Después de Venezuela, las amenazas de Trump a Colombia, Groenlandia e Irán

Tras el secuestro de Maduro, Donald Trump lanza a cada minuto nuevas agresiones y provocaciones imperialistas a Colombia, Groenlandia, México e Irán. El gobierno ultraderechista estadounidense se siente ebrio de poder luego del bombardeo a Venezuela, coronado con el secuestro de Nicolás Maduro.

El domingo, solo 24 horas después de violar cualquier noción de soberanía nacional, Trump aumentó la apuesta amenazando con invadir Groenlandia y Colombia. También vaticinó «mal futuro» para los gobiernos de Cuba y México. Pocas horas antes había amenazado con atacar Irán, país que ya bombardeó en 2025.

De Caracas a Bogotá

«Venezuela está enferma, Colombia también está muy enferma. Gobernada por un hombre enfermo al que le gusta producir cocaína y venderla a los Estados Unidos, y no va a estar haciéndolo por mucho tiempo» declaraba Trump el domingo, desde el avión presidencial. Así justificaba una nueva cruzada de provocaciones contra Colombia y el gobierno de Gustavo Petro, reviviendo la ridícula excusa de la cruzada contra las drogas.

Cuando el entrevistador preguntó por una posible incursión militar contra Colombia, Trump se limitó a responder, jocosamente: «suena bien para mí». Una provocación imperialista y neocolonial aberrante emitida por quien se postula como el nuevo bully del mundo.

La cruzada trumpista contra Petro comenzó hace varios meses. En octubre, el gobierno estadounidense sancionó a Petro, su familia y un miembro de su gabinete por acusaciones de narcotráfico. La misma carta que jugó para justificar la invasión a Venezuela y el secuestro de Maduro.

Una vez más, la cruzada real no tiene nada que ver con las drogas. Colombia es una de las primeras economías de la región (sólo detrás de Brasil y México) y posee uno de los pocos gobiernos latinoamericanos no alineados a EEUU. Las amenazas a Colombia están fundamentadas en las intenciones de barrer la influencia china y rusa de la zona para garantizarse nuevas fuentes de recursos baratos, por no decir gratis. El operativo colonial de Trump en Latinoamérica busca asegurar una enorme hinterland para el imperialismo yanqui.

Una doctrina Monroe para el siglo XXI

Los movimientos de la última semana aplican punto por punto lo delineado por el trumpismo en la nueva Estrategia de Seguridad de la Casa Blanca, publicado menos de un mes atrás. Allí Trump explicitaba sus intenciones de revivir la Doctrina Monroe con un programa claro: el Hemisferio Occidental del planeta «pertenece» a Estados Unidos.

Esta doctrina del destino manifiesto trumpista es sincera en sus intenciones de esclavizar al continente entero. Mientras buques petroleros yanquis se disponen a robar (lisa y llanamente) unos 50 millones de barriles de petróleo venezolano, Trump juega con el tablero de la guerra y el coloniaje. Su sueño es que baste con la incursión en Caracas para que el resto de los gobiernos no alineados caigan como piezas de dominó o, en su defecto, se vean forzados a negociar con los cañones de la flota yanqui en la sien.

El trumpismo busca además aprovechar la oportunidad del momento. Petro se encuentra políticamente debilitado luego de un largo año de desgastes. Aún así, el presidente colombiano eligió no moderar el tono de la discusión. Este martes recordó su pasado guerrillero y dijo que estaba dispuesto a «volver a tomar las armas» contra cualquier agresión estadounidense. A Petro le queda un año de mandato. Dar una muestra de debilidad ahora podría costarle la poca estabilidad que le resta.

En el mismo sentido, Trump aprovechó para vaticinar la caída del pos-castrismo en Cuba. «Trump dijo que la economía cubana, golpeada por años de embargo estadounidense, está en ruinas y retrocederá aún más ahora con la destitución de Maduro, quien proporcionaba petróleo subsidiado a la isla caribeña». Que la caída en desgracia de Maduro y el sojuzgamiento colonial de Venezuela son mala noticia para Díaz Canel no es ningún secreto.

El régimen político cubano atraviesa una crisis existencial crónica. Son ya varias décadas de pura degradación, sin perspectivas de reactivación económica y con una casta burocrática dirigente que no parece capaz de resolver una salida restauracionista (del capitalismo) «ordenada» o algo que se le parezca. Y ahora el gobierno cubano debe hacer frente a esa situación en una situación de aislamiento geopolítico quizá peor que nunca antes.

Colonialismo a cielo abierto

Una vez más, Trump aprovechó para reafirmar sus pretensiones coloniales sobre Groenlandia. La isla ártica es una verdadera obsesión del segundo mandato trumpista. Hace Hace sólo dos semanas, el ultraderechista naranja nombró a Jeff Landry, gobernador de Luisiana, como «enviado especial» para convertir Groenlandia «en parte de Estados Unidos». Este domingo dijo que el tema «Es muy estratégico en este momento. Groenlandia está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes. Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional, y Dinamarca no va a poder hacerlo».

También en el caso groenlandés Trump esboza la sinceridad de los colonizadores. No está dispuesto a competir con Putin y Xi por la influencia de la zona. Así que declara su voluntad de evitar cualquier competencia por la vía de las armas. Su legitimidad es la de quien tiene el ejército más importante del mundo y planea bastarse con eso. Como dijera el mes pasado en diálogo con Lula da Silva, «todo bien, pero yo tengo más armas, más bombas y más buques de guerra».

En todos los casos, al elemento de agresividad geopolítica se suma necesaria e inseparablemente el desprecio absoluto por el derecho a la autodeterminación de los pueblos. El caso venezolano es patente pero lo mismo sucede con Cuba, Colombia, México (Trump volvió a decir que Sheinbaum debe «cooperar más») y evidentemente groenlandia. Los funcionarios trumpistas están de gira por los medios yanquis diciendo abiertamente que en la enorme isla nórdica «no vive nadie» y que los pobladores innuit estarán mejor como protegidos (colonizados) de los Estados Unidos.

Dominar Occidente… y Oriente también

Otra debilidad que Trump busca explotar es la del régimen de los ayatolás en Irán. Tras 10 días de protestas con elementos de radicalización, más de 30 muertos y muestras de crisis en el aparato del Estado (desde la policía hasta el propio Jomeiní) el régimen iraní parece más cerca del precipicio que nunca desde su llegada al poder con la contrarrevolución en 1979.

Trump dijo que considerará atacar Irán si el gobierno asesina manifestantes. Una expresión de pura demagogia de parte del inventor de las razzias del ICE y del asesinato racista de George Floyd que desató una rebelión masiva en 2020. Trump busca convertir el hartazgo de las masas iraníes en pasto de la injerencia yanqui sobre Medio Oriente. No casualmente con las declaraciones de Trump tomaron fuerza las operaciones mediáticas que buscan instalar al Shá emigrado Reza Pahleví como sucesor de Jomeiní.

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