Ecuador: una grave ola de violencia sacude el inicio de la campaña electoral

Además de un duro ajuste neoliberal, la breve presidencia de Lasso estuvo marcada por un inédito avance del narcotráfico y la violencia organizada. La derecha aprovecha la ola de crímenes para instalar su agenda represiva.

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Ola de violencia en Ecuador

Una grave ola de violencia sacude Ecuador en el inicio de la campaña electoral de cara a los comicios presidenciales y legislativos que están previstos para el 20 de agosto.

En sólo tres días de comienzo oficial de la campaña, una ola de asesinatos, atentados y motines carcelarios sacude al país, que enfrenta una crisis política luego de que el gobierno de Lasso disolviera el parlamento y convoque a elecciones anticipadas este año.

Este domingo, mientras recorría una obra, el alcalde de la localidad costera de Manta, Agustín Intriago, fue brutalmente acribillado por un grupo de personas armadas. Intriago había sido electo por el 61% de los votos en febrero pasado. Aquella vez, cuando se elegían alcaldes en todo el país, ya había sido asesinado el mismo día de la elección el candidato a la alcaldía de Puerto López, Omar Menéndez.

El país ya venía conmocionado la semana anterior, cuando otro candidato, Rider Sanches, fue abordado en su vehículo por cuatro personas que le dispararon a sangre fría. Aunque la versión oficial sostiene que se trató de un intento de robo, lo más probable es que se trate de otro episodio de violencia ligado al crimen organizado.

Durante los dos años de presidencia del exbanquero Guillermo Lasso no sólo se llevó adelante un durísimo plan de ajuste económico -lo que le valió una derrota contundente en las elecciones municipales de febrero pasado- sino también un avance del narcotráfico como no se veía hace años, lo que desató nuevos niveles de violencia en el país.

No es casualidad que muchos de estos ataques a políticos y funcionarios se concentren en ciudades y zonas portuarias, puntos estratégicos de control para el negocio del narco.

En paralelo, la ola de violencia se ha extendido también a las cárceles, donde una serie de amotinamientos fue respondida con la intervención de las fuerzas armadas y el decreto de Estado de Excepción.

El conflicto inició en el Centro de Privación de Libertad N° 1 de Guayaquil, donde la intervención de la policía y los militares dejó al menos 31 muertos, según datos oficiales. En respuesta, 13 de las 35 cárceles del país registraron también incidentes, incluida huelgas de hambre de las personas detenidas, por lo que el gobierno decretó un segundo Estado de Excepción en las demás regiones afectadas.

Distintos organismos de derechos humanos, como la CIDH, vienen advirtiendo la situación de hacinamiento que viven los presos en las cárceles de Ecuador. A esta situación infrahumana se le suma el creciente peso de las pandillas y el crimen organizado que está en ascenso de la mano del narcotráfico, lo que eleva los niveles de violencia y precariedad.

Frente a esta situación, el gobierno responde con represión y la derecha propone salidas «a lo Bukele», promoviendo la construcción de mega-cárceles y una mayor militarización del país.

Por supuesto, la situación de violencia y marginalidad ha encontrado un oportuno caldo de cultivo en las salvajes políticas neoliberales aplicadas por Lasso de la mano del FMI, pero también por los gobiernos precedentes. Pero de esto la derecha no habla, sino que aprovecha la ola de violencia para instalar un discurso más represivo y tratar de sacar rédito electoral de la violencia a la que ellos mismos le abrieron paso.

Cuando aun quedan tres semanas para la realización de los comicios, se teme que la escalada de violencia vaya en aumento.

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