Tuvieron que transcurrir casi dos meses y que las llamas consumieran más de 230 mil hectáreas de bosques en la Patagonia, para que el gobierno de Milei emitiera un DNU con la declaratoria de emergencia ígnea en Chubut, Río Negro, Neuquén y La Pampa.
La declaratoria, además, se produjo en el marco de las negociaciones que sostiene la Casa Rosada con los gobernadores, con el fin de ganar su respaldo para aprobar la (contra) reforma laboral en las sesiones extraordinarias de febrero.
Por ello, la medida que anunció Adorni es una concesión tardía e interesada por parte de Milei, la cual se produjo luego de que los gobernadores de las provincias afectadas insistieran en la declaratoria y el giro de $100.000 millones para 1062 entidades de bomberos.
Demasiado tarde: cuando el negacionismo climático del ultra capitalista de @JMilei sale mal. 45mil has arrasadas en Chubut. 10mil en Río Negro. 6mil en Neuquén. 700 en Sta Cruz. Más las 168mil de La Pampa del 2025. ¡Recién ahora se disponen a designar presupuesto!
— Julia Di Santi (@JuliaDiSanti1) January 30, 2026
En todo caso, esta medida es insuficiente para atender la gravedad de la crisis ecológica en el sur del país y no exime al ejecutivo de su responsabilidad directa en el desarrollo del ecocidio. Solamente en los últimos dos años, el gobierno subejecutó el presupuesto asignado al Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF): solo usaron el 22% en 2024 y el 25% en 2025. Para empeorar la situación, el presupuesto de 2026 tan sólo destina $20.131 millones al organismo, un recorte que lo deja en terapia intensiva.
Junto con esto, la nueva ley de tierras que quiere aprobar Milei pretende eliminar la prohibición de cambio de uso de las tierras luego de incendios, lo cual serviría como “incentivo” para que grupos capitalistas atenten contra los ecosistemas para transformar los en bosques en plantaciones.
En vista de lo anterior, no queda duda de los estragos que contrae el negacionismo del cambio climático que profesa el gobierno de extrema derecha y oscurantista de Milei. Por eso decimos ¡no es fuego, es ultracapitalismo!




