La Oposición unificada, bloque de tendencias y de fracciones, había conocido desde su nacimiento y antes de ser puesta fuera de la ley, vivos debates internos. El más importante había opuesto el núcleo de 1923 al grupo llamado del ”centralismo democrático”, los ”decistas” impulsados por Vladimir M. Smirnov y Timotei V. Sapronov[70] que habían logrado influenciar a algunos bolcheviques como Radek o Nin en torno al análisis sobre la naturaleza social del Estado y del partido y la necesidad de luchar por un ”segundo partido”. El eco de esta vieja discusión se manifestaba todavía en los nuevos problemas debatidos por la Oposición de Izquierda en 1930.

Sobre este asunto, disponemos después de varias décadas, de un importante testimonio, el de Ante Ciliga. La apertura de los “papeles del exilio” permiten corregirlo en lo que tenía de parcial y al mismo tiempo completarlo ventajosamente gracias a dos informes de los bolcheviques-leninistas Iakovin y Ardachelia.[71]

Estos dos textos esenciales – y algunos otros de menor importancia – permiten hacerse una idea precisa de la vida política en una de las prisiones reservadas a los ”bolcheviques-leninistas”, la ”cárcel de aislamiento” de Verkhneuralsk donde estuvieron encerrados, a partir de 1930, entre 200 y 250 detenidos, de los cuales 120 se reclamaban de la Oposición de Izquierda.

El cuadro es indiscutible, a pesar de las condiciones materiales más que mediocres, ya que los locales estaban superpobladas, la ”cárcel de aislamiento” era una verdadera ”universidad de ciencias sociales y políticas” ”la única universidad independiente de la URSS” precisa Ciliga.[72] Los detenidos podían comunicarse entre ellos, publicar diarios manuscritos donde los artículos, firmados, no eran sometidos a ninguna censura, donde debatían sus divergen­cias, abordaban las cuestiones teóricas y de actualidad, ”de la manera más franca, poniendo todos los puntos sobre las íes”. Los diversos agrupamientos políticos de esta prisión eran ”verdaderas organizaciones, con sus comités, sus diarios manuscritos, sus jefes reconocidos”. Funcionaban mediante reuniones regulares en el transcurso de paseos, y hasta en aulas, con escritorio, orden del día, procesos verbales. Había una administración de los ”correos” que entablaban, a cuenta de todos, relaciones internas y externas no solamente con la URSS, sino también con el extranjero, especialmente a través de las transferencias hechas a otras prisiones. La biblioteca estaba relativamente nutrida, los diarios que se publicaban en la URSS estaban disponibles si uno se abonaba, así como las publicaciones de los Partidos Comunistas extranjeros. Los lazos políticos se mantenían de forma permanente. Ciliga da cuenta de la llegada a manos de los prisioneros de Verkhneuralsk de ejemplares del Biulleten Oppositsii y de folletos de Trotsky hasta 1934, porque los detenidos, decía, tuvieron al menos la posibilidad de discutir la entrada de los trotskistas franceses en la SFIO durante aquel año.[73]

El gran debate entre los trotskistas de Verkhneuralsk comenzó a fines de 1929 y se desarrolló durante todo el año 1930, cuando la llegada de cincuenta detenidos nuevos llevó a más del doble la cantidad de efectivos bolcheviques-leninistas, y amontonó a los hombres de tal modo que hizo imposible impedirles la comunicación. La discusión comenzó bajo el signo de “el año negro” y de las grandes oleadas de capitulaciones. Después de las últimas capitulaciones, de un grupo de estudiantes moscovitas a principios de 1930, los golpes que siguieron a aquella oleada pasaron a partir de entonces a primer plano.

Un pequeño grupo de militantes animados por los ”viejos” – el georgiano G. Kvachadzé, el armenio Amo Saakian, el veterano del Ejército Rojo Vl. I. Rechetnitchenko- intentaba extirpar de las filas de la Oposición las raíces que habían conducido a tantos de sus partidarios a capitular. Denunciaban ante todo lo que llamaban las tendencias ”conciliadoras”, y, finalmente, el estado de ánimo que había conducido a redactar la declaración de agosto de 1929. Durante los primeros días de enero estos hombres publicaron un primer número del diario Bolchevique Militante, donde una declaración de Amo Saakian se desvinculaba de Rakovsky y su declaración. El diario desarrollaba sistemáticamente la propuesta, tomada de Trotsky, según la cual la Oposición de Izquierda debía de allí en adelante no dirigirse al comité central y al partido, sino a la clase obrera misma. Rápidamente la dirección pasó a un equipo de jóvenes militantes: O Puchas, M Kamenestsky, Ia. G. Belinsky, N. Perevertsev, Emelianov; todos parecían acercarse considerablemente a las posiciones de los ”decistas” a los que el último de la lista, por otra parte, se unió. La idea central de los ”bolcheviques militantes” era por una parte que, en ese momento, no se podía reformar el partido y que ningún ”giro a la izquierda” era por otro lado posible por parte de la burocracia. Trotsky era presentado como ocupando una posición de principios firme, mientras que Rakovsky maniobraba e intentaba la conciliación con el aparato. El Bolchevique Militante vió la prueba de esto cuando, en mayo, comenzó a hablarse de una nueva declaración de Rakovsky en el Congreso.

A la “mayoría” le costó definirse ante las ataques procedentes de la ”izquierda”. Su primera reacción fue abrir por su cuenta el mismo debate en las páginas de una revista modestamente titulada Resúmenes sobre el período actual; aparecieron tres gruesos números entre enero y octubre con artículos firmados que trataban sobre las cuestiones económicas, políticas y tácticas. Su objetivo, escribía Ardachelia, era ”esclarecer los problemas de la época”. El restablecimiento del contacto con el exterior facilitó la tarea: el ”conjunto bolchevique leninista” logró enviar cinco cartas a la dirección clandestina de la fracción en la URSS y recibió cinco respuestas así como una decena de cartas y documentos escritos por los ”dos viejos”, Trotsky y Rakovsky[74].

En junio de 1930, la discusión había madurado lo suficiente como para que fuera posible intentar hacer un balance. Los dirigentes de la mayoría – a la que Ciliga denominaba ”la derecha” decidieron elaborar tesis. Estas serían las ” Tres Tesis”, redactadas por tres de los jóvenes dirigentes de la Oposición, Iakovin, Solntsev y Stopalov.[75] Su análisis de la situación en la URSS era el mismo que el de Trotsky. Reconocían la existencia de la ”crisis del bloque centro-derecha”, del conflicto que estaba al limite entre estalinistas y derechistas, pero subrayaban que se trataba sólo de ”una lucha administrativa del aparato para enfrentarse a las consecuencias de su propia política económica”, ”destinada al fracaso” y que ”impulsaba a todos los campesinos al lado de los kulaks”. Para ellos, los ”bandazos a izquierda”, episódicos y forzosamente limitados, se pagaban por otra parte a un precio muy elevado: el aplastamiento de la vida política del partido, el estrangulamiento de la izquierda y el aniquilamiento de las aspiraciones obreras que ella encarnaba. Subrayaban el carácter ”irracional” del plan quinquenal, burocrático, y afirmaban que era imposible construir el socialismo separándose de su base social, la clase obrera, y que esto era lo que consagraba el plan quinquenal.

Algunas semanas más tarde, bajo la iniciativa de Man Nevelson y Aaron Papermeister, fueron redactadas otras tesis de una corriente que Ciliga bautizaba ”centro”. La divergencia descan­saba en la política económica. El texto de los ”dos” se pronunciaba por el restablecimiento de la NEP, es decir, de relaciones puramente de mercado con el campesinado que los ”tres” no creían posibles. Poznansky, luego Dingelstedt, que llegó de Rubtsovsk, se unieron a las posiciones del ”centro”.

A principios de 1930 el grupo ”Bolchevique Militante” elaboró sus propias tesis, de las que desgraciadamente no conocemos por el momento más que los extractos citados por Iakovin y Ardachelia. Para éste, la URSS se había convertido en un freno al desarrollo del movimiento revolucionario mundial, y no era posible entonces hacer frente único ni siquiera con un sector de la burocracia. Las tesis excluían toda posibilidad de giro a la izquierda y se pronunciaban por ”la reforma del Estado por la acción directa de las masas”. Los ”bolcheviques militantes” constituían, en suma, una ”oposición” a la dirección de la Oposición, esta ”derecha bolchevique-leninista” de la que pensaban que estaba comprometida en una vía que llevaba a la capitulación. Pretendían ser la encarnación del ”bolchevismo militante ortodoxo”. En efecto, como señalaba Ardachelia, se situaban en algún plano entre los Bolcheviques Leninistas y los ”decistas”.

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La mayoría había avanzado en el curso de esta discusión. En mayo, sólo sesenta detenidos habían dado su consentimiento para firmar la declaración de abril de Rakovsky, mientras que cuarenta y siete se situaban en las posiciones de los ”Bolcheviques Militantes”. Pero las dificultades en la elaboración de las tesis de estos últimos tres meses, la llegada de las cartas de Trotsky en contradicción con las ideas que defendían, provocaron una primera ruptura, aquella de los siete promotores de la corriente. Cuando se conoció el texto de la declaración de abril, veinte militantes de los cuarenta y siete que la habían rechazado, se unen a la misma. A su llegada de Rubtsovsk, Dingelstedt, Abramsky y Antokolsky se unieron a la mayoría, pero sostenían también la necesidad de hacer desaparecer los organismos competitivos surgidos de las dos fracciones del ”conjunto”. A partir de esta posición, la mayoría decidió publicar ”La Pravda en prisión” – todos los meses o cada dos meses, bajo la forma de artículos impresos en cuadernos – mientras que el ”Bolchevique Militante” rehusaba desaparecer. La existencia de dos órganos que se reclamaban ambos del ”conjunto bolchevique-leninista de Verkhneuralsk” condujo fatalmente a la escisión que se produciría finalmente en 1931.

Los documentos emanados de los partidarios de la mayoría – Ardachelia y Iakovin – se refieren exclusivamente a la primera parte del año 1930. Para los años siguientes, no dispo­nemos de nada nuevo más que el testimonio, muy unilateral, de Ciliga. Partidario de la ”izquierda” – un derecho que aparentemente nadie le ha cuestionado – daba una imagen de sus adversarios absolutamente caricaturesca, hablando del ”espíritu de sumisión a los jefes”, diciendo que se trataba de ”un apoyo a la política oficial con ”crítica de sus métodos” cuyo único objetivo era ”la reforma por arriba” – e insistía pesadamente y un poco demagógicamente sobre el hecho de que los líderes de las otras tendencias habían surgido del Instituto de los profesores rojos.[76] Es importante entonces tomar con prudencia sus resúmenes de los hechos y sus juicios de valor, pero teniendo en cuenta la utilidad de algunas de las indicaciones que da.

Menciona por ejemplo el gran interés que la situación alemana despertaba entre los detenidos que seguían cotidianamente su desarrollo en Die Rote Fahne (Bandera Roja, el órgano del Partido Comunista Alemán – N.deT.), sobre las largas discusiones que sostenían sobre el fascismo, la clara conciencia que tenían de lo que estaba en juego en Alemania, y, este hecho confirma, involuntariamente sin duda, la homogeneidad de esta oposición en prisión y su acuerdo fundamental con las posiciones que Trotsky defendía desde el exilio.[77] Parece difícil creerle cuando afirma que había ”pánico” entre los trotskistas de Verkhneuralsk ante el anuncio de la llegada de Hitler al poder.[78] Se puede no obstante suponer que esos militantes que tenían un análisis correcto de la dimensión de los acontecimientos, comprendían el significado que tenía para el proletariado mundial y por consecuencia para ellos mismos. Notemos solamente que se aprovecha de pasada para ubicar a su camarada de prisión, el yerno de Trotsky, Man Nevelson, entre los ”patriotas un poco cansados de nuestro Estado Soviético”.[79] Asegura que en 1933, tras la victoria de Hitler, los decistas se pronunciaron por la IV Internacional y que fueron acusados por los ”bolcheviques militantes” de lanzar una consigna ”prematura” y ”demagógica”, mientras que la ”Pravda en prisión” mantenía, sin insistir demasiado, las posiciones tradicionales. El asunto fue de todos modos resuelto con la llegada a la URSS y a la ”cárcel de aislamiento” – del Biulleten Oppositsii que convenció a todos los bolcheviques-leninistas que había llegado el momento de abandonar el combate de ”oposición” en el camino de la ”reforma”, y que ahora había que construir nuevos partidos y la IV Internacional. Rápidamente se restableció la unidad entre los bolcheviques-leninistas.[80]

Sería sin embargo un error atenerse completamente al cuadro algo restringido y ligeramente deformado de Ciliga, e imaginar la vida política de la Oposición, al principio de los años treinta, en todas partes con las mismas características que en Verkhneuralsk. En otras partes, otras discusiones, tenían otro ritmo.

En primer lugar, algunos debates sobre hechos puntuales. Se sabe que en general los bolcheviques-leninistas se dividieron en torno al ”proceso Chakhty”, del cual algunos acepta­ban su autenticidad, otros denunciaban la fabricación y maquinación montada, según ellos, entre Stalin y el principal acusado, Ramzin.[81] Los días siguientes a la declaración del 29 de agosto y las semanas que precedieron a abril del 30 fueron consagradas a una correspondencia entre colonias que cubría todos los problemas políticos.

Discusiones apasionadas en torno a la colectivización y la industrialización se desarrollaron después de 1929. Al lado de los escépticos que no veían, en el mejor de los casos, en esta política más que un ”zig-zag maniobrero” que precedía a un inevitable giro a la derecha, otras interpretaciones se pusieron a la orden del día. Rakovsky, corrientemente considerado como escéptico en relación a las consecuencias socioeconómicas de la industrialización y de la colectivización, planteó no obstante la hipótesis de que éstas constituían para la burocracia un medio de acrecentar su poder y sus privilegios ya que ampliaban sus bases económicas y sociales.

En 1930, como un resurgir de los argumentos de algunos capituladores de 1929, reapareció la teoría según la cual industrialización y colectivización tendrían como consecuencia – automática – reforzar el ”núcleo proletario” del partido comprometiendo indefectiblemente, tarde ó temprano, a este último en la vía de la reforma. Era lo que decía Okudjava, criticado por Tsintsadzé[82] y a quien Trotsky hizo el honor de una mención crítica de pasada. Si aparentemente esta idea no encontraba casi eco en las filas de la Oposición de Izquierda auto-depurada, parece que las tesis de Rakovsky sobre una necesaria vuelta a la NEP como forma concreta de la ”retirada” preconizada por todos, dividieron profundamente a sus filas.

Muy pronto, y como en todo el mundo en el seno y ámbitos cercanos a un movimiento comunista en crisis, aparecieron teorías ”revisionistas” que los bolcheviques-leninistas debatieron con seriedad y sobre las cuales debatieron. Desde 1930, algunos de ellos defendieron y desarrollaron la teoría, ya sacada a luz por algunos decistas y sobre todo por los mencheviques, según la cual el Estado ruso seria considerado no ya como un Estado Obrero, sino como un ”capitalismo de Estado”: fue un economista de Kharkov, Vladimir Densov, antiguo alto funcionario del Gosplan[83] el que defendió esta tesis en 1931 en las filas de la Oposición. Otros rechazaron esta interpretación que ponía evidentemente en cuestión las bases mismas del programa y de la organización de la Oposición: veían no obstante la posibilidad de una evolución de este tipo en un futuro más o menos cercano..

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Por supuesto, una de las discusiones principales más concretas a la vez que más difíciles en el plano teórico, por el hecho de su total novedad, fue la que se planteó en 1930 sobre la cuestión de la naturaleza de clase del Estado soviético, y por lo tanto de la naturaleza de clase de la burocracia. En su declaración de abril de 1930, refrendada por Kossior, Muralov y Kasparova, Khristian Rakovsky escribió:

”Del Estado proletario con deformaciones burocráticas – como Lenin definía la forma política de nuestro Estado – avanzamos hacia un Estado burocrático con supervivencias proletarias comunistas.”[84]

Algunas lineas más abajo, definiría a la burocracia como ”una gran clase de gobernantes”, una ”clase original” cuya base está constituida por la ”posesión del poder del Estado”, ”un tipo original de propiedad privada”.

Este análisis provocó críticas y protestas. Desde el 5 de julio de I930, en nombre de los deportados de Kolpachevo, G. Khotimsky y A. Cheinkman atacaron vivamente:

“Pensamos que la burocracia no es una clase y que no se convertirá en eso jamás(…) La burocracia es el germen de una clase capitalista que domina el Estado y posee en forma colectiva los medios de producción”.[85]

Sabemos por otros deportados que Rakovsky continuó trabajando entre 1930 y 1932, esencialmente sobre la cuestión de los ”peligros del poder” ya abordada en su célebre carta a Valentinov de agosto de 1928. Se menciona entre otros trabajos suyos uno que jamás ha salido de la URSS, ”Las Leyes de la acumulación socialista durante el período ”centrista” de la dictadura del proletariado” y ”Las Leyes del desarrollo de la dictadura socialista”.

Debatiendo el conjunto de esta cuestión bajo el seudónimo de N. Markin, León Sedov, después de haber recordado las posiciones de Rakovsky y las de los deportados de Kolpachevo, mencionó las tesis de ”un camarada autorizado, encerrado en una ”cárcel de aislamiento”, que propuso contentarse por el momento con la fórmula de ”blindaje burocrático de la dictadura del proletariado”.[86]

No sabemos nada más sobre una discusión que sin duda duró hasta la muerte de los dos últimos militantes de la Oposición de Izquierda.

 

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[70] Vladimir M. Smirnov (1887-1937), miembro del partido en 1907, dirigente en Moscú en 1917, comisario del quinto y luego del diecisiete ejército, trabajó luego vinculado a la economía. ”Decista” en 1920, se unió a la Oposición unificada en 1926, luego rompió con ella. Timotei V. Sapronov (1887-1939), pintor en construcciones, miembro del partido en 1912, impulsor del grupo ”decista”, había capitulado en 1928, luego fue arrestado nuevamente.

[71] Pueden encontrarse en los ”papeles de exilio” de Harvard dos textos, copias, muy cercanos la una de la otra que son informes sobre la vida política en la ”cárcel de aislamiento” de Verkhneuralsk. Uno (número 16927) está firmado por Iakovin y Ardachelia, fechado el 11 de noviembre de 1930, el otro (número 16832), firmado por ”A.” – evidentemente Ardachelia y no fechado. Parece que los dos hombres hubieran dejado la ”cárcel de aislamiento” y encontrado enseguida una posibilidad de hacer llegar un informe a Trotsky, salvo la referencia a Ciliga, las informaciones dadas en las páginas siguientes provienen de los textos de Ardachelia y Iakovin y hemos evitado multiplicar las notas de pie de página.

[72] A. Ciliga, op. cit., p. 170.

[73] Ibidem, p. 237, (SFIO-Sección Francesa de la Internacional Obrera – Partido francés de la Segunda Internacional. En 1936, después de largas discusiones, Trotsky convenció a la sección francesa de la IV Internacional, la LCR, de aplicar la táctica del entrismo en la SFIO, con el objetivo de arrancarle una fracción de izquierda cuando los trabajadores franceses se estaban radicalizando y entrando en masa en ese partido – N de T.) El autor precisa que los trotskistas han estado informados, pero no han ”sabido interpretar” la entrada en la SFIO. Esa no es la opinión de Víctor Serge que escribe a su llegada a Francia: ”La entrada de nuestros camaradas en los partidos socialistas, que yo sepa, no ha provocado vivas discusiones (…) Solamente se han preguntado si dentro de los partidos socialistas nuestros camaradas podrían mantener su fisonomía política. Con esta condición, hemos estimado que era justo unirnos a los grandes partidos de masas” (carta a Trotsky del 27 de mayo de 1936, Biblioteca del Colegio de Harvard, 50133, con el permiso del Colegio de Harvard).

[74] Iakovin y Ardachelia subrayan en su informe del 11 de noviembre de 1930, luego de haber mencionado que las cartas de Trotsky han llegado a la ”cárcel de aislamiento” con dos y cuatro menes de retraso: ”Estos retrasos nos han sido muy útiles; nos han permitido verificar la línea y las posiciones que habíamos elaborado y formulado por nosotros mismos. Y frecuentemente hemos constatado con placer que, frente a los mismos acontecimientos, el desarrollo del pensamiento y las formulaciones eran los mismas en las islas del Ural que en Prinkipo… Es para nosotros la alentadora prueba de los lazos que unen a nuestra corriente más allá de las distancias.” (Biblioteca del Colegio de Harvard, 16927, con el permiso del Colegio de Harvard).

[75] Se trata del texto publicado en el anexo del nº 6 de los Cahiers León Trotsky (N. de T), de largos extractos titulados “La Crisis de la Revolución” sacados de R Q. donde llevaban la firma de ”X.Y.Z.”. Este ”Texto de los Tres”, llamado también ” Tres tesis”, fue identificado a través de una serie de verificaciones basadas en la declaración de Trotsky ante la comisión Dewey.

[76] A Ciliga, op. cit, p. 176-177 y 102.

[77] Ibidem, p. 170 y 236.

[78] Ibidem, p. 237.

[79] Ibidem.

[80] A. Ciliga, op. cit., p. 235, sitúa esta unificación en el verano de 1933 e indica que Solntsev y Kamonetsky fueron, cada uno por su lado, sus promotores. Plantea también la formación de un grupo de trotskistas de ”extrema derecha” (Melnais, Barkin, Millmann) y, por otra parte, la unificación, al margen del “conjunto”, de los elementos izquierdistas (ex-”militantes” y ex-”decistas”) en una ”federación de comunistas de izquierda”.

[81] Leonid K Ramzin (1877-1948), ingeniero y profesor, condenado a muerte en 1930 por haber ”confesado” ser uno de los dirigentes de los saboteadores y conspiradores del ”partido industrial”, vio su pena conmutada a diez años de prisión en el curso de los cuales continuó sus trabajos científicos. Retomó su cargo de educador en 1944.

[82] Cf. la carta de KM Tsintsadzé a MN Okudjava, 10 de febrero de 1930, Harvard, 15526, cf. documentos, p. 115-120.

[83] A. Ciliga, op. cit.,p. 179-200.

[84] Cf. documentos, p. 90-103.

[85] La carta de Khotimsky y Cheinkman está incluida en una correspondencia de la URSS firmada L. Trigubov (Harvard, 17308 infra, documentos, p. 177). Trigubov, que Ciliga presenta como un viejo militante de Kiev, es presentado por Sedov como ”el corresponsal en Moscú de la Oposición”.

[86] Biulleten Oppositsii número 14, agosto de 1930.

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