En los últimos días, los principales medios de prensa dieron cuenta de las diferencias entre el CEO del Grupo Techint, Paolo Rocca, con altos representantes del gobierno nacional, entre ellos el mismísimo presidente Milei.
Lo que aparenta ser una agria disputa por la pérdida de una licitación multimillonaria, por el fondo refleja la división que recorre a la burguesía argentina con relación a temas más estratégicos sobre el rumbo del país, tales como los márgenes de la apertura económica, la política del Estado hacia la industria local y la ubicación de la Argentina en el mundo.
En esta nota haremos un breve recuento del conflicto y, seguidamente, vamos a puntear algunos elementos de análisis sobre la pugna inter-burguesa.
Los hechos
La controversia estalló luego de que el consorcio Southern Energy (SESA) optara por la compañía india Welspun para la provisión de tubos de 36 pulgadas, los cuales serán empleados en la construcción del gasoducto de 480 kilómetros que unirá Vaca Muerta con el golfo de San Matías, en Río Negro.
Es una obra de ingeniería de gran envergadura. De acuerdo a las proyecciones comerciales, representará el 60% del mercado argentino de tubería line pipe de gran diámetro para 2026. Es decir, hay muchísimo dinero de por medio.
El proceso inició el 23 de octubre de 2025 y, aunque los datos de la licitación en teoría son “confidenciales” (se trata de una transacción privada), en la prensa se filtraron los montos ofertados por cada empresa: Welspun presentó una oferta por US$203 millones, mientras que la de Techint rondó los US$296 millones, es decir, un 45% más elevada.
En el marco de la puja por la licitación, el consorcio argentino ajustó su propuesta a US$280 millones, pero aún así quedó muy por arriba de lo ofrecido por su competidora. Posteriormente, el 24 de diciembre, hizo otra contraoferta que se ubicó en torno a los US$250 millones, aunque para ese momento ya estaba firmado el contrato entre SESA y Welspun.
Pero la historia no terminó ahí. De acuerdo al diario La Nación, Techint no desistió y, en una carta que envió a SESA, se comprometió a igualar la oferta de su competidora india, aunque eso implicase que no obtendría ninguna ganancia. Su argumento fue que un proyecto de tales dimensiones debía realizarse en el país, debido al impacto que contraería sobre el empleo y en la cadena de valor local.
A pesar de este tira y encoje, Welspun se impuso en la disputa y le asestó un duro golpe a los intereses empresariales de Rocca.
Los cruces entre Techint y la Casa Rosada
Lo anterior dio paso a la disputa pública entre el Grupo Techint y el gobierno. Inicialmente, se procesó mediante una serie de comentarios críticos de Rocca con respecto a la apertura comercial impulsada por Milei.
En una reunión empresarial que se llevó a cabo el 11 de diciembre, cuando aún estaba abierto el proceso de licitación, el empresario declaró que había que gestionar una “apertura inteligente”, debido al peligro que representan las importaciones predatorias de países como China. “Además de nivelar la cancha, hay que defender la estructura industrial”, declaró en tono de advertencia al gobierno.
Más tarde, el 18 de diciembre, en la fiesta de fin de año de Tenaris –la subsidiaria del Grupo Techint que fabrica los tubos-, hizo una alusión velada a la disputa por la licitación: “Vamos a hacer todo lo posible para contrastar importaciones desleales, para poder fabricar y crear trabajo en esta cadena extraordinaria que es la energía, y también en otras cadenas industriales del país”.
Al confirmarse que SESA no daría marcha atrás en su elección de Welspun como proveedor de los tubos para el gasoducto, el Grupo Techint hizo saber que realizaría una presentación judicial por dumping (competencia desleal), partiendo del supuesto de que la empresa india fabrica sus productos con materiales comprados en China, los cuales están subsidiados por el Estado y, por tal motivo, le permiten hacer ofertas por debajo a los precios del mercado.
Las críticas de Rocca en diciembre y la amenaza de judicializar la licitación, desató la ira del gobierno, con lo cual el conflicto dejó de ser una disputa entre empresas privadas para convertirse en una pugna política.
El primero en atacar fue el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, quien este lunes (26) defendió la licitación y habló en contra de favorecer a una empresa solamente por ser local. Al día siguiente (27), Milei replicó en sus redes la posición de su ministro y atacó directamente a Rocca, al cual calificó como “Don Chatarrín de los Tubitos CAROS”.
El verdadero debate es la división en la burguesía
No es un hecho menor que Milei ataque abiertamente -y haciendo uso de términos tan despectivos- a uno de los capitalistas industriales más importantes del país, que, según la revista Forbes, en 2025 se ubicó en el puesto 605 de los hombres más ricos del planeta, con una fortuna estimada en 5.800 millones de dólares.
Esta pelea trasciende la inmediatez de la licitación. En realidad, expresa las fricciones que atraviesan a la burguesía argentina sobre el rumbo que el actual gobierno pretende imprimirle al país.
Sin duda alguna, el gobierno de Milei destila capitalismo por donde se le mire. Pero esto no significa que represente directamente los intereses de los empresarios, como lo hizo en su momento la administración de Macri. El libertario, por el contrario, encabeza un gobierno de extrema derecha que, sumado a sus rasgos reaccionarios y oscurantistas, conducen al país a transformarse en una semicolonia con una economía agroexportadora y extractivista.
Al respecto de lo anterior, son muy sintomáticas las preocupaciones que Carlos Pagni, editorialista de La Nación, expuso en su último artículo de La Nación: “¿Es razonable, en nombre de la libertad de mercado, regalar un tejido productivo elaborado a lo largo de décadas? (…) ¿Pero ese país primarizado [en referencia al proyecto de Milei] alcanza para que no termine de naufragar la sociología de los grandes conurbanos?
Lo anterior explica la pugna con Rocca que, más allá de las especificidades en torno a la licitación del gasoducto, por el fondo expresa la preocupación que cunde entre sectores de la burguesía por el giro aperturista de Milei. Mientras las principales economías capitalistas apuntan a reindustrializar sus economías y toman medidas proteccionistas (por ejemplo, los aranceles de Trump), el libertario pregona el libre comercio a ultranza y tiene en su cabeza la idea de un Estado “ausente” que no interviene en los asuntos generales de la economía y la sociedad.
Ante esto, las críticas de Rocca verbalizaron lo que piensa un sector de los capitalistas argentinos, los cuales abogan por una “apertura inteligente”, es decir, que no tienen problemas con los recortes de impuestos y que se implemente la reforma laboral esclavista para reventar las conquistas laborales de la clase obrera («nivelar la cancha»), pero sí con que el Estado argentino no tome medida para proteger a la industria local («defender la estructura industrial»).
Todo esto tiene una importancia para los sectores explotados y oprimidos, pues de continuar las peleas por arriba entre sectores de la burguesía y el gobierno, pueden facilitar la irrupción del movimiento de masas con una política independiente para derrotar los ataques que impulsa la Casa Rosada y los capitalistas, empezando por echar abajo el proyecto de reforma laboral esclavista.




