Incendios en la Patagonia: el fuego que emerge del capitalismo

Otro verano más, los incendios en la Patagonia, las imágenes de las llamas consumiendo el bosque conmueven al país. No se cumplió aún un año de los megaincendios que entre enero y marzo de 2025 arrasaron con 32.000 hectáreas de bosque, vecinos y vecinas de la localidad de Epuyén no llegaron a reconstruir sus casas, y ya arde nuevamente la Comarca Andina y el Parque Nacional Los Alerces, en la provincia de Chubut. El 2026 lleva solo 10 días, y ya son 5500 las hectáreas afectadas por el fuego.

 

Todas las investigaciones y teorías sobre el origen de los incendios apuntan a la intencionalidad. Mientras tanto, el gobierno de Milei niega el cambio climático, desfinancia los planes destinados al combate de incendios forestales y amenaza las leyes de Bosques y de Manejo del Fuego… Y los terratenientes, especuladores inmobiliarios, empresarios de los rubros del turismo o de la mega minería, se relamen y esperan al acecho. 

Todos los fuegos, el fuego

Los megaincendios no son una preocupación sólo de Argentina, sino motivo de consternación en todo el mundo. Se trata de incendios forestales de gran magnitud, que arrasan decenas de miles de hectáreas y que se caracterizan por ser “incontrolables”. Verdaderas tormentas de fuego son cada vez más frecuentes en distintos puntos del globo. Tal es la gravedad de la situación, que algunos académicos han empezado a hablar de un “piroceno”, emulando la categoría de antropoceno, para referirse a una era de incendios incontrolables

Para algunos ecosistemas, el fuego es parte de la naturaleza y cumple un rol regulador de la cantidad de material combustible que favorece el desarrollo de las plantas y animales que lo habitan. Sin embargo, en las últimas décadas se han observado aumentos exponenciales en la periodicidad y en la magnitud de esos incendios, y por eso los expertos hablan de un cambio en la “ecología del fuego” de esas regiones (tanto California en Estados Unidos como la Patagonia Argentina son ejemplos). Para otros ecosistemas, el fuego llegó con los seres humanos, quienes hacemos uso de él hace cientos de miles años. Tanto en unos como en otros ecosistemas, se observa la pérdida del control sobre el fuego, y los incendios arrasan bosques, praderas, montes y selvas. 

¿Y por qué sucede éste fenómeno? Al hablar de las causas de los incendios, la discusión se vuelve eminentemente política. 

En primer lugar, y como lo más general, está el cambio climático. El mismo cambio climático que Trump, Milei y la extrema derecha internacional niegan. En todo el mundo se observan temperaturas más elevadas, diferencias e impredecibilidad en la frecuencia de las lluvias y sequías más prolongadas y agudas. Eso favorece la propagación de los incendios, y aumenta el riesgo de que se vuelvan incontrolables, pero no necesariamente provoca la ignición

El fuego que emerge del capitalismo

Las causas de ignición, entendidas como ese primer inicio de las llamas que luego se propagan, son el punto de mayor discusión. En la Patagonia argentina, la principal causa de inicio de incendios forestales es la intencionalidad. No debe confundirse con la accidentalidad, que es la segunda causa más frecuente de los incendios. En el segundo caso nos referimos a los turistas que hacen asado y apagan mal el fuego o a las colillas de cigarrillo. En el primero, a personas que se organizan y, a propósito y a consciencia, inician un incendio forestal. La intencionalidad es fácil de probar: acumulación de ramas y materiales altamente inflamables en lugares poco transitados o restringidos, presencia de combustibles, etc. Lo que es más difícil de probar es quién lo hizo. 

En este punto de la discusión es dónde vuelan acusaciones y contra acusaciones. El gobierno provincial acusa sin ningún fundamento a las comunidades originarias. Patricia Bullrich el año pasado llegó al punto del ridículo al acusar a los brigadistas voluntarios, que arriesgaban sus vidas frente al fuego, de haber iniciado los incendios, y de detener a 9 de ellos arbitrariamente. Sin embargo, otras voces se alzan con acusaciones en sentidos opuestos: “Fue Lewis” dicen algunos vecinos, mientras otros hacen circular un video de turistas israelíes iniciando un fuego en un contexto de alto riesgo de incendios. 

Independientemente de todas las acusaciones, hay algo que es muy claro: ¿Quiénes se benefician con los incendios forestales? Claramente no son las comunidades originarias, que pierden en el fuego lo poco que tienen de sus tierras ancestrales, ni los brigadistas voluntarios, que son vecinos y vecinas que corren a salvar sus hogares y su hábitat. Tampoco se benefician las familias de pequeños productores agropecuarios, que tras los incendios terminan vendiendo sus chacras a precios irrisorios porque no pueden sostenerlas en la devastación. 

Quienes sí se benefician son los especuladores inmobiliarios, que compran tierras ridículamente baratas. Quienes sí se benefician son los empresarios de los rubros de la minería o del turismo, que aprovechan los huecos de la legislación vigente que prohíbe desmontar los bosques nativos protegidos, y usan el fuego como desmonte “natural”. En la provincia de Córdoba, donde sólo subsiste un 5% del bosque nativo que alguna vez existió, es obscenamente claro: donde un incendio pasa, a los dos años se inauguró un barrio privado con vistas privilegiadas a las sierras.

En la Patagonia, varios proyectos extractivistas pujan por abrirse paso en conflictos que llevan años: Un exclusivo barrio privado de una empresa estrechamente ligada a Joe Lewis lleva 10 años intentando ser aprobado, y siendo rechazado por la sociedad ¿dónde? En Mallín Ahogado, la zona que ardió brutalmente en el megaincendio de febrero de 2025. Un proyecto de megaminería contaminante, conocido como Proyecto Calcatreu, también lleva años recibiendo el rechazo de la Comarca Andina, zona por la que avanzan columnas de fuego por segundo verano consecutivo

Resulta difícil creer en las casualidades. Marx dijo que el capitalismo llegó al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros. Hoy, el capitalismo chorrea sangre, lodo y expulsa columnas de humo y cenizas de bosque nativo. 

Milei es responsable

Si vamos a hablar de culpas por los incendios en la Patagonia no puede obviarse al gobierno de Milei. Un gobierno de extrema derecha, negacionista del cambio climático, que acusa a la lucha ambientalista de ser “cultura woke”, que no emite palabra cuando arden los bosques del país que gobierna. Un gobierno que quiere pasar un plan de saqueo extractivista, entregando toda nuestra cordillera y todos nuestros recursos al imperialismo. 

El gobierno de Milei ha intentado en más de una ocasión derogar las dos leyes que deberían restringir la especulación extractivista y los incendios forestales: la ley nacional de bosques y la ley nacional de manejo del fuego. En todas las oportunidades, ha dado marcha atrás, y estás leyes hoy siguen vigentes. Sin embargo, subsisten desfinanciadas y vaciadas. 

El gobierno de Milei es responsable de haber desfinanciado en un 70% el plan nacional de manejo del fuego, que ya venía maltrecho de gestiones anteriores. El gobierno de Milei es responsable de vaciar de personal y de planificación a los Parques Nacionales. El gobierno de Milei es responsable de que el salario de un brigadista forestal no llegué a los $900.000. El gobierno de Milei es responsable de querer intentar, una vez más, derogar las leyes que restringen el cambio de uso del suelo luego de un incendio, de derogar también las leyes que protegen los bosques nativos que contienen especies que no existen en ningún otro rincón de este planeta, y es responsable además de arremeter contra los glaciares. El gobierno de Milei es responsable de la falta de respuestas a los vecinos y vecinas que perdieron sus viviendas en incendios forestales. El gobierno de Milei es responsable de cada árbol que se pierde y tardará cientos de años en volver a ser, de cada familia que lo pierde todo, de cada paso que el extractivismo avanza. 

Y al gobierno de Milei y a todo su plan de saqueo extractivista y de precarización extrema de la vida, hay que derrotarlo en las calles. 

El camino es la solidaridad y el anticapitalismo

“Lo que nos sostiene es la comunidad” dicen vecinos y vecinas de la Patagonia que atraviesan ésta situación desesperante. Los brigadistas de parques nacionales y de los servicios provincial y nacional de manejo del fuego trabajan día y noche arriesgando sus vidas, sin descanso, por salarios de miseria. A su lado, hay bomberos voluntarios y vecinos y vecinas que se organizan en brigadas forestales comunitarias, que se autogestionan y compran o fabrican con el apoyo de la comunidad el equipamiento necesario para enfrentar las llamas.

Cuando pueden volver a descansar a las bases operativas, montadas en centros comunitarios, se encuentran con vecinos y vecinas voluntarios cocinando las viandas, organizando acopio de artículos para primeros auxilios, centralizando las donaciones que llegan de todo el país. La solidaridad y la organización comunitaria son la respuesta que encuentran las comunidades para afrontar lo terrible y defender su hogar. 

Mientras tanto, todo el país mira horrorizado las imágenes que circulan en las redes sociales. Un consenso parece gestarse entre trabajadores, jóvenes, estudiantes y activistas: Estos incendios no son una “catástrofe natural”, son un producto del cambio climático, del desfinanciamiento y el abandono de un gobierno nefasto, de la especulación extractivista. Estos incendios son consecuencia del capitalismo, de un capitalismo ecocida que amenaza los bosques, la naturaleza, la vida y la humanidad. Porque el capitalismo no conoce de equilibrios en las relaciones entre la humanidad y la naturaleza (ni tampoco entre la humanidad y el fuego), y solo ofrece rupturas, destrucción, expoliación. 

En un mundo en llamas, la solidaridad marca el camino, las personas que se organizan para defender los bosques, para ayudar a reconstruir a un vecino que lo perdió todo, para denunciar y gritar que no hay planeta b. En un mundo en llamas, la salida es la organización para construir una alternativa anticapitalista.

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