Este artículo nació como un ejercicio de sintetizar la formación feminista de cierre de año sobre el debate en torno al abolicionismo que sostenemos Las Rojas, en particular con sectores burocráticos del feminismo que buscan usar una posición regulacionista de la explotación sexual como un instrumento para disputar la dirección del movimiento feminista. A medida que se avanzó con el texto se profundizó más en las distintas aristas que constituyen las redes de explotación sexual.
La charla tuvo como punto de partida los artículos “En defensa del abolicionismo” y “La lucha contra la trata y la explotación: Un debate con la posición “pro-sexo”. Que son parte de la acumulación de militancia y elaboración abolicionista que tenemos de la corriente Socialismo o Barbarie, en particular en Argentina.
Además, como apoyo se usaron textos clásicos del feminismo los cuales están en proceso de estudio, El Segundo Sexo y la elaboración de las bolcheviques como Nadia Kuspkaya y Aleksandra Kolontái como apoyo teórico.
El origen de la explotación sexual de las mujeres: la familia patriarcal
Uno de los mitos en torno a la prostitución es que este es el trabajo más antiguo del mundo, dicho mito permite normalizar la explotación sexual de los cuerpos de las mujeres y entender esta práctica como un “campo” que puede desarrollarse económicamente. Sin embargo, tal aseveración, como ya dijimos, es solo un mito.
La prostitución tiene su origen junto a la familia patriarcal. Con la Revolución Agrícola y la mayor diferenciación entre las esferas de la producción (ocupada por los hombres) y la reproducción (ocupada por las mujeres), la aparición de la división sexual del trabajo se consolidó como una victoria histórica del patriarcado y la opresión histórica de las mujeres.
Al tiempo que el hombre se convirtió en amo de la tierra, afirmó la propiedad sobre la mujer y sus hijes. En ese momento nace la propiedad privada, se pasa de sociedades matrilineales a patriarcales para asegurar la línea hereditaria masculina. Allí nace la familia patriarcal que, posteriormente, va a ser el fundamento de la familia burguesa.
Con la familia patriarcal van a surgir otras instituciones que buscan petrificar en el plano social diferencias de género atribuyéndole roles sociales a hombres y mujeres. Entre estas instituciones se encuentran la monogamia (femenina), la heterosexualidad obligatoria y el matrimonio. Las tres buscan oprimir y controlar a las mujeres y su sexualidad.
Lo que encontramos, entonces, es que la prostitución nace como parte del sistema patriarcal como una herramienta al servicio del placer masculino, ya que, mientras a las mujeres se les exige la monogamia los hombres pueden mantener relaciones extramatrimoniales sin mayor problema.
Para controlar la sexualidad femenina el patriarcado divide el rol de la mujer. Por un lado, se encuentra la “santa” la mujer que tiene que ser restada, cuyo “destino” es ser esposa y madre. Por el otro lado, está la “mala” mujer, la cual se va a convertir en un objeto al servicio del placer masculino.
Este arquetipo de mujer lo encontramos en la moral cristiana, con la diferencia entre Eva y Lilit. La segunda se convierte en una “mala mujer” en cuanto cuestiona su posición de sumisión respecto al hombre. Por su parte, Eva se convierte en una “buena mujer” en la medida que acepta su inferioridad y cuando la cuestiona, adquiere conocimiento, se convierte en la encarnación del pecado. Eva es reducida a un objeto en la medida que debe mantener su debida sumisión, dedicarse a ser esposa y madre; pero Lilit también es reducida a un objeto solo que en el plano sexual.
Cuando nace el Estado capitalista, y su alianza con el patriarcado, también se buscan distintas formas de oprimir y controlar a las mujeres. Con la familia burguesa patriarcal, la mujer se convierte en un objeto (esposa y madre) y en trabajadora. La mujer burguesa se diferencia de la proletaria, mientras la primera se alinea con los intereses de la burguesía para proteger los suyos propios; las mujeres trabajadoras viven las penurias de la clase obrera.
Esas penurias se traducen para las mujeres en una brecha salarial, como señala Kuspkaya “el salario femenino sirve como un mero suplemento a los ingresos de la familia, y si la mujer vive sola entonces la pobreza le obliga a vender no solo su fuerza de trabajo, sino también a sí misma”. Es decir, lo que arroja a las mujeres a la explotación sexual es tanto una opresión económica como patriarcal.
Además, el fragmento anterior introduce una diferencia importante respecto a la explotación sexual y los trabajos genuinos. Mientras para los segundos se vende la fuerza de trabajo, un conjunto de habilidades y conocimientos que permite realizar “x” o “y” acción; la explotación sexual implica vender directamente los cuerpos (muy en particular los genitales) de las mujeres.
Así, la explotación sexual es un flagelo que tiene su origen en la opresión particular hacia las mujeres y la diversidad (en particular contra las mujeres trans) que impone el patriarcado y el capital. Donde, por un lado, reduce el rol de la mujer a ser un objeto y, por otro, se encarga de crear las condiciones económicas para obligar a las mujeres a vender sus cuerpos.
De tal manera, “la apropiación privada de los cuerpos, su transformación en mercancía y su consumo necesita el empleo de la fuerza. La violencia es constitutiva de la mercantilización de los seres humanos y de sus cuerpos” (Montiel, 2022, 70). Para sostener estas estructuras de opresión el Estado toma un rol como proxeneta.
El Estado proxeneta: el garante de la explotación sexual
El Estado proxeneta se convierte en una instancia para resguardar la violencia sexual contra las mujeres. Con el auge del neoliberalismo y la globalización a finales del siglo pasado las redes de explotación sexual se incrementaron y tomaron un perfil global, a través de la trata. En ese sentido, la explotación sexual es una fuente de ganancias. Según un informe del 2024 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el trabajo forzoso genera $236.000 millones anuales y, de ese monto, el 73% se obtiene por la trata para explotación sexual.
Este dinero circula, pasando por “los prostíbulos (que) pagan impuestos, las marcas de cigarrillos y bebidas que ahí se venden pagan millones por publicidad, los administrativos, seguridad y choferes de los prostíbulos reciben su parte, y también los negocios necesarios para el circuito como hoteles, taxis, etc. Ni hablar de las coimas a policías, inspectores y demás funcionarios”. A eso se le puede sumar los datos del turismo sexual.
En el caso de Costa Rica, el turismo se ha convertido en una de las principales actividades económicas del país. Dentro de este, según el libro Gringo Gulch de Megan Rivers, el turismo sexual juega un rol importante, aunque, debido a la nula información resulta imposible apreciar su profundidad.
En el libro de Rivers se expone de manera puntual las ganancias de los proxenetas en el centro de San José. Se trata de la zona llamada “Gringo Gulch” ubicada sobre la avenida primera entre la Asamblea Legislativa, el Parque Nacional y La Plaza de la Cultura, donde hay una proliferación de casinos y hoteles, como el Hotel Príncipe. Los prostituyentes llevaban las mujeres de los casinos a los hoteles, donde -cuando se hizo el estudio- pagaban un sobrecosto por entrar con una mujer que podía ir de $10 a los $47.
Según Rivers, para el 2005 el Hotel Príncipe pagaba en impuestos municipales hasta ₡3.773.744 anuales, en impuestos anuales pagó ₡325.000.000 millones y también pagó ₡75.000.000 de colones al Instituto Costarricense de Turismo (ICT). Este hotel tuvo ganancias que rondaban los ₡2.524.418.964 miles de millones en ese año.
En un estudio del Instituto de Control de Drogas (ICD) del 2023, en Jacó -una zona turística del país-, encontró que las mujeres en situación de explotación sexual viven en condiciones de violencia estructural. En su infancia, más del 30% tuvo carencias económicas, casi el 40% violencia emocional y más del 40% vivieron violencia física. A nivel psicológico, ser víctima de violencia de género desde la infancia puede llevar a una pérdida de la subjetividad y la cosificación y a una mayor propensión a seguir en entornos que reproducen esa violencia, esto reafirmado por la expulsión económica estructural que recae sobre las mujeres.
Además, para sobrellevar la situación de explotación sexual un 67% consume alcohol y un 31% consume otras drogas. En el estudio se muestra que un 85,1% de los prostituyentes tomaron alcohol frente a las mujeres y un 74% consumieron otras drogas frente a ellas. Estos datos dan cuenta de la economía implícita en las redes de explotación sexual, que van desde la calle o el prostíbulo, pasando a los grandes hoteles o los moteles, pasando por la venta de drogas. Es de remarcar que, aún cuando no hay mucha información al respecto en el país, la explotación sexual afecta con especial énfasis a las mujeres trans.
Estado e imperialismo: las redes de trata y el turismo sexual
El rol del Estado proxeneta se refuerza cuando se mira las redes de trata con fines de explotación sexual como parte del imperialismo. Las redes de trata se refiere al “secuestro y traslado de personas, (que) solo existe para satisfacer el mercado de la explotación sexual. A nadie se le ocurre secuestrar una mujer solo para tenerla secuestrada”. Es decir, no se puede separar la trata del conjunto de la explotación sexual, la segunda garantiza la existencia de un “mercado” que alimente la primera.
En el caso de Costa Rica el país es caracterizado como de origen, tránsito y destino. Costarricenses víctimas de este delito han sido localizadas en Estados Unidos, México, Guatemala, Canadá, España y Bahamas. En el país se han rescatado a personas provenientes de países como Perú, China, Cuba, Haití, Filipinas, Sudáfrica y Rusia, entre otras nacionalidades.
Durante este año, se desarticuló una red de trata vinculada al Tren de Aragua, “traían mujeres desde Venezuela, cubriendo todos los gastos de traslado, a cambio de que una vez en Costa Rica, las víctimas ofrecieran servicios sexuales para pagar la deuda del traslado. No obstante, eran presuntamente sometidas a un sistema de multas constantes por acciones mínimas, lo cual les impedía liberarse de la red”.
En el caso de Argentina resaltan varios casos que denuncian el profundo vínculo que existe entre la explotación sexual y las redes de trata. Marita Verón, por ejemplo, la secuestraron para explotarla en los prostíbulos de La Rioja.
La existencia de la isla de Epstein es un ejemplo reciente de la brutalidad que adquieren las redes de explotación sexual y trata; además, refleja otro elemento muy importante: como los políticos burgueses y los grandes capitalistas se resguardan mutuamente para ejercer violencia sexual. Luchar contra la explotación sexual es pelear contra el capitalismo, contra el patriarcado y contra el imperialismo.
Otra cara de las redes de explotación sexual es el turismo sexual. Uno de los casos más conocidos a nivel internacional es Tailandia, pues muchos turistas europeos acuden al país asiático para visitar las Zonas Rojas como conocidos como “barrios dedicados al turismo sexual”. El más resonado es Pattaya, en una diversidad de videos se ven a las mujeres tailandesas exhibiendo sus cuerpos en los bares a todas horas, en este mercado participan desde los operadores turísticos (que brindan información sobre la prostitución), las aplicaciones de viaje y los hoteles.
Los turistas europeos, en particular los alemanes, aprovechan que pueden pagar menos y a las mujeres en situación de explotación sexual se les conoce como “chicas de bar”, incluso hay influencers que invitan a visitar el barrio rojo o promocionan los hoteles exhibiendo dentro de los cuartos a las mujeres.
Al amparo de este comercio turístico, también se crearon las estructuras que facilitan la explotación sexual de menores de edad. En el barrio rojo los delitos contra menores son normales, según un documental de la DW los turistas se “lanzan contra las mujeres y las infancias”. En el caso abordado en el documental, se muestra como uno de los bares subía a redes sociales videos dónde se exhibía a las personas menores a quienes les tatuaban la fecha de nacimiento en el brazo con números romanos, y les obligaban a emborracharse y venderle la mayor cantidad de licor posible a los pedófilos.
El documental se centra en el caso de un pedófilo alemán, quien tras violar a una menor logró huir de Tailandia hasta Alemania pagando un soborno de casi 1 millón de bahts (moneda tailandesa) a agentes de la policía para que le permitieran huir del país. Así, la policía aprovecha las mordidas para sacar una ganancia extra mientras saben perfectamente la normalidad que tienen los delitos contra menores, que se esconden a las sombras de los beneficios del turismo sexual.
De esta manera, se construye en torno a la explotación sexual una infraestructura económica que tiene como raíz la diferencia salarial entre hombres y mujeres, la exclusión histórica de las segundas de la esfera de la producción, los roles de género patriarcales y la opresión histórica de las mujeres dentro del patriarcado. Estas formas de opresión se concatenan y expresan en un estado que las reproduce, un Estado proxeneta.
La explotación sexual de plataforma: OnlyFans
Con la irrupción de las plataformas muchos elementos de la vida han cambiado, Por ejemplo, está surgiendo una nueva clase trabajadora. Al mismo tiempo, cambian y surgen otras formas de reproducir la opresión de la mujer y la explotación sexual. Una de las aplicaciones más representativas de esto es OnlyFans.
OnlyFans se fundó en el 2016 por medio de la subsidiaria Fenix International. Su creador es Timothy Stokely, quien es conocido como “el rey del porno hecho en casa”. Esta plataforma se vende como la panacea de la libertad de las mujeres para subir y vender contenido sexual “libre” y se convirtió en el imperio de la pornografía y la explotación sexual.
En realidad, la plataforma se transforma en una especie de burdel digital, en el que tanto los creadores como los agentes toman el rol del proxeneta, y los fans el del prostituyente. La plataforma se queda con un 20% de cada transacción que se efectúa. En el 2022, los pagos brutos alcanzaron los $5.600 millones, lo cual elevó el beneficio por impuestos hasta el 27%, representando ganancias de $404 millones en el mismo año. Luego de la pandemia los ingresos de OnlyFans aumentaron un 553%.
En el caso de los agentes, se trata de hombres que controlan las cuentas de las mujeres. Puede tratarse de los mismos novios que las “impulsan” a entrar a la plataforma y llegan a controlar hasta la cuenta bancaria. O bien, se trata de otros hombres que controlan varias cuentas de contenido. Este es el caso del “Rey de OnlyFans Management” quien, por una facturación media de 400.000 euros se deja entre el 30% y el 50%. Incluso hay cuentas que “enseñan” como convertirse en proxenetas, y como dirigir el contenido para “captar” mujeres de distintos lugares y atraer más la atención.
Mientras las mujeres son atraídas a esta modalidad de explotación sexual usando la idea de ganar dinero fácil vendiendo fotos de sus pies o videos mientras duermen como gancho. Lo que se encuentran una vez dentro es videos de felaciones, piratería de contenido y agentes controlando las cuentas. Además, el promedio de ingresos que alcanzan es, apenas, $180 al mes.
Para el 2022 el número de “creadoras” se calculaba en 3.2 millones y el de los fans en 239 millones. La plataforma ofrece contenido privado a cambio de dinero y se queda con el contenido que se sube, por lo cual este nunca llega a desaparecer. Es una especie de uberización de la explotación sexual, que le trae ventajas a los proxenetas, la empresa se ahorra muchos de los costes, ya que las mujeres usan su cámara u ordenador, habitación, entre otros.
Dentro de la plataforma, el 97% de los “creadores de contenido” son mujeres, solo el 3% son hombres y la mayoría de los fans son hombres, lo cual da cuenta de la reproducción de la explotación sexual de las mujeres. En esta plataforma se combina la pornografía por la venta de imágenes y videos y, explotación sexual en la medida que hay relaciones digitales y presenciales de “venta” de sexo.
Detrás de OnlyFans surgen otras aplicaciones, cuyo objetivo es seguir reproduciendo la explotación sexual de las mujeres, sobresalen las de “sugar dating” que le venden la idea a las jóvenes de que un “sugar daddy” les va a brindar dinero a cambio de “afecto”. Existen otras plataformas que se centran en vender ropa interior usada de mujer, pero la misma debe mostrarse siendo usada a través de videos y fotos.
Las aplicaciones de sugar dating se apoyan en las redes sociales para captar a las jóvenes “chicas jóvenes atraídas por el exitoso tren de vida que exhiben en sus redes otras mujeres —muchas veces influencers contratadas por las propias plataformas de sugar dating”. Así, se enmascaran las nuevas formas de la explotación sexual. Cabe remarcar que estas plataformas aprovechan los bajos ingresos de las mujeres para ofrecerles, a cambio de “fotos y videos”, mejorar sus ingresos económicos considerablemente. Sin embargo, esas ofertas, como ya hemos visto, distan mucho de la realidad.
De esta forma, el capitalismo de plataforma innova las formas de explotación sexual de las mujeres e impone cierta “uberización”. La idea de la explotación sexual como “trabajo autónomo” queda desenmascarada como una falsedad, pues se ven orilladas a esta forma de explotación por los bajos ingresos económicos y, una vez dentro, son explotadas por proxenetas y prostituyentes, pónganle el nombre que le pongan.
Los debates dentro del feminismo: prohibicionismo, regulacionismo y abolicionismo
Dentro del feminismo hay un debate abierto respecto de la explotación sexual, como parte del mismo existen tres grandes tendencias: el prohibicionismo, el regulacionismo y el abolicionismo. Desde Las Rojas nos reivindicamos como abolicionistas de la explotación sexual.
La tendencia prohibicionista, por su parte, es una postura reaccionaria contra las mujeres, su principal enfoque es de corte punitivista y busca usar el aparato represivo del Estado, la policía, para perseguir a las mujeres en situación de explotación sexual. También, impulsan leyes en dicho sentido. No nos vamos a detener sobre esta tendencia.
La tendencia regulacionista, por otro lado, busca que se reconozca la explotación sexual como un trabajo. Aducen que existe la “prostitución libremente ejercida” y que el trabajo sexual no es igual a la trata. En ese sentido, la tendencia regulacionista lo que busca es colocarle maquillaje a la opresión histórica de las mujeres y las diversidades y seguir reproduciendo las estructuras de violencia patriarcal, no se propone erradicarlas.
Existen algunas experiencias regulacionistas que desmienten los argumentos de esa tendencia. El caso que nos interesa en esta ocasión es el de Alemania. El país europeo legalizó la prostitución en el 2002 y la reguló en el 2017, por lo que actualmente es llamado como el “burdel de Europa”.
A diferencia de lo argumentado por el regulacionismo, de que la clandestinidad es la que genera la violencia, o que se puede desarrollar el “trabajo sexual autónomo”, la realidad de las experiencias regulacionistas es muy distinta. En Alemania, por ejemplo, lo que se reguló no fue el “trabajo sexual”, sino que fue la actividad de los proxenetas. Mientras ellos operan a sus anchas, las mujeres siguen envueltas en la violencia misógina dentro del burdel o en la calle, bajo el yugo del proxeneta.
En el 2017, Alemania creó la figura de “empresario sexual”, un eufemismo para proteger a los proxenetas. Bajo este paraguas, la explotación sexual en Alemania genera hasta 15 millones de euros al año, encadenando un “mercado” de clubes de striptease, turismo; incluso, se hacen recorridos turísticos en algunos de los barrios, como Saint Paul.
Este “lucrativo” negocio no evolucionó hacia las promesas regulacionistas, al contrario, aún está dominado por los proxenetas que fueron los grandes beneficiados: un 90% de las mujeres en situación de explotación sexual están bajo su control. Incluso en un documental de France 24 mencionan que ahora los proxenetas cuentan con el respaldo legal frente a la mafia, si reciben amenazas pueden recurrir a la policía para que esta les auxilie.
Como ya hemos visto, lo que une a los proxenetas con la mafia es el “mercado” del crimen organizado, la venta de drogas y la trata. De hecho, según el mismo reportaje, muchas de las mujeres en situación de explotación sexual en Alemania son refugiadas de la guerra en Ucrania. Esto demuestra que, como fenómeno, la explotación sexual y la trata son indivisibles, se ocupan mutuamente para poder existir, pues ambas provienen de la violencia y opresión estructural que impone el capitalismo y el patriarcado sobre las mujeres.
En otro documental de la DW, se entrevista a dos mujeres que lograron salir de las redes de explotación sexual en Alemania, Vivien y Cristina. Como parte de los datos, se estima que, alrededor de 250 mil mujeres son explotadas sexualmente y de ellas un 80% vienen del extranjero, siendo que muchas siquiera hablan alemán o inglés, lo cual dificulta la comunicación.
En ambos casos, se deja claro que la idea de un “trabajo sexual libre” o que es una decisión que va en línea con la autodeterminación o la emancipación de la mujer es una falacia. Según lo que ellas mismas dicen, las mujeres “están vendiendo una parte de su cuerpo y se trata, únicamente, de (satisfacer) la sexualidad de los hombres”, en otro relato: “a veces no sabía dónde estaba, me llevaba en un carro a lugares que no conocía, sabía que tenía que acostarme con él o algo malo me iba a pasar”.
Mientras en el documental se deja claro las situaciones de violación sexual que viven las mujeres, Cristina lo dice explícitamente: “en realidad, aunque me pagaran por ello, cada cliente era una violación psicológica, aunque lo permitiera a cambio de dinero, pero psicológicamente era una violación día tras día”. A eso se le suma la violencia del proxeneta: “mis proxenetas me apagaban cigarrillos en el cuerpo, me pegaron con un bate, encerraron en el maletero y me han tirado por ventanas”. La explotación sexual es justamente eso: pagar por violar a las mujeres.
Además, en otro documental de la cadena se muestra como muchas de las mujeres extranjeras en situación de explotación sexual llegan al país como parte de redes de trata. Para los proxenetas, las mujeres se convierten en una “mercancía valiosa” que pueden vender una y otra vez. Allí se presenta el caso de Sasha, que tenía que atender a unos 30 prostituyentes al día. Nuevamente demostrando como la explotación sexual y la trata son indivisibles.
Bien sea que se mire el caso de Alemania u otros como el de Holanda, lo que resulta comprobable es como las promesas del regulacionismo no se cumplen, son un fracaso, no se desarrolla un “trabajo sexual libre” ni se impulsa la autonomía de las mujeres. Lo que se resguarda es la actividad de los proxenetas y las redes de trata, así como la violencia estructural y sexual en contra de las mujeres.
Contra el capitalismo y el patriarcado ¡Hay que abolir la explotación sexual!
Desde el feminismo socialista de Las Rojas, defendemos nuestra posición abolicionista de la explotación sexual, en cualquiera de sus formas, ya que, cuestionamos las estructuras capitalistas y patriarcales que posibilitan la explotación sexual, independientemente de su forma.
En ese sentido, no consideramos la explotación sexual como un trabajo. No importa la presentación que adquiera o la modernización por la cual pase, el origen de la explotación sexual radica en las estructuras patriarcales de opresión a la mujer, en el matrimonio y la monogamia femenina. Desde estas se impone la cosificación de la mitad de la humanidad, se objetiva una mujer “doméstica” y otra para la satisfacción sexual masculina.
Con el desarrollo del capitalismo, la familia burguesa y el Estado (burgués) asumen una alianza con el patriarcado y continúan la reproducción de la opresión femenina, adhiriéndole a las mujeres trabajadoras el yugo de la dependencia del hombre y los bajos ingresos económicos. De esta manera, aseguran que entre las mujeres más precarizadas exista un “ejército” disponible para la explotación sexual (peor aún en los casos de las mujeres trans).
Como parte del mercado de la explotación sexual aparecen distintas formas, que el sentido común intenta pasar como separadas, por eso se separa la prostitución de la trata o la explotación sexual. Sin embargo, todas tienen la raíz de la cosificación sexual de las mujeres. En ese sentido, desde una perspectiva revolucionaria no se puede asumir la explotación sexual como un trabajo, ya que, parafraseando a Aleksandra Kolontái, el que los hombres tengan acceso a comprar la sexualidad de una mujer las reduce a una cosa y esto rompe con la solidaridad de clase y perpetúa la opresión de las mujeres.
Respecto a las otras tendencias del feminismo, el prohibicionismo es una posición reaccionaria que busca perseguir a las mujeres y el regulacionismo, ha demostrado una y otra vez, ser un fracaso. Frente a eso, la opción para la emancipación de las mujeres es el abolicionismo de la explotación sexual. Además, con el auge del capitalismo de plataformas es necesario profundizar los debates y la organización feminista contra la violencia patriarcal en cualquiera de sus formas.
Desde el marxismo apostamos a llevar adelante la revolución, un Estado de Transición al Socialismo, para crear, como diría Rosa Luxemburgo “un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”. Para construir un mundo dónde las personas sean socialmente iguales o totalmente libres es necesario eliminar cualquier tipo de explotación sexual. No se puede aspirar a ser libres o iguales si una parte de la humanidad es reducida a ser una mercancía.
La explotación sexual tiene una centralidad en explotar los cuerpos de las mujeres, de venderlos, esto la diferencia del trabajo productivo, en lo que se vende es la fuerza de trabajo. En ese sentido defendemos la abolición de la explotación sexual bajo la exigencia de trabajo genuino para todas las mujeres, que puedan participar de actividades dentro de la producción social y organizarse en sindicatos, por ejemplo.
Es necesario construir relaciones sociales sexuales realmente libres sin que medie entre ellas el intercambio de dinero. Para ello, también es necesario destruir cualquier tipo de explotación sexual y la opresión de las mujeres. Estamos por el desmantelamiento de las redes de trata y explotación sexual. Prisión efectiva a los proxenetas y a todo el que lucre con la explotación sexual. Destitución de los funcionarios cómplices por acción u omisión. Trabajo digno y asistencia integral para las mujeres rescatadas de las redes y para las víctimas de explotación sexual.




