
A pesar del carácter de país dependiente de argentina, gracias a la lucha de su movimiento de masas que ha mantenido relativamente a raya el avance privatista y la desinversión, el nivel cultural y de desarrollo en determinadas ramas de la ciencia y la técnica es relativamente alto con respecto a otros países como Brasil y Chile. Eso explica que, a pesar del bajo PBI y carácter dependiente del país y la política de los gobiernos pagadores seriales de deuda externa e incluso algunos directamente destructores de la industria como la dictadura militar, al día de hoy, aún cuente con los recursos humanos e incluso alto desarrollo de algunos nichos científicos, como para poder producir la vacuna contra el Covid-19.
La posibilidad de fabricación en nuestro país de la vacuna del Covid-19 desarollada en Oxford, implicará un acceso directo a la misma a muchísimo menos costo que otros países, como por ejemplo Chile, cuya privatización y desinversión llevada adelante por los gobiernos neoliberales de los últimos años, le impide hoy poder fabricarla en su país.
No es un secreto para nadie que la ciencia a nivel mundial esté en manos de las grandes multinacionales farmacéuticas, cuyo criterio rector es la producción de ganancias capitalistas a cualquier costo. Sin embargo, las aspiraciones humanitarias presentes en los explotados del mundo, que depositan sus esperanzas en una solución al flagelo del virus, fuerzan contrapuntos aún dentro de estas empresas-pulpo multinacionales.
La catástrofe humanitaria del Covid-19 es producto de la destrucción de la naturaleza bajo el sistema de producción capitalista. El virus ha puesto a la humanidad cara a cara con los efectos nefastos de un sistema inhumano, injusto y completamente destructivo. La esperanza por derrotar el virus de millones de personas alrededor del globo, ejerce una presión política que va en el sentido del rápido desarrollo de la vacuna contra el Covid-19, de encontrar una solución al problema causado por el propio capitalismo.
Otro aspecto a señalar es que dentro de los propios equipos científicos, incluso trabajando bajo los sellos de estos pulpos multinacionales, hay profesionales preocupada por la ciencia y su capacidad de contribuir de manera benéfica a la humanidad. Gente que ha dedicado su vida a formarse, y en cuya cabeza no opera sólo el frío interés del pago al contado, amén de que también hay científicos mercenarios que reducen la ciencia a un negocio inescrupuloso.
Con estas indicaciones queremos señalar que una vacuna que ponga efectivamente un freno a la expansión de la letal pandemia que azota a la población mundial sería, efectivamente y con las contradicciones que implica bajo la desigualdad y el desarrollo capitalista que convierte todo en un negocio (y teniendo en cuenta que los países y empresa que la desarrollen intentarán sacarle el mayor provecho económico), un triunfo de los explotados y oprimidos del mundo, y de la humanidad toda frente a una amenaza global.
Sin embargo, y volviendo un poco a nuestra coyuntura nacional, la espera de 6 a 12 meses es un tiempo muy largo. Con la apertura total de la cuarentena por parte de Fernández, la exposición al virus y la multiplicación de las muertes es lo que se proyecta como el escenario inmediato y mediato de las próximas semanas y meses.
Actualmente hay más de 24 vacunas en desarrollo para prevenir el coronavirus que se encuentran en fase de ensayos clínicos, y más de 140 que están en etapas preliminares de investigación. Si todo sale como se espera, tras los ensayos clínicos, deberán ser aprobadas por los organismos regulatorios, lo que demorará todavía algunos meses previo a que se pueda comenzar a producir y distribuir las mismas.
Mientras tanto, los gobiernos capitalistas como el de Fernández siguen poniendo la ganancia capitalista como criterio por encima de la salud de millones, exponiendo a los trabajadores al contagio y provocando muertes que serían perfectamente evitables.






