
En los últimos días se conoció el incidente en la sede del gremio entre las dos fracciones burocráticas que se disputan el reconocimiento de la victoria tras las elecciones de septiembre pasado del Sindicato de Empleados de Comercio. Por un lado, una patota que responde a Armando Cavalieri, el “Gitano”, se atrincheró a la espera del sector opositor que responde a Ramón Muerza, recibiéndolo con gas pimienta para impedir su ingreso.
El nudo del conflicto fue por el vencimiento oficial del mandato del “Gitano”, quien encabeza el sindicato hace 32 años. Tras la impugnación del resultado por parte de Muerza, quien se arroga el triunfo, con la validación de la victoria de Cavalieri por parte del ex ministro de trabajo Triaca hace unos meses, sigue sin haber un claro ganador.
Este hecho, pese a ser la disputa por la conducción por parte de dos fracciones burocráticas y propatronales, no deja de ser un hecho de gran impacto en las bases, pese a que Muerza se cuida bien de no involucrarlas controlando que nada se desborde. Es que la bronca por las históricas y sistemáticas entregadas de Cavalieri saltan a la vista, luego de ser el campeón de las paritarias a la baja, de la entregada de derechos y condiciones de trabajo.
La alternativa burocrática que representa Muerza, y que canaliza la genuina bronca de un sector que se quiere sacar de encima “al viejo”, es signo de que la experiencia de hartazgo no encuentra un canal de independencia política y de lucha. Recordemos que Ramón Muerza surge del riñón de Cavalieri y es apodado “el hijo de Alfredo” (Coto) por su estrecha relación con el empresario supermercadista, debido a los años en los que se desempeñó como delegado del sector.
Párrafo aparte merece el hecho de que la acción de la policía estuvo del lado de Cavalieri, no tanto por la simpatía política del gobierno, ya que se dice que Muerza está ligado a sectores del PRO, como por el hecho de estar siempre al servicio de una institución como la burocracia sindical que es pieza fundamental del Estado capitalista, es decir, una parte del entramado que defiende los intereses de los empresarios y poderosos. Los traidores como Cavalieri son parte fundamental del actual ataque brutal que descarga el gobierno y la contención de la respuesta de los trabajadores.
De momento se esperan novedades recién para el viernes, ya que la rosca sigue entre los bandos enfrentados, negando categóricamente el acceso a las bases de trabajadores para encontrar una solución que implique su participación activa a través de mecanismos democráticos para definir el destino del futuro representante de su herramienta gremial.
El sindicato se encuentra formalmente acéfalo desde este 10 de diciembre, ya que no estaban firmadas las actas para que Cavalieri asuma como ganador, así como los avales para el cambio de autoridades. Quedó anulado incluso el reconocimiento que el ex ministro de trabajo Triaca le había dado a la victoria al Gitano.
Continúa hoy el acampe frente al gremio que el sector opositor levanto tras la intensa jornada de enfrentamiento que define la conducción ni más ni menos que del gremio con más afiliados de nuestro país. No han sido convocadas asambleas en los lugares de trabajo para que sean los trabajadores quienes tomen voz y parte en este asunto. Ese elemento básico y vital de la democracia obrera no figura en los programas de los representantes de los intereses empresarios que usurpan una herramienta de organización de los trabajadores.






