La crisis de la Tendencia en Oran, Salta

Las consecuencias del objetivismo.

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Un nuevo caso de un legislador que rompe cuando está en funciones con el Partido Obrero, en este caso con la Tendencia,  y que se queda con el cargo para el que fue elegido por el partido, se debate por estos días a través de las páginas de ambas organizaciones. En esta oportunidad ocurrió en la localidad de Orán en Salta. Creemos que este tipo de crisis deben servir para sacar lecciones de conjunto de cara a los desafíos abiertos para la izquierda en una etapa que se avecina, en que entre la crisis económica y el acuerdo con el FMI, por un lado; y una clase obrera dinámica y con tradiciones de lucha por el otro; se incuban duros choques de clase.

Política Obrera publicó los boletines internos que derivaron en la separación de la organización de Samuel Huerga por haber accedido a la presidencia del Concejo Deliberante local tras un acuerdo con un grupo afín al kirchnerismo y Juntos por el Cambio, que ocupan la primera y segunda vicepresidencia respectivamente.

Política Obrera tomó la decisión luego de intimarlo a renunciar a la presidencia de la cámara. Huerga alegó que la definición del acuerdo con partidos patronales fue tomada en reuniones plenarias en la localidad y en la provincia y se negó a renunciar con distintas consideraciones políticas.

A diferencia de otros intercambios de este tipo, Política Obrera siempre lo nombra como “compañero”.

“Se que es mi final político porque nos hemos metido en un callejón sin salida, NUNCA VOY A TRAICIONAR A LOS LABURANTES PERO NO VOY A SALIR DE ESTO COMO UN COBARDE, QUE ME VOMITE LA BURGUESIA, entiendo también que la Tendencia se tiene que delimitar de mi y de toda la seccional de Orán para no perder autoridad ante el debate con el resto de la Izquierda y lo acepto”, escribe Huerga.

Los “buenos modos” despejan que el problema de fondo es político, que al menos por ahora, no se trata de un arribista, Huerga y la Tendencia salteña entendieron válida la “táctica” de proponerle un acuerdo a dos partidos capitalistas para compartir la presidencia del legislativo del estado burgués municipal como forma de intervenir en la “crisis del régimen” y en el marco de una discusión de “poder”…

Es decir, el facilismo objetivista en un país en el que por ahora el centro burgués saca casi el 80 por ciento de los votos, es la vía para que la fragmentación electoral en una localidad de una provincia pueda ser evaluada en términos completamente desproporcionados, con una caracterización “izquierdista” que en realidad abre la puerta al oportunismo de la adaptación.

Para colmo, es en la provincia que en su momento el Partido Obrero propagandizaba como “Salta la troska”, aun a sabiendas de la falta de correspondencia de militancia orgánica en relación a las altas votaciones.

Altamira unilateralizó completamente el fenómeno electoral y teorizó una izquierda en ascenso. La oportunidad que abrió hace una década el crecimiento de los votos en el país y las representaciones conquistadas se desperdiciaron al desdibujar a la lucha de clases e incubaron una crisis. Este nuevo episodio de adaptación en Salta muestra dramáticamente que no se va al hueso del debate que llevó al estallido de una de las dos corrientes históricas del trotskismo argentino. Ruptura que no se dio por un evento de la lucha de clases, por una derrota histórica de la clase trabajadora, sino después de perder unas PASO… No somos infantiles: no era un problema menor perder la hegemonía del FIT, pero de ahí a sumergirse en semejante crisis lleva invariablemente a cuestiones más de fondo. Cuestiones de fondo tan profundas como si puede haber socialismo sin clase obrera, debate que Altamira abrió alrededor de un trabajo sobre Cuba para luego archivar y reafirmarse en su tradición objetivista.

El mismo facilismo para leer la realidad, se da en materia constructiva. Si ya en el 2001 era unilateral la conversión del PO en partido piquetero, hoy tanto el Partido Obrero oficial como la Tendencia se apoyan como organizaciones en un movimiento que ya no es centralmente de trabajadores desocupados que luchaban como entonces, sino en movimientos sociales con capacidad de movilización pero no combativos. En aquellos tiempos polemizamos en los plenarios de las ANT la necesidad de la unidad de clase, de la centralidad de la clase obrera ocupada. La falta de ángulo crítico en los éxitos, generan inercias.

La Tendencia correctamente le señala a Huerga que no son válidos los acuerdos con fuerzas patronales para presidir el cuerpo legislativo del Estado. La tercera internacional enseña que se lo puede hacer de manera independiente, en ejecutivos locales o provinciales, sin sociedad con fuerzas capitalistas, lo que se posibilita en condiciones de ascenso. El problema es que, en este caso, al asumir la presidencia de un cuerpo legislativo, y, para colmo, una presidencia compartida directamente con fuerzas burguesas, se asume la responsabilidad por todo el cuerpo legislativo, lo que significa una circunstancia de colaboración de clases.

La izquierda debe pelear por representaciones que lleven su voz más lejos, postularse, pero dialécticamente exige tener compañeros cada vez más probados. Y ese es otro problema del Partido Obrero y la Tendencia: no es la primera vez que llegan a la representación parlamentaria –del nivel que sea- personas sin preparación, que pasan cualquier acuerdo aun si en este caso parece haber sido hecho esto sin segundas intenciones más allá de la total falta de formación política.

Pero, de cualquier manera, todo cargo institucional representativo o ejecutivo significa toneladas de presiones sociales y si no se las asume como tales, si se educa en el objetivismo, en la dilución de todas las líneas de clase en el análisis, las consecuencias son las que se están viendo.

Con ese objetivo desde nuestro partido, que todavía no tuvo la oportunidad de ponerse a prueba en este terreno, aportamos a sacar las conclusiones necesarias en un debate en el conjunto de la izquierda.

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