A menos de dos años de la asunción de Javier Milei, las consecuencias de la motosierra libertaria sobre la salud pública son calamitosas. El desfinanciamiento salvaje y la destrucción de la infraestructura sanitaria estatal ya están afectando la salud de millones de personas. Se disparan los casos de enfermedades contagiosas, reaparecen viejos virus erradicados y aumentan las internaciones. Organismos sanitarios, trabajadores, sindicatos y medios internacionales alertan sobre la receta para el desastre del ultracapitalismo mileísta.
Motosierra contra la salud de millones
Milei designó a la salud pública como una de las grandes estructuras a destruir como parte de su plan de recortes masivos en el presupuesto público. Al igual que en otros sectores, como el previsional y el educativo, el recorte sobre salud es brutal. Y la transversalidad del sistema sanitario público le da un carácter potencialmente desastroso al ataque del oficialismo.
Según Analytica, la inversión presupuestaria del Estado nacional destinada al Ministerio de Salud cayó un 9.8% en términos reales durante los primeros 5 meses de año, comparados con el mismo período del 2024. El gasto contenido en transferencias se redujo un 6,3% y el destinado a sueldos un 3,6%. Para proporcionar la caída, basta mencionar que el gasto en salud se encuentra actualmente por debajo de los niveles prepandémicos.
Según datos del CEPA (Centro de Economía Política Argentina) la caída del presupuesto nacional en términos de ejecución real es del 32% si se comparan los números actuales con los primeros 5 meses del 2023. Y al recorte general del gasto se suman los cierres y desguaces de decenas de organismos descentralizados.
La eliminación del Instituto Nacional del Cáncer pocos meses atrás dejó a miles de pacientes oncológicos sin tratamiento. Previamente, dicho instituto ya había sufrido un recorte del 60% de su presupuesto. La paralización del Programa Nacional de Cuidado Paliativos afectó de manera similar a pacientes con dolor crónico, que eran asistidos por el Estado en el acceso a medicamentos como morfina y metadona. También fue suspendida la DADSE (Dirección Nacional de Asistencia Directa por Situaciones Especiales) que suministraba medicamentos carísimos para pacientes con enfermedades raras o de difícil tratamiento.
Durante el 2024, al menos 60 pacientes oncológicos murieron por la suspensión de estos programas. Hace pocos días se viralizó la noticia del fallecimiento de Araceli Julio, una artista que sufría cáncer de mama desde hacía 4 años y que había denunciado la suspensión del acceso a medicación por parte del gobierno. «Desde que asumió el gobierno de ultraderecha de Javier Milei, esta medicación no me la están dando, igual que a 1900 otras personas», decía en un mensaje público. La medicación en cuestión, el Trastuzumab Emtansine, tiene un costo superior a los 5 millones de pesos por dosis.
Otro organismo desguazado fue la Dirección Nacional de VIH, Hepatitis y Tuberculosis. El mileísmo despidió al 40% de su personal y recortó su presupuesto en un 76%. Ya escasean tests, medicamentos y preservativos.
Milei congeló también los fondos para campañas de inmunización a nivel nacional, llevando a mínimos históricos la tasa de vacunaciones. El recorte se realizó en medio de un inédito brote de sarampión. El saldo fue instantáneo: la primera muerte por sarampión de los últimos 20 años se dio en abril, bajo Milei. Y alertan que ninguna provincia del país cubre la tasa de vacunación recomendada por la OPS para prevenir efectivamente el contagio. Una demostración fehaciente de que las bravatas mileístas sobre la «modernización» y la «adecuación a estándares internacionales» de los organismos sanitarios son puro humo.
Además de organismos descentralizados, también fueron desfinanciados los pocos hospitales que permanecen en órbita nacional. El Hospital Bonaparte, único en su tipo, perdió un 20% de su presupuesto. El Hospital Sommer sufrió un recorte del mismo porcentaje.
Y al recorte le siguen los despidos masivos. Más del 30% del equipo técnico del Ministerio de Salud fue cesanteado. Esto genera una sobrecarga inmediata en las tareas del organismo. Pero, además, plantea problemas graves en la detección, prevención y control de enfermedades a mediano y largo plazo.
Áreas enteras de la estructura sanitaria estatal fueron prácticamente borradas de mapa. El presupuesto para atención sanitaria territorial sufrió una reducción del 96%, dejando a regiones enteras del país sin recursos para emergencias médicas o controles de salud de rutina. Esto afecta sobre todo al interior del país y las zonas rurales, ampliando la brecha de desigualdad en el acceso a la salud.
Salarios de hambre y precarización: los médicos golondrina
No contento con destruir presupuestariamente la salud pública, Milei y su lacayo ministerial Mario Lugones, designaron a los trabajadores del sector como uno de sus enemigos. Así lo viene haciendo con todos los trabajadores del país, especialmente cuando se organizan para resistir los ataques.
La Federación Sindical de Profesionales de la Salud (FESPROSA) declaró hace pocos días que los salarios del gremio quedaron 30 puntos abajo de la inflación a nivel nacional en el 2024. La pérdida real de poder adquisitivo en el mismo período fue de al menos el 25%. Los médicos de los principales hospitales nacionales denuncian que cobran salarios que no llegan a la línea de pobreza (hoy por encima del millón doscientos mil pesos). En el Garrahan (el hospital pediátrico más importante del país) hay salarios de $700.000 u $800.000, a medio camino entre la pobreza y la indigencia. «10 años de formación. 68 horas por semana. $797.000 por mes. $2.900 por hora» rezaba una pancarta presente en una de las últimas medidas de fuerza convocadas por los trabajadores del Hospital
Este cuadro salarial está generando una constante y cada vez más masiva migración de trabajadores desde el sector público hacia el sector privado para intentar solventar el elevadísimo costo de vida. Médicos mendocinos relatan casos de compañeros que cruzan la frontera para trabajar durante algunas semanas en Chile y luego retornar a sus puestos en el país. «Con el sueldo de una semana afuera se cubre un mes de sueldo acá», cuentan. El ajuste de Milei está creando una generación entera de trabajadores golondrina en el sistema de salud argentino.
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No es una consecuencia imprevista: es parte de la mecánica del Plan Motosierra. Los trabajadores son llevados al límite de sus capacidades por salarios de miseria. Cuando migran hacia el sector privado la vacante queda sin cubrir y se efectúa un recorte vegetativo sobre la plantilla de trabajadores, aumentando el recorte general. Es la receta que se viene dando en el Hospital Bonaparte desde hace casi un año.
El ninguneo de Milei y Lugones contra los trabajadores no oculta el desequilibrio dramático que se está generando sobre la estructura sanitaria nacional. La destrucción de los salarios y condiciones de trabajo están llevando al mínimo la formación profesional de nuevos médicos. Las inscripciones a la carrera de Medicina cayeron alrededor de un 50% durante el último período, y la cantidad de nuevas matrículas se desploma. Esto en un país con una historia de fuerte innovación científica y solidaridad colectiva alrededor de la Medicina.
Y el gobierno pretende profundizar la precarización laboral. El pasado 2 de julio, el Boletín Oficial incluyó la Resolución 2109/2025, que busca transformar a los miles de médicos residentes en becarios. Un cambio de categoría que en realidad busca eliminar la relación laboral entre los residentes y el Estado, reduciendo a los médicos a simples objetos explotables sin arreglo a ninguna legislación laboral ni reconocimiento de derecho alguno.
Obras sociales y prepagas: una reestructuración reaccionaria del sistema de salud argentino
Otra consecuencia estructural del recorte sobre la salud es la reestructuración del sistema sanitario en términos de prestaciones y acceso. Al mismo tiempo que médicos y profesionales migran del sector público al privado por los bajos salarios, los pacientes migran de las prepagas y las obras sociales hacia un sistema público desfinanciado y en vías de colapso.
Al día de hoy, un 60% de la población depende exclusivamente del sistema público. Sólo el 30% está cubierto por las obras sociales y apenas el 10% puede acceder a las prepagas, que aumentaron más del 120% durante el 2024. La caída generalizada de los salarios en toda la población redujo drásticamente la cantidad de trabajadores que pueden acceder a una prepaga. La destrucción de puestos de trabajo estables presiona a su vez a las obras sociales, que viene degradando sus servicios por el recorte presupuestario constante.
Desde la asunción de Milei, una porción del 35% de los usuarios pasaron desde las prepagas y obras sociales hacia el sector público. Y un 15% de los profesionales dejaron de prestar servicios para obras sociales por los problemas crónicos de financiamiento.
El PAMI, que cubre un sector especialmente sensible, recortó la cobertura del 100% para fármacos esenciales. A esto hay que sumar la desregulación en los precios de los medicamentos. El ibuprofeno aumentó un 456% desde la desregulación. El enalapril (medicamento para la hipertensión) aumentó un 233% y la levotiroxina (hipertiroidismo) un 283%.
El oscurantismo trae la peste
El Plan Milei no trae solo problemas para hoy, sino calamidades para mañana. Parte de la destrucción del sistema sanitario publico es la degradación de conquistas en la modernización de las condiciones de vida. El ya mencionado desguace de los programas de inmunización está generando una caída en las tasas de vacunación y un aumento en la incidencia de enfermedades contagiosas.
«Según el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN), elaborado por el Ministerio de Salud, entre las semanas 1 y 19 de 2025, se notificaron 285.800 casos de enfermedad tipo influenza (ETI), 41.940 casos de neumonía y 25.129 de bronquiolitis en menores de dos años. Las enfermedades respiratorias más comunes en esta temporada son la gripe, la bronquitis, la neumonía, la rinitis, el asma y el COVID-19″.
Los sectores más afectados fueron los que mayor peligro corren: niños y personas mayores. Este año marcó un pico precoz en la curva de contagios de enfermedades estacionales como la gripe A, que podría estar perfectamente relacionado a la caída en las condiciones de vida y, justamente, en las mayores dificultades para el acceso a consultas preventivas. En este año aumentaron un 48% las internaciones por gripe. Los relevamientos mostraron sintomáticamente que el 60% de los contagiados no tenían la libreta de vacunaciones al día.
La falta de vacunas está reviviendo enfermedades enterradas como el sarampión y podrían seguirle otras. No se trata de elementos de rutina o estadística, sino de condiciones extremadamente peligrosas en términos epidemiológicos. Milei ya protagonizó la peor epidemia de dengue de la historia argentina, apenas asumido su cargo. La destrucción conjunta de los programas de prevención y del presupuesto hospitalario constituyen una cocina de enfermedades. ¿Cuántas camas UVI tendría el sistema público si se desata un fenómeno epidemiológico agudo? Y está claro que no hace falta una pandemia como la del Covid para que se quiebren los alambres miserables con los que Milei mantiene atada la estructura del Estado. Sin vacunas, sin presupuesto, sin medicamentos, sin trabajadores calificados con salarios dignos, la salud pública bajo Milei es una invitación al desastre.




