Rebelión en Colombia

Vivencias desde Colombia: marcha del 1° de Mayo en Bogotá

"En medio de la gran masa de gente, se podían observar personas de todas las edades y de todos los estratos sociales. Entre las personas se sentía un aura de inconformismo, fastidio, y empatía."

Partum, desde Bogotá, Colombia, para Izquierda Web

Era un sábado, 1º de mayo en la capital de Bogotá. Me despertaba hacia las 6 de la mañana tras un día extenuante por la movilización del día anterior.

Tras levantarme hice algo que generalmente no hago, mirar mi celular. Quería saber qué había ocurrido el día anterior en el resto del país. Me despierto con la noticia de que en la ciudad de Cali habían masacrado a su población por manifestarse y tenían el hashtag “Cali no está sola”.

No entendía qué pasaba, tenía rabia ¡estaba que estallaba! pero, sobre todo, sentía demasiada impotencia. Posterior a eso me dirigí hacia uno de los puntos de movilizaciones, como era habitual en la universidad Distrital del sur (ubicada en el barrio Candelaria dentro de la localidad de Ciudad Bolívar), en conjunto con muchos otros puntos de universidades del resto del país.

Las directivas del paro habían destinado Héroes y el Parque Nacional, en el norte de la ciudad, para que se reunieran. Pero yo ya sabía que lo mejor era ir y salir con los de la universidad distrital. Poco después, llegué a las instalaciones de la universidad hacia las 8 de la mañana encontrándome con la sorpresa de que ya había en ese lugar aproximadamente entre 35 y 40 policías, quiénes iban a acompañar la movilización.

Fui la segunda persona en llegar al punto de encuentro. El resto de las personas fue llegando de a poco. Hacia las 9:30 de la mañana, la plaza ya estaba copada y salimos hacia las 10 de la mañana. En este momento fue donde me enteré de la traición de las organizaciones sindicales, que en el Día del Trabajador decidieron no salir a marchar dejando como gran baluarte de las movilizaciones a los estudiantes. Entramos por diversos barrios del sur (El ensueño, Perdomo y Galicia) y se sumó mucha gente, hasta tal punto en que no se podía observar el comienzo ni el final de las personas que se encontraban en la marcha.

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Posteriormente, la marcha continuó y bloqueamos una avenida principal que daba paso al terminal del sur durante aproximadamente 35 minutos. Para continuar con nuestro camino, entramos al barrio Bosa que está ubicado en el extremo sur-occidental en donde se unió mucha más gente para después tomar la Av. Cali (una de las principales calles de la ciudad).

En medio de la gran masa de gente, se podían observar personas de todas las edades y de todos los estratos sociales. Entre las personas se sentía un aura de inconformismo, fastidio, y empatía. Poco después, llegamos con todo el conglomerado hasta patio bonito (en el centro-occidente de Bogotá) donde giramos a la derecha para pasar por el centro y luego al norte de la ciudad. Tras una larga caminata, se escucha el estruendo inesperable y categóricamente disruptivo del Aura que se estaba sintiendo en ese momento que se expresaba a través del arte: cánticos, bailes, actos de circo.

Aquel  ruido era inicialmente una bomba de gases lacrimógenos que terminó transformando el arte y aquellos cánticos de rabia en represión pura y dura, donde se escuchaban gritos de los manifestantes y, si bien en el lugar en el que yo me encontraba no se podía observar exactamente esos ruidos fugaces, son tan particulares como tan inconfundibles que quien los escucha una vez se los graba para toda su vida.

Escuché varios impactos de bala, hubo un separamiento de la marcha inicialmente pero la población no se amedrentó, sino que se unió y ayudaban a todo aquel que le hubieran afectado los gases (nos echamos desde agua con bicarbonato, hasta leche), además de una inconmensurable lluvia que operó en contra de los manifestantes.

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Cuando Llegue a mi casa después de dos horas extenuantes de caminata, debido a que no pasaba ningún transporte, tenía sentimientos encontrados, ante el peligro que representa la policía  y en medio de esas dudas, llega un sin número de vibraciones provenientes de mi celular eran 2 videos de la gente al son del canto y el baile y se logra percibir el sentimiento de arraigo y unidad que te da esperanza, me atravesó una corriente por todo el cuerpo, lo que provocó que todas mis dudas se disiparon y  salir al siguiente día y volver a sentirme parte del arte, del arte que es manifestarse en comunidad.

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