
La guerra ya parió sus primeras consecuencias en la economía internacional. Rusia es el primer productor de trigo del planeta, y Ucrania el quinto, además de ser el primer exportador de girasol. La invasión rusa anticipa una difícil cosecha para los exportadores ucranianos: se estima que no alcanzará el 50% de la última. Las exportaciones rusas, por otro lado, podrían verse comprometidas por las sanciones económicas impuestas por los países de la OTAN.
Las consecuencias son de alcance mundial. El precio del trigo se disparó en las últimas semanas alcanzando su mayor precio en los últimos 14 años, por encima de los 470 dólares por tonelada. Pero, además, muchos analistas advierten sobre la posibilidad de desabastecimiento en los mercados. Podría no haber suficiente trigo, lo que impactará especialmente en los países dependientes. Esto significa llanamente que millones de personas podrían no poder acceder a productos básicos como el pan.
Y la Argentina no saldrá indemne. En el mes de marzo, la Federación de Panaderos advirtió que el costo de producción del pan se había duplicado. Los precios acordados con el gobierno (entre $180 y $220 el kilo de pan francés) ya son historia. En la mayoría de las panaderías del país el pan no se consigue por debajo de los $240 o $260.
En ese contexto es que el gobierno declaró el cierre de exportaciones para los productos manufacturados de soja (harina y aceite). Según declaraciones oficiales, casi la totalidad de la cosecha argentina de trigo se ha exportado. Queda poco más que lo que debe venderse al mercado interno. Por esta razón, el cierre de las exportaciones habría sido pensado como una medida para prevenir la fuga de granos y el desabastecimiento interno. Como era de esperar, las patronales del campo han comenzado su acostumbrada campaña anti – retenciones.
Pero el gobierno ni siquiera parece soñar con una suba de general de las retenciones, que debería pasar por el Congreso. Parece claro que no podría lograr la mayoría necesaria en ambas cámaras para una medida de este tipo.
Por el contrario, el fernandismo salió a aclarar que está «evaluando un paquete de medidas antiinflacionarias» y que lo máximo que hará será modificar el decreto 790/2020. El mismo establece retenciones diferenciales para los productos de soja con valor agregado (no para la exportación de granos en sí). La idea sería llevar esa cifra del actual 31% al 33%.
Con la recaudación adicional (que se estima entre los 400 y 500 millones de dólares) el gobierno buscará ampliar el fideicomiso del trigo, un fondo creado recientemente que subsidia (con la recaudación de las retenciones) a los productores de trigo que venden al mercado interno bajo los precios acordados con el gobierno. El mecanismo apunta a «emparejar» las ganancias de los productores que exportan y de los que venden en el interior, para «desacoplar» los precios del mercado interno respecto a los precios internacionales.
En los últimos días, «desacoplar precios» se convirtió en el mantra del Ministerio que comanda Martín Guzmán. Y no es casualidad. En momentos en que se está cerrando un acuerdo de ajuste con el Fondo Monetario Internacional, una disparada de los precios de los productos básicos podría tener consecuencias sociales difíciles de controlar para el fernandismo. Con casi la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza y una inflación anual proyectada por encima del 50%, no hace falta más que una chispa para desatar un incendio social.
El gobierno de Fernández está ante una encrucijada. El FMI y el imperialismo le exigen ponerse al día con los deberes de la deuda. La guerra en Ucrania (que hoy parece lejos de terminar) y el descontrol de los precios internacionales ponen en peligro la seguridad alimentaria de millones de argentinos. Por otro lado, a los oligarcas del campo se les hace agua a la boca viendo los millones que podrían amasar vendiendo sus productos al precio internacional. El fernandismo debe elegir entre seguir las órdenes de imperialistas y oligarcas o garantizar las condiciones de vida de la población trabajadora.
La mísera suba del 2% en las retenciones (limitada además a sólo algunos productos) parecen mostrar dónde se para el gobierno. Pero Fernández está jugando con fuego.






