A 40 años de una enorme gesta obrera

La toma de Ford Pacheco, un ejemplo de lucha y organización

Hace 40 años, los obreros de la Ford tomaron la fábrica de Pacheco por 18 días y escribieron una página importante en la historia de la lucha de la clase obrera argentina. Un recuerdo que sigue rondando entre los trabajadores de la automotriz y cuyas lecciones son importantes extraer para la formación de las nuevas generaciones.

Hacia las 8.15 de la mañana de ese 26 de junio de 1985, 4500 obreros reunidos en asamblea general en la “cebolla” -ese gran tanque de agua pintado con el logo de Ford, que se puede observar desde la Panamericana y cuyo diseño simula la bocina de un Ford T- votaron por unanimidad la ocupación de la planta.

Tan solo 12 días antes, Alfonsín había lanzado el Plan Austral con el objetivo de intentar controlar una inflación que venía desbocada. El plan, básicamente, consistió en un cambio del signo monetario (del Peso Argentino al Austral), congelamiento de precios y salarios por 60 días, restricción de la emisión monetaria y aumento de las tasas de interés. En síntesis, buscó -y hasta cierto punto logró- contener la inflación durante algún tiempo, a costa de enfriar la economía y reventar el consumo interno. En ese contexto, el Plan Austral fue leído por las empresas como un aval para despedir personal.

Ford, que a su vez venía tecnificando la planta, incorporando robots y modernizando el proceso productivo, aprovechó la oportunidad. Rompió unilateralmente un acuerdo al que había llegado con la comisión interna -dirigida por la Lista Naranja (PCR – viejo MAS)- de no suspender ni despedir personal hasta el 17 de julio. El 25 de junio despidió 33 trabajadores, lo que desató el conflicto.

La lista Naranja se había conformado el año anterior, con militantes y dirigentes del viejo MAS, del PCR y activistas independientes. El coordinador y principal dirigente fue Miguel Delfini del PCR; secundado por Oscar Gramajo del viejo MAS, el “topo” entre la militancia, o el “chango” como se lo conocía en la fábrica.

En enero de 1984, en la planta de Ford, el descontento por los bajos salarios y por la falta de representación gremial, llevó a una acción espontánea: trabajadores de la planta de Camiones comenzaron un paro que se extendió rápidamente a las otras plantas (Estampado, Montaje, Motores).

El paro culminó en una asamblea general que le impuso a la empresa una comisión provisoria de reclamos, que a los pocos días fue ratificada en elecciones. Entre el 30 y el 31 de enero, 168 representantes gremiales fueron electos (entre comisión interna, delegados y subdelegados), rompiendo en los hechos con la Ley 22.105 de la dictadura, que prohibía las comisiones internas. ¡Se destaca que hubo más de 400 candidatos!

El traidor Rodríguez del SMATA (derecha) estrechando la mano de Sparvero, presidente de FORD (izquierda), luego de firmar el acta donde cerraban el conflicto con todos los despedidos afuera ante la mirada de Barrionuevo, ministro de trabajo de Alfonsín.

Los principales dirigentes de esa comisión interna, surgida de la lucha, que contaba con todo el reconocimiento de los trabajadores, conformaron -meses después- la Lista Naranja, junto a nuevas CI y activistas de otras automotrices, para las elecciones generales del SMATA. En esas elecciones, celebradas en octubre de 1984, ganó la lista Verde de Rodríguez con el 49,6%, seguido por la Azul y Blanca -otra lista de la burocracia- con el 43,8% y, por último, la Lista Naranja con 6,1%. Pero, dentro de Ford, los resultados fueron muy distintos: la Verde, que hoy se proclama monarca, sacó apenas el 7,9%, la Azul y Blanca 54,7% y la Naranja, 37,4%.

18 días que conmovieron al país

La idea de tomar la fábrica frente a los primeros despidos, era algo que un sector de la interna -el PCR- venía pergeñando, mientras entre los cuadros obreros del viejo MAS había dudas por la magnitud de la medida y el riesgo de quedar aislados; sin embargo, se terminan inclinando a aceptar idea de la toma.

Mientras se desarrollaba la asamblea, grupos de delegados y activistas, empezaron a bloquear los portones, en el inmenso predio de 160 hectáreas. Los directivos y personal administrativo que estaban dentro del predio, al ver la situación, empezaron a denunciar que estaban siendo tomados de rehenes. Se los retuvo durante algunas horas, para intentar negociar con la empresa, hasta que se decidió dejarlos salir. A la salida, los obreros que toda la vida fueron revisados por la seguridad, ahora se tomaban revancha revisando los autos y los bolsos de los directivos.

La toma se desarrolló a lo largo de 18 días, luchando contra todos los poderes: la presión de la empresa, el gobierno alfonsinista -que declaró ilegal la toma- y la burocracia sindical del SMATA de José Rodríguez.

El SMATA formalmente había sido intervenido durante la dictadura, pero Rodríguez nunca fue preso, ni torturado como los 26 obreros de la Ford o desaparecido como los 14 compañeros de la CI de Mercedes Benz, a quien él mismo acusó de “prohijada de la subversión”. El padre de Pignanelli colaboró con Videla. Pasó la dictadura muy cómodo, cómo un buen socio en la lucha contra la “subversión”. Para este personaje nefasto -que en 1975 juntó fondos entre las patronales multinacionales para “erradicar los elementos negativos de las fábricas”- que la lucha de los obreros fuera derrotada, era la oportunidad para sacarse de encima a la oposición de izquierda en el gremio.

Una de las tantas asambleas realizadas durante la toma.

La CGT, con Ubaldini a la cabeza, hizo declaraciones formales en apoyo, pero no movió un dedo. Ningún gremio tomó medidas concretas en solidaridad con la ocupación, jugándose a aislarla y debilitarla.

Una vez tomada la planta, los trabajadores se organizaron por sectores con sus delegados, asumiendo distintas tareas. Se elaboró un reglamento interno, con horarios de visitas para los familiares y un control estricto de los ingresos, para evitar la infiltración de provocadores; se establecieron turnos de permanencia. Se organizaban recorridas de seguridad, se cuidaba el perímetro con guardias cada 200 o 300 metros y un sistema de relevos; se mantenían los equipos que necesitaban cierta atención, como la cataforesis. Se hicieron comisiones de prensa, de comedor, de limpieza, etc. Se prohibió el consumo de alcohol. En aquel tiempo en el comedor de la fábrica daban un vaso de vino con las comidas, al que quisiera. Se vaciaron las damajuanas almacenadas y también el whisky del comedor de los directivos.

Se formaron comisiones para difundir el conflicto, hacer fondo de lucha y buscar apoyos en universidades y fábricas vecinas. La solidaridad por abajo fue inmensa. Delegaciones de Fate, VW, Corni fundiciones, Terrabusi, Atlántida, metalúrgicos de Villa Constitución; bancarios, trabajadores de sanidad, docentes; las Madres de Plaza de Mayo, el Serpaj y más organismos de DDHH; estudiantes universitarios.

Incluso internacionalmente: los obreros de Ford Inglaterra realizaron un paro en solidaridad con la toma (a solo 3 años de la guerra de Malvinas, en un gesto de internacionalismo obrero inmenso); una delegación de 10 trabajadores de Ford Uruguay se acercó hasta Pacheco, y también hicieron llegar su apoyo los trabajadores de Ford Brasil.

Imagen tierna de la visita de las familias a los obreros. Fotografía: Diario Crónica

También se realizaron dos festivales de apoyo en los portones principales de la fábrica, al que asistieron muchos artistas, entre ellos Víctor Heredia, Leon Gieco y Peteco Carajal.

Un momento icónico durante la toma fue la puesta de la planta a producir. El miércoles 10 de julio, para desmentir la campaña de la empresa de que los obreros estaban vandalizando los equipos, la CI decidió poner a producir la planta de montaje. Una medida que revitalizó a los trabajadores que venían sufriendo desgaste con el pasar de los días. Todos lo recuerdan como un momento feliz, producir sin jefes, gerentes, sin aprietes, sin presiones. Una medida simbólica que, ante la mirada de la prensa invitada, fue un rotundo mentís a las versiones de la patronal y una inyección de ánimo y cohesión para los obreros.

El desalojo: “parecía Apocalipsis Now”

Así describía “el topo”, al operativo represivo en la madrugada del 14 de julio. Cumpliéndose el día 18 de la toma, el predio fue rodeado por un despliegue descomunal. El presidente del “Nunca más” movilizó 2000 policías armados, 200 patrulleros, carros de asalto, tanquetas, helicópteros, caballos, perros.

Alfonsín, el día anterior había anticipado el desalojo: “no hay país en el mundo que pueda tolerar esta ocupación por lo que tenemos que recurrir a la justicia y actuar con la ley” (Clarín, 13/7). Los obreros que se habían preparado para resistir frente a una situación de desalojo, luego de unas breves escaramuzas, resolvieron en asamblea que la CI negocie con el juez a cargo las condiciones de un desalojo pacifico. Luego de dejar la fábrica, los aproximadamente 400 trabajadores que se encontraban en la toma en ese momento, se retiraron marchando por la Panamericana hasta la 197.

En los días siguientes, la ofensiva patronal continuó con el despido de 305 compañeros más, incluyendo a Delfini, Gramajo y los principales dirigentes del conflicto.

Los obreros de Ford escribieron una página importante en la historia de la lucha de la clase obrera argentina. Un recuerdo que sigue rondando entre los trabajadores de la automotriz, compañeros que quedaron después de la toma y siguieron trabajando hasta hace muy poco se encargaron de mantener viva esa memoria histórica, transmitiéndola de generación en generación.

Pero no sólo los obreros recuerdan la toma, la patronal también, a pesar de haber ganado, muchos años después tuvo que seguir pagando tributo por temor a que una situación similar se vuelva a repetir.

El “topo” (izquierda) junto a Alberto Piccinini -histórico dirigente de la UOM Villa Constitución- recibiendo la solidaridad de los metalúrgicos

Sobre el balance de la experiencia, nos parecen muy justas las palabras que decía el Topo cuando lo entrevistamos hace 10 años: “Te diría que estábamos en un callejón sin salida, pero era la única para pelearla, sino nos teníamos que ir, traicionar todo y quedarnos algunos, la realidad fue así. Si aún hoy se recuerda es por la envergadura que tuvo, fue un hecho político muy importante, que tiene que ver con el tamaño de la empresa con que es un emblema de los yanquis, era como que te metías con la embajada. La realidad es que el conflicto quedó aislado, el resto de las automotrices seguían trabajando. Lo que sí podía haber sido, que ellos rajaran de a poco y no iba a ser ese conflicto, pero 2500 tipos no podés, cuándo iban a terminar de rajar. Y el objetivo de ellos era ese pero también sacarse a los delegados de encima…”. El Topo falleció en enero de 2018 a los 67 años, por los achaques de una vida sufrida, de un tipo que laburó hasta el último día. Un dirigente y cuadro obrero socialista excepcional.

Hoy, 40 años después, con el gobierno más antiobrero desde la dictadura militar, que está llevando adelante una ofensiva permanente contra los trabajadores, que revienta puestos de trabajo de a centenas de miles, que quita y quiere seguir quitando conquistas históricas, el problema de la dirección de los sindicatos es mucho más apremiante que en tiempos “normales”.

El SMATA sigue dirigido por los mismos que traicionaron en 1985 y concentran más poder que nunca. No toleran las mínimas disidencias incluso dentro de la misma Verde, como se puede ver en el caso de Toyota y en VW, donde la CD intervino a las delegaciones. Estás direcciones sindicales están dejando que Milei destruya el país y los derechos conquistados.

Durante toda la experiencia de la Naranja, las asambleas y la democracia obrera, la libertad para opinar y debatir, eran un método. Hay que terminar con la dictadura dentro de las fábricas.

Necesitamos delegados y dirigentes que se planten, que luchen, que organicen a los trabajadores. Que se corte la panamericana, no solamente contra la proscripción a CFK, sino también contra los despidos, por el salario. Una dura tarea tienen por delante los trabajadores de Ford y el SMATA en general. La experiencia de la Naranja demuestra que la tiranía no es eterna.

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