Como un cobarde, Milei firma el DNU de reforma de la SIDE una madrugada de un 1 de enero. En silencio, a escondidas de las miradas de la mayoría del pueblo argentino, quieren que un día nos despertemos habiendo perdido todas nuestras libertades. Ahora, los servicios podrían detener gente y no habría casi control sobre sus actividades.
El DNU de la SIDE es un intento de Milei de convertirse en dictador con el menor estruendo posible. A él, fracasado sin amigos como es, le encanta la exposición pública y sentirse adorado por multitudes sin nombre ni cara. El estruendo es para gritar sobre la «libertad» para los empresarios de esclavizar a todos los demás, porque esa es la única «libertad» que creen que merece existir. Pero es silenciosamente que quiere decretar que todos los argentinos están bajo su vigilancia.
Mientras brindábamos por fin de año, el impresentable de Milei firmó un decreto persecutorio al estilo dictadura militar. El gobierno sigue pretendiendo jugar a las escondidas de la sociedad, cual tirano de cartón pintado, pero es tan ridículo que se parece más al Chaplin de «El…
— Manuela Castañeira (@ManuelaC22) January 2, 2026
Los atributos que Milei le quiere dar a la SIDE son los de una Policía Secreta: como la Gestapo, como la KGB, como la DINA, como la Policía del Pensamiento del Gran Hermano.
Algunos puntos nefastos de la reforma por DNU de la SIDE:
1- Habilita a los servicios y buchones, también conocidos como «agentes», a realizar detenciones, creando así de hecho una «Policía secreta». Legalmente, es necesaria una orden judicial pública para realizar una detención o, en caso de flagrancia, un policía obligado a identificarse. Ahora, personas a las que nadie puede identificar (porque son buchones y cobardes) y que trabajan directamente para el gobierno nacional pueden detener gente.
2- Establece que todas las funciones de los servicios y buchones “revisten carácter encubierto”. Es decir, nadie puede controlar nada ni pedir explicaciones sobre lo que hacen en secreto los agentes de la policía secreta de Milei. No se aclara en ningún momento qué funciones serían las que son tan «encubiertas». Así, los servicios básicamente pueden hacer lo que quieran con cualquier ciudadano argentino.
3- Permite que la SIDE disponga de personal policial y militar a discreción. Convierte así en a los servicios en jefes de todas las fuerzas represivas del país.
4- Elimina la Agencia de Seguridad Nacional (ASN) y la reemplaza con la Agencia Nacional de Contrainteligencia. La ASN tenía como función cuando fue formada el año pasado “advertir de forma temprana y generar información sobre delitos federales complejos dentro del territorio nacional, así como vigilar amenazas coordinadas provenientes de organizaciones criminales y terroristas». Como es bien sabido, Milei y los suyos quieren acusar de «terroristas» a cualquiera que se les oponga. Sin ir muy lejos, Milei acusó de terrorista a Patricia Bullrich. El rol de la ASN era el que más directamente se podía convertir en espionaje para la persecución política.
5- La Agencia Federal de Ciberseguridad (AFC) ahora será la Agencia Federal de Ciberinteligencia bajo control de Manuel Adorni. El ex chamuyero oficial pasó en pocos años de twittero a jefe del espionaje digital de toda Argentina.
6- Contra el periodismo, habilita la persecución a cualquier «filtración» de información. Es un claro ataque a cualquiera que ponga a disposición del público información sobre los buchones que lo controlan. Es una clara respuesta a la filtración del Plan de Inteligencia Nacional (PIN) con el que Milei habilitó al espionaje de la oposición.
7- Reemplaza la DNIEM (Dirección de Inteligencia Militar ) y la reemplaza por la DGIEMCO (Dirección General de Inteligencia del Estado Mayor Conjunto). Así, la dirección de inteligencia del ejército pasa de estar bajo control del Ministro del Interior a ser directamente controlado por el Estado Mayor Conjunto.
Milei, un ensayo de dictadorzuelo fracasado
A lo que más teme Milei, además de las papas fritas, es a la oposición política. No se siente fuerte ni impune: Milei les tiene terror a los que se oponen a él. Y tiene mucha razón en eso, y en nada más.
Desde el principio quiso asentarse en el poder abriendo las puertas a la persecución y la represión política. «No hay plata» repitió para justificar el ajuste a los comedores populares, a las escuelas, las Universidades y los hospitales. Pero le quiso asignar un refuerzo presupuestario de nada más y nada menos que 100 mil millones de pesos a los espías a pocos meses de asumir. Su «libertad» es la del déspota que controla y espía a sus adversarios, a quienes se oponen a su plan de ajuste y entrega.
En mayo se había filtrado el Plan de Inteligencia Nacional (PIN), que había sido elaborado en secreto varios meses antes. Con él, habilitan tareas de espionaje contra cualquier tipo de «‘actores’ que generen o puedan generar una ‘pérdida de confianza’ en las ‘políticas económicas’ del Gobierno»».
Pero sus intentos de convertirse en dictador son un fracaso. Ninguno ha llegado a buen puerto. No tiene la fuerza para ser el dictador que quisiera ser. Su partido no es un movimiento de masas, más bien es un rejunte de marginales y arribistas que lo pueden abandonar rápidamente. El apoyo que tiene en el aparato del Estado es muy condicional, incluso entre las fuerzas represivas. Este gobierno está lejísimos de tener la fuerza para encuadrar a largo plazo a comisarios, generales o intendentes. Más bien al contrario, por el momento jugarse a todo por el todo con Milei puede ser para muchos de ellos prenderse fuego para siempre. Sus intentos de convertirse en dictadorzuelo, aunque peligrosos, son por ahora también ridículos.




