
¿Recuerdan la canción que decía “sal de ahí chivita chivita, sal de ahí de ese lugar”? Bueno, el gobierno está como el protagonista de esa canción. -Vamos a decirle al Club De París que nos extienda los plazos para pagar el Default.- El Club de París nos dice que no puede hasta que no arreglemos con el fondo. -Vamos a decirle al Fondo que tenemos que arreglar. -El fondo dice que no podemos arreglar hasta que sepa que podemos hacer las “reformas estructurales” (Reforma Laboral, Previsional) -Le decimos al fondo que no podemos anunciar eso en un año electoral. -El fondo no arregla con nosotros, el Club De París no nos extiende los plazos, tenemos que pagar todo en mayo…Sal de ahí Default, sal de ahí de ese lugar.
Lo del gobierno es terrible. Ya ni siquiera le dice al fondo que se niega por completo a hacer las reformas estructurales, solo les dice que lo esperen hasta después de las elecciones. El Fondo deberá creerles para poder patear aún más la deuda de 44 mil millones de dólares que dejó Macri. De lo contrario, todo se puede poner muy jodido para el gobierno. Si el FMI no se entiende con el gobierno, el 30 de mayo empieza el suplicio, porque son 60 días los que el Club De París tiene para denunciar la cesación de pagos de la Argentina.
Algo muy revelador, es que los mismos países que componen el FMI son los que forman parte del Club De París, con lo cual, de una y otro lado, presionan al gobierno para que se apure con las tan nombradas “reformas”. Lo que buscan es poner a punto la economía nacional para las necesidades del mercado mundial, bajando el salario de los trabajadores. Con la reducción del déficit fiscal, se aseguran que les paguemos eternamente las cuentas impagables de una deuda que los trabajadores y el pueblo pobre no tomamos.
No hay forma de que el gobierno siga bajo la tutela del FMI sin encarar un conjunto de ataques a los trabajadores en función de “recuperar la competitividad”, eso es claro. Por otro lado, no hay forma de arreglar con el Club De París, si nos sometemos antes o después a los dictados del FMI. De esta encerrona se sale pateando el tablero. No hay que pagar la deuda externa, ni la del FMI, ni la del Club De París, ni la de los bonistas privados.
Hay que nacionalizar la banca y el comercio exterior para que no se fuguen los dólares cuando esos organismos de usura internacionales los tilden de “poco confiables” y hay que estatizar bajo control de los trabajadores a toda empresa que cierra o quiera irse del país. Suba general de salarios y de los presupuestos de salud y asistencia social para combatir la pandemia financiada por impuestos a los grandes empresarios. Hay que tomar medidas en favor de los de abajo y hay que aprender de lo que le terminó pasando a la chivita, a la que querían hacer salir de “ese lugar”, para convertirla en almuerzo.
[1] La deuda contraída es del 2014, cuando el ahora gobernador Kicillof era ministro de economía. Se ve que después de “comprar soberanía” volvieron a venderla.






