Violencia policial

Walter Bulacio: 30 años después, sigue la impunidad

Lo que pasó aquel 19 de abril de 1991, frente al Estadio Obras cuando tocaban “Los Redonditos de Ricota” quedó grabado sin dudas en la memoria popular y de la juventud argentina.

Luz Licht
Redacción Izquierda Web.


Walter Bulacio

YO SABÍA, YO SABÍA, QUE A WALTER LO MATÓ LA POLICÍA

Ese día la Policía Federal de la comisaria 35 de Nuñez levantó en una razzia a cerca de 70 personas de las cuales varias eran menores de edad mientras estaban en la puerta de Obras esperando entrar.

Los trasladaron a la comisaria para golpeados y torturarlos. Walter Bulacio, era uno de los pibes detenidos esa noche. No resistió las golpizas, las torturas y murió una semana después, el 26 de abril en el Sanatorio Mitre. El comisario Miguel Ángel Esposito, fue responsable del operativo ese día y participó de las torturas contra Walter. Fue sobreseído por la Sala Sexta de la Cámara del Crimen y la justicia a penas lo cuestionó por el carácter ilegal de la detención. No hubo responsables condenados por el crimen.

Es que esa noche se repetía lo que significaba algo «normal» en esos años cuando se iba a un recital o la cancha. Las razzias en los recitales, espacios de entretenimiento y culturales de la juventud trabajadora eran una práctica que habilitaban los gobiernos capitalistas a las fuerzas represivas en los primeros años de la vuelta a la democracia.

Walter tenía solo 17 y estaba en el último año del colegio y trabajaba en un club de golf para poder pagarse su viaje de egresados. Además con esos mangos podía hacer lo que más le gustaba, como ir a la cancha a ver San Lorenzo. Esperaba mucho ese viernes, porque era la primera vez que iba a ver a Los Redondos. Sus amigos lo esperaron a la salida del show, pero nunca llegó. El lunes se enteraron lo que le habían hecho cuando estaban en el colegio.

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Según consta en la investigación judicial fue cerca de las 21:15 horas, por orden del entonces comisario Miguel Angel Espósito, que lo subieron a un colectivo de la línea 151 y lo llevaron detenido por “averiguación de antecedentes” a los calabozos de la seccional 53 de la Policía Federal. Los fuertes golpes en la cabeza que recibió fueron la causante de la muerte.

La represión por parte parte de las fuerzas represivas del Estado a la juventud trabajadora, pobre es algo que se repite. Los casos de gatillo fácil como el de Luciano Arruga y tantos, las desapariciones forzadas seguidas de muerte, como la de Facundo Castro son la muestra de que la juventud es blanco sistemático de la violencia del Estado. Controlar, reprimir, censurar para mantener las cosas como están.

La violación a los derechos humanos siguió y sigue con la vuelta a la democracia. Los ’90 fueron una época de ajuste, represión y violencia contra el pueblo trabajador. También de crecimiento de la mercantilización de la cultura y el arte al compás del neoliberalismo. La censura y violencia contra los espacios de entretenimiento y expresión de las y los pibes no podían más que reflejar es apolítica antiobrera y popular que se abría camino.

El crimen de Walter Bulacio generó enorme repudio y rechazo a las prácticas de violencia institucional por parte de los asesinos de uniforme. Hoy se cumplen 30 años de aquel crimen y son tres décadas de impunidad para los policías involucrados. El Estado no podría hacer otra cosa reprimir y criminalizar a la juventud trabajadora porque de ese modo pretende mantenerla a raya para soportar las condiciones de mierda de este sistema del que muchas/os quedan afuera.

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