e Iguazú sufren la falta de precipitaciones en los territorios cercanos a las nacientes de esos ríos, que tiene como una de sus consecuencias más visibles la bajante histórica del Río Paraná. Este impactante fenómeno lleva más de 730 días y los expertos esperan que pueda comenzar a revertirse recién a partir de la llegada de las lluvias estivales esperadas para el mes de diciembre.
Entre las consecuencias socioambientales más inmediatas se advierte que la bajante «presenta eventuales afectaciones sobre el abastecimiento del agua potable, la navegación y las operaciones de puerto, la generación de energía hidroeléctrica y las actividades económicas vinculadas a la explotación de la Cuenca Hídrica conformada por los ríos Paraná, Paraguay e Iguazú.»
Así, las condiciones de vida de las poblaciones vinculadas al río podrían verse seriamente afectadas. Las disposiciones del decreto prevén una actuación de diversas áreas y ministerios para atender la emergencia, aunque sobre las causas de fondo de esta problemática el gobierno nacional no hace mención alguna.
Debemos señalar que hasta el momento el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, comandado por Juan Cabandié, no ha hecho nada más allá de las declaraciones en su cuenta de Twitter o de las iniciativas como «la propuesta de canjear deuda por acción climática y ambiental» que hizo en la reunión del G20. Mejor ni mencionar que es uno de los encargados de reproducir el verso de una megaminería «sustentable».
Este es el reflejo de la política de un gobierno que parece ponerse del lado de los intereses de los responsables del cambio climático y la aceleración de sus consecuencias, como las megamineras y representantes del agronegocio, entre otros.
Para una muestra de ello, basta mencionar que el espacio político del Frente de Todos gobierna con un Canciller como Felipe Solá, pionero en introducir al agrobusiness en el territorio argentino en los 90 responsable de la expansión de la frontera agraria y la sojización. O, para hablar de sus figuras de campaña, está la recientemente anunciada cabeza de las listas del FdT en Catamarca, la lobbista y militante activa de la megaminería contaminante, Lucía Corpacci.
Como te contábamos días atrás, diferentes sectores y activistas ambientalistas, alertaban del enorme impacto que podía tener esta bajante histórica y, sobre sus causas de fondo, Rafael Colombo, miembro de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas advertía que:
«lo que está ocurriendo en el Río Paraná es un auténtico holocausto ambiental y es el resultado directo de una serie compleja de intervenciones antrópicas asociadas a la expansión del extractivismo agroindustrial, ganadero, forestal, fluvial y minero» y fue tajante al advertir sobre las consecuencias ya que «estamos yendo hacia un proceso de sabanización de nuestros ecosistemas, es decir, se vuelven sabanas, que son ecosistemas secos, áridos, típicos de zonas tropicales y subtropicales».






