El sábado pasado una importante concentración pobló los alrededores de la Embajada de Estados Unidos para repudiar la intervención imperialista del fascistoide Trump sobre Venezuela, capturando al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, y con el apoyo de sus lacayos habituales como Milei. Desde el Nuevo MAS y la juventud del ¡Ya Basta! rápidamente nos posicionamos contra la intervención, exigiendo la retirada del imperialismo norteamericano de la región, la libertad de Maduro y repudiando a Milei, planteando la necesidad de la autodeterminación del pueblo venezolano para darle una salida a la profunda crisis que atraviesa el país caribeño hace años. Era muy importante dar una respuesta inmediata el mismo día del ataque, tal como sucedió en muchos otros países del mundo.
En ese sentido, desde el ¡Ya Basta! en Filosofía y Letras nos pareció fundamental que el CEFyL fuera parte de la convocatoria, siendo un Centro de Estudiantes con una importante tradición antiimperialista y de solidaridad con todas las luchas del mundo. No obstante, esta tradición no es reconocida por las organizaciones que forman parte de su conducción. El Colectivo, frente que se referencia en el espacio del kirchnerismo y encabezado por La Cámpora, Patria Grande y Movimiento Evita, se rehusó a dar una respuesta en la comisión directiva del CEFyL ante la propuesta del ¡Ya Basta! de movilizar con las consignas “FUERA TRUMP Y EL IMPERIALISMO DE AMÉRICA LATINA”, “LIBERTAD A MADURO Y SU ESPOSA” y “REPUDIO A MILEI LACAYO DE TRUMP”. Por el contrario, se limitaron a publicar una declaración en redes, ignorando la propuesta de movilización, en donde condenaban la invasión imperialista para, minutos más tarde, convocar por redes sin denunciar la complicidad de Milei.
Pero lo más burdo fue que, una vez hecha la convocatoria, el CEFyL no apareció más que en forma de bandera. En lugar de movilizar junto a decenas de estudiantes preocupados por los bombardeos y la injerencia imperialista, se limitaron a colgar la bandera del centro de estudiantes a una reja de la Embajada y acto seguido, desaparecer por completo. No es para sorprenderse. Si algo viene caracterizando al antiimperialismo declarativo del kirchnerismo y sus satélites, es la falta de correlación con una acción consecuente. Es sintomático de una corriente política que con el correr de los años fue perdiendo sus rasgos “progresistas” heredados del Argentinazo, para convertirse en una fuerza política sin programa ni proyecto político. Una cosa curiosa viniendo de una corriente que se reivindica nacionalista y latinoamericanista.
La “patria grande” de estas organizaciones es cada vez más chica y cada vez más indiferente ante la escalada imperialista, mirando para otro lado cuando se plantea el no pago de la deuda externa (¡incluso legitimándola, sin ir más lejos, con el gobierno de Alberto Fernández!) o cuando se trata de denunciar el genocidio del Estado de Israel sobre el pueblo palestino. No es nada llamativa su ausencia en la movilización, a tono con el posicionamiento oficial del Partido Justicialista, donde lo único que logran esbozar es una condena basada en la violación de la Carta de Naciones Unidas y reafirmando principios abstractos del derecho burgués, quedando en una mera declaración de intenciones. Lo que en realidad hace falta, en el marco de un mundo donde crece la polarización, las provocaciones fascistoides y avanza el imperialismo territorial, es la movilización en Latinoamérica y en todo el mundo para derrotar la avanzada imperialista y a todos los gobiernos lacayos. No se puede derrotar a monstruos como Trump invocando fantasmas como el derecho internacional, mientras estos se mueven en los márgenes del régimen político y pasan por encima de todas las reglas del juego de la diplomacia.
De ese kirchnerismo que aparecía como uno de los protagonistas del “No al ALCA” y que se mostraba como abanderado de la “soberanía nacional” despotricando contra los fondos buitres y usando la renacionalización de YPF como caballito de batalla, solo queda una sombra, revelando lo que realmente fue y es: una corriente política burguesa que nunca tuvo un proyecto político real para conquistar un desarrollo capitalista autónomo ni quiso sacar los pies del plato del régimen político, y que deja en evidencia que la única lucha consecuente contra el imperialismo es con la más amplia movilización y solidaridad internacional, y planteando una salida profunda para el conjunto de los problemas que aquejan a las grandes mayorías, el anticapitalismo.




