
El 8 de diciembre de 1977, hace 45 años, la Armada realizó el operativo por el que se haría tristemente notorio el genocida Alfredo Astiz. Secuestraron a los integrantes de un grupo conformado por Madres de Plaza de Mayo, militantes y religiosos, que se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz, a excepción de Azucena Villaflor. A Villaflor la secuestraron dos días después.
Azucena Villaflor, María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga formaban parte de Madres de Plaza de Mayo e integraban este grupo que se reunía en la iglesia ubicada en el barrio de San Cristóbal. El propósito era establecer lazos de solidaridad en el contexto adverso del terrorismo de Estado. Las tres madres eran el objetivo principal de esta acción represiva. De esta manera la Junta Militar buscaba descabezar al incipiente movimiento de derechos humanos.
Durante los primeros meses de 1977 las rondas de Plaza de Mayo comenzaban a ser cada vez mas numerosas. Astiz, oficial naval que integraba el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, se inflitró en Madres de Plaza de Mayo ese año. Para esto se hizo pasar por el hermano de un desaparecido y usó el nombre falso de Gustavo Niño.
Astiz se presentaba en la plaza junto a Silvia Labayrú, cautiva en la ESMA desde hacía más de un año. Tiempo después Silvia declararía en el Juicio a la Juntas. Sería denunciante en una causa de lesa humanidad por los delitos sexuales que se cometieron en la ex ESMA.
Uno de los objetivos del grupo de la Iglesia Santa Cruz era recaudar fondos para financiar la publicación de una solicitada en la que denunciaban al régimen militar y exigían respuestas por el destino de los detenidos-desaparecidos.
Azucena buscaba a su hijo Néstor, había sido una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, era una más activas y provenía de una familia de fuerte tradición política peronista. María buscaba a su hija Alicia, que había sido militante del Partido Comunista. Mientras que Esther, también conocida como Teresa, buscaba a su hija Ana María, desaparecida con tres meses de embarazo, y a sus dos yernos.
Los integrantes del grupo de la Iglesia Santa Cruz
Ademas de las tres madres el grupo era integrado por los familiares Angela Aguad, Remo Berardo, Julio Fondevila y Patricia Oviedo; los militantes de Vanguardia Comunista Horacio Elbert, Raquel Bulit y Daniel Horane y las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon.
El 8 de diciembre de 1977 los genocidas secuestraron en la iglesia a casi todos los integrantes. La excepción fue Azucena Villaflor, que no se encontraba presente en ese momento. Azucena no había estado el 8 de diciembre porque se encontraba preparando una solicitada con los nombres de los detenidos-desaparecidos por la dictadura.
Alfredo Astiz, que se hacía llamar Gustavo Niño, brindó la información necesaria para que los genocidas pudieran ejecutar el operativo. A Azucena Villaflor la secuestraron dos días después, cerca de su casa, cuando salía a comprar un ejemplar del diario La Nación que había publicado la solicitada.
Los doce secuestrados fueron llevados a la ex ESMA, donde fueron torturados para luego ser arrojados al mar. Ese mismo año aparecieron cinco cuerpos en la costa atlántica que no fueron identificados y se sepultaron como NN en el cementerio de General Lavalle. En 2005, el Equipo Argentino de Antropología Forense examinó los cuerpos. Así se supo que pertenecían a las Madres Villaflor, Careaga y Bianco y a las monjas Domon y Duquet.

El ángel de la muerte
Durante el conflicto de la guerra de Malvinas en 1982, se dio a conocer por los medios una foto de Astiz rindiéndose en las islas Georgia frente a las tropas británicas. El genocida comandaba, junto al teniente Luna, un grupo de soldados enviados a recapturar estas islas. Fue en ese momento que las Madres descubrieron que Gustavo Niño era en realidad Alfredo Astiz, oficial de la armada.
En mayo de 2006 fue procesado con prisión preventiva por la desaparición del grupo de la Iglesia Santa Cruz y otros seis casos de secuestros y torturas. Y en 2011, en el marco del primer juicio por los crímenes cometidos en la ESMA, el Tribunal Oral Federal n.º 5 juzgó a los 18 represores procesados; entre ellos a Alfredo Astiz, quien fue condenado a cadena perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua.





