Milei y la reprimarización

Argentina 2026: recesión, desacumulación y dudas en la previa de la Contrarreforma Laboral

Con el calendario legislativo centrado en la Reforma Laboral, se acerca el inicio del año político en la Argentina. A pesar del autobombo tras la victoria oficialista en las elecciones de medio término, las monstruosas proporciones de la contrarreforma y las contradicciones flagrantes de la economía despiertan dudas, no sólo coyunturales, sino de fondo sobre la viabilidad del proyecto político mileísta.

Recesión con desacumulación productiva

No importa cuánto intente Milei maquillar la realidad económica del país, sea con estadísticas truchas o con relatos delirantes. Es innegable que hoy la economía argentina está atravesando en pleno una recesión de proporciones estructurales, históricas. «La realidad cuantitativa es una bofetada al relato oficial. En noviembre, la industria argentina encadenó su quinta caída interanual consecutiva, registrando un retroceso del 6,1%. Esta debacle no es un evento aislado; coloca el nivel acumulado del año un 0,5% por debajo del ya magro 2024. La industria cerrará 2025 en retroceso por tercer año consecutivo, un hito de destrucción que preanuncia un 2026 de fractura social» (Ámbito, 28/1).

La situación es mucho más grave cuando se ven los números desagregados. La industria automotriz (el complejo industrial más importante del país, ligado a la industria brasileña) cayó un 29,5% interanual. La cantidad de autos producidos en el país cayó un 50% hasta las 13.000 unidades, el peor número desde 2022. El pulpo Stellantis paró plantas anticipadamente en el Palomar y Ferreira por la caída abrupta en la actividad.

Químicos y Plásticos cayó un 9,5%. Papel un 5,2%. Los bienes de consumo durable, rubro que depende directamente del salario y el crédito de los hogares, cayó un 5,6%. La industria textil, una de las ramas más precarizadas y vulnerables a los vaivenes comerciales, cayó un 43,9% interanual en noviembre. La producción de hilados de algodón la siguió como la sombra, cayendo un 37%. En las textiles el uso de capacidad instalada es menor al 30%. Una cifra de cierre y quiebra directo para una rama de la producción que emplea a miles de trabajadores.

La caída industrial está motorizada no solo por el colapso generalizado del consumo (que generó la política económica de Milei), sino también por la apertura indiscriminada de las importaciones (sancionada por el gobierno de Milei). Pero el problema es aún más profundo.

La recesión no es síntoma simplemente cuantitativo de una crisis pasajera. Es obvio que, si se abren las importaciones y se secan las billeteras de millones de trabajadores, una industria como la argentina (dependiente casi absolutamente del consumo interno) tenderá a la recesión. La recesión mileísta es algo más grave: una política económica que desacumula desarrollo económico, que destruye fuerzas productivas. La tasa de uso de la capacidad instalada no es una película que se pone en pausa. Si se cierran fábricas, se destruyen miles de puestos de trabajo, se degradan rutas y ferrovías, la economía no sólo se para en su actividad, sino que se resiente en su estructura.

Los problemas sociales que se derivan de un plan económico de este tipo son evidentes. La pobreza crece a la sombra de las estadísticas truchas y los despidos se multiplican en todo el país. Y los problemas políticos no son menores. No sólo pone a prueba la legitimidad de un gobierno que acumuló desastres políticos durante todo el 2025 y ganó las elecciones raspando, principalmente por la desidia de una oposición peronista desorientada, derrotista y sin programa. También, porque abre grietas en el seno de la propia burguesía argentina. Una clase social parasitaria y cipaya, pero que no por eso menos adicta al dinero.

El programa de destrucción industrial de Milei deja afuera a un sector no despreciable del empresariado argentino, que pierde plata con la orientación actual y que empieza a preguntarse cuáles son verdaderamente sus perspectivas existenciales en una Argentina cómo la que podría configurarse si avanzan el paquete de contrarreformas y el programa económico de Milei. El reciente cruce del gobierno contra Paolo Rocca (el CEO de Techint al que Milei apodó Don Chatarrín) expresa este problema.

Estructura productiva y tejido social en la Argentina contemporánea

La génesis de la crisis económica argentina no se agota en la imbecilidad de un gobierno (y un personaje) como el de Milei. El mileísmo se monta sobre una crisis histórica (orgánica) del capitalismo argentino. Esa es su razón de ser. La crisis de perspectivas del capitalismo local sentenció el fracaso de todas las variantes burguesas tradicionales (kirchneristas, peronistas, radicales, macristas) y le abrió la puerta de la Rosada a un outsider ultraderechista.

Así, la recesión con desacumulación se monta sobre contradicciones estructurales de la formación económico – social argentina. Esto toma dimensiones históricas si se tiene en cuenta que los desarrollos están necesariamente atados a una situación internacional anormal, desequilibrada. En otras palabras: abrir importaciones, destruir fábricas, rutas y ferrocarriles, no tiene los mismos matices en los ’90 menemistas (en el auge del imperialismo yanqui neoliberal) que en el 2026, con Trump invadiendo Venezuela, haciendo la guerra con aranceles y repartiendo bombas por el mundo.

El combo es explosivo. Aún sin la contrarreforma laboral sancionada, la política económica del mileísmo está haciendo estragos en la estructura productiva y abriendo grietas en el tejido social. No es una opinión de la izquierda ni de los anticapitalistas. Todos los analistas burgueses lo reflejan y advierten que, quizá la reforma laboral tal como está planteada, sea un poco mucho para una sociedad golpeada. Lo que muestran las tendencias actuales es una reconfiguración del aparato productivo que, a mediano y largo plazo, podría dar como resultado una economía bien distinta a la que caracterizó a la Argentina en las últimas décadas.

Liotti, uno de los editorialistas de La Nación, advierte en una nota de los últimos días, que la economía argentina no crece hace 15 años (algo que advertimos en el arranque de la campaña electoral en nuestro Manifiesto Anticapitalista). La imposibilidad de crecimiento expresa el agotamiento del modelo capitalista criollo. En esa década y media el mercado laboral se transformó (degradó) consecuentemente. Con los empleos registrados estancados en torno a los 6 millones (y una población en edad laboral en torno a los 30 millones), se multiplicó primero el trabajo en negro y luego el cuentapropismo pobre. Un enorme sector compuesto por millones de personas que no cuentan con un trabajo asalariado y que trabajan de forma «independiente», no ya como la clase media tradicional, sino más bien como los trabajadores empobrecidos de los países desindustrializados. Es un cuentapropismo de la desposesión.

«En los dos años que lleva Milei en el poder, se perdieron unos 120.000 puestos privados, unos 80.000 públicos y bajaron 25.000 las empleadas en casas. Los únicos que se mantuvieron fueron los monotributistas, y los que volvieron a crecer fueron los trabajadores informales, que son los que han dado el salto más brusco. Mientras que los asalariados informales se mantuvieron estables en 3,6 millones de personas en los últimos dos años, los cuentapropistas informales crecieron de 2,7 a 3,3 millones en el mismo período. Se trata del indicador más significativo del mercado laboral actual, porque representa el cruce entre dos variables. Por un lado, la informalidad, como respuesta a la falta de crecimiento y a la rigidez normativa. Por otro, el vector del cuentapropismo […]. Acá no inciden los actores institucionalizados; es un universo de sobrevivientes» (La Nación).

El caso testigo es la multiplicación de los trabajadores por plataforma en el país. «Rappi elaboró una estadística que detectó que entre noviembre de 2024 y el mismo mes de 2025 la cantidad de repartidores activos (al menos un pedido al mes) creció de 31.105 a 43.048, es decir que escaló casi un 40% en un añoUn movimiento similar identificaron en la empresa PedidosYa, en donde relevaron que la cantidad de repartidores que prestaron servicios a través de la aplicación aumentó casi 23% entre fines de 2023 y fines de 2025. En Uber también indican que hubo ‘un crecimiento en la cantidad de gente que maneja’ y aportan como cifra que desde que la plataforma desembarcó en el país en 2016, unos 500.000 conductores hicieron viajes a través de ella«. 

Pero tras unos cinco años en el país estas plataformas ya dan muestras de saturación. La capacidad de absorber trabajadores desocupados y subocupados es limitada. Si siguen multiplicándose los despidos y cierres que impone la recesión es muy probable que no alcance con las apps ni con las estadísticas truchas del INDEC para contener un aumento más marcado de la desocupación.

Geografía de la reprimarización

La economía no es una suma de objetos vendibles ni un mecanismo de relojería dineraria. Es un conjunto vivo de relaciones y tejidos sociales, inserto indefectiblemente en una economía mundial. El proyecto reprimarizador de la economía que esboza el mileísmo (sumado a las presiones de un capitalismo barbáricamente hiper moderno y lleno de contradicciones geopolíticas), no es compatible con la sociedad argentina tal cual la conocemos.

«La Argentina es un país con una altísima concentración urbana. Según un informe de CIPPEC, 9 de cada 10 habitantes residen en ciudades, uno de los índices más altos del mundo. Esta centralización responde a un modelo económico del siglo XX, en el cual las ciudades, y en particular el AMBA, atraían a la población por su desarrollo industrial. Pero esa fotografía quedó desactualizada ante el radical cambio de perspectivas económicas, en donde el cordón suburbano aparece deprimido por la caída de la industria, la construcción y el comercio, mientras que por otro lado emerge con mucho más potencial la zona andina, gracias a la minería, y la patagónica, a partir del despegue del sector hidrocarburífero.

Actualmente el 73% de la generación de dólares proviene de la agroindustria asentada en el corredor central del país, contra el 27% generado por la energía y la minería. Sin embargo, la proyección es que para 2030, dentro de sólo cuatro años, la ecuación se invierta y la energía y la minería por primera vez en la historia superen al agro en una proporción de 53% a 47%.» (La Nación, 18/1).

Esa geografía económica es la que preanuncia la contrarreforma laboral del mileísmo. Es un proyecto de país profundamente «bananero», reaccionario y antidemocrático. Sobre todo porque, más allá de dónde estén localizados los centros de producción de divisas, la cuestión es quién se las queda. Las grandes mineras y petroleras que operan en el país (y las que podrían llegar) son multinacionales parasitarias que saquean los recursos del país con regímenes de excepción, generan una cantidad ínfima de puestos de trabajo de mala calidad (no estables), contaminan el medio ambiente a niveles que atentan contra la vida misma y no dejan prácticamente una sola divisa en la economía local.

¿De qué van a vivir los millones de trabajadores que viven de la industria para consumo interno, los miles de profesionales de las grandes urbes, los comerciantes? ¿Alcanzan Rappi y PedidosYa para absorber la masa de mano de obra que queda huérfana en el país que modela Milei? No parece una perspectiva realista. Si se realizaran los «proyectos» (decirle plan económico a una cosa tal es demasiado benevolente) del mileísmo, quedan dos perspectivas alternativas.

Una es la pobreza de masas con alto desempleo y degradación del tejido social en su conjunto (menos mano de obra calificada, menos profesionales, menos ciencia, menos educación). Otra es un rebote del cuerpo social que haga temblar a Milei y su gobierno de lúmpenes. La brutalidad desmedida es una característica propia de los gobiernos ultraderechistas de la nueva era. Trump acaba de demostrar a nivel interno, con la ofensiva sobre Minneapolis, que a veces tensar de más puede volverse en contra de la ultraderecha. Milei podría aprender la misma lección si las grietas dentro de la burguesía le abren la puerta al descontento de masas.

Seremos directos: Te necesitamos para seguir creciendo.

Manteniendo independencia económica de cualquier empresa o gobierno, Izquierda Web se sustenta con el aporte de las y los trabajadores.
Sumate con un pequeño aporte mensual para que crezca una voz anticapitalista.

Me Quiero Suscribir

Sumate a la discusión dejando un comentario:

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí