Una vez más en torno  al “Materialismo” de Marx II

“Si queremos elaborar un concepto riguroso de la Dialéctica, esta no puede ser un mero Método”

(Theodor W. Adorno, ‘Einführung in die Dialektik’, 1958)

Materialismo en Marx entonces sería desde la reconstrucción de BE el proceso fundante de ‘metabolismo’ práctico entre el hombre y la naturaleza”, un segundo momento, ya que el momentum Dialéctico es el que fijaría en primer instancia la “aprehensión la objetividad como proceso o praxis fundante de toda relación sujeto-objeto”. ¿Es una postura correcta con el pensamiento de Marx? El intento de reconstrucción del Materialismo marxiano encuentra problemas en la propuesta de BE. El primero es su sugerencia de traducción, en especial del término técnico Sinnlichkeit, que es transcripto como Materialität, “Materialidad”, con lo que se pierde la especificidad de la discusión filosófica-política además de la connotación feuerbachiana del concepto. Sinnlichkeit es “Sensualidad” (es la traducción de la palabra latina sensualitas), que juega un rol emancipatorio fundamental en Kant (quién la introduce en la discusión filosófica moderna) y en la Antropología materialista de Feuerbach, sin comprenderla nos resulta imposible captura la novedad de la posición materialista marxiana y la crítica antiespeculativa. Para Marx la Kritik positiva-humanista-naturalista de Feuerbach (asentada no en la Materialität sino en la Sinnlichkeit, y por ello antiespeculativa) es la única que contiene desde Hegel una “revolución teórica”, y que posee las grandes líneas maestras para la crítica a toda Metafísica. Es más: afirma que la Sensibilidad es la base de toda Ciencia.

El texto IF alcanza, desde los hombros de Feuerbach, el concepto de praxis social, entendida en su doble carácter: epistemológicamente como Konstitutionproblematik, como Problemática de la Constitución de un Mundo de experiencia sensible intersubjetiva e históricamente dado; y políticamente, como actuar revolucionario transformador de ese Mundo “naturalizado” por la Ideología. Para Marx, creemos, ambos momentos no pueden separarse ni conceptualmente, ni lógica, ni históricamente (es irreductible a un Monismo fisicalista o naturalista). En esto Marx es un esencialista aristotélico. El elemento dialéctico (al que debe, sí o sí, remitirse la fundamentación de la Teoría revolucionaria, subversiva) no es sino la tentativa de comprender las contradictoriedades objetivas que residen en la realidad. La parcialidad epistemológica de Feuerbach (que aunque superior al Materialismo mecánico anterior no logra captar la Sinnlichkeit como actividad humana sensible, práctica) frente a cualquier resultado empírico se revela como política, desemboca en un Realismus ingenuo. Los “hechos”, la misma Naturaleza, reposan sobre acciones colectivas pasadas, suponen siempre una actividad de la Totalidad, la certeza sensible misma ha sido producida socialmente. Marx reivindica, en IF, que Materialismo e Historia no pueden darse separadamente, ni alternadamente en momentos secuenciales o paralelos. No se trata de re-establecer un nuevo dualismo abstracto, esta vez del lado de la Materia. El “objeto sensible” (no materiell) feuerbachiano jamás llega a ser una “actividad sensible” en tanto fuerza productiva histórica. El ataque en IF es contra la ilusión política (en este caso de los “socialistas verdaderos”, por ejemplo como Karl Grün, guiados por la influencia de una lectura ligera de Feuerbach) que se podría resolver las antítesis teoréticas en el interior de la Teoría misma, o por una demarcación crítico-discursiva. Por eso praxis en IF (contra el ad usum lingüístico) no consiste en la “realización” de un discurso teórico ya acabado, de alguna manera anterior y pre-existente a ella misma, sino que su cumplimiento concreto es en-sí teórico, o lo que es igual: el discurso teórico como siendo “ahí”. La praxis en el Marx de IF, la tesis II, no solo es el criterio de verdad de nuestros juicios, en esto sigue a Feuerbach,[1] sino (para que en general pueda llega a ser esa demarcación fundamental) sobre todo una acción constitutiva del objeto, y objetiva por su parte (Marx le recrimina a Feuerbach que no entienda a la acción humana como gegenständliche Tätigkeit), que entra en el contenido sensible del ser objetivo experimentado y sentido. La praxis es inmanente-trascendente a la Teoría, ni esclava de una demarcación teórica ni subyugada a la inercia de la nuda materia. De ahí la afirmación de Marx, que contradice in toto al marco escolástico-mecanicista del DiaMat, que la coincidencia (unidad, Einheit) entre la alteración de las circunstancias y la actividad o la automodificación humana solo puede ser aprehendida y racionalmente entendida como “práctica revolucionaria”. La “aprehensión teórica” del proceso fundante no debe realizarse como si fuera un proceso básicamente material, sino práctico-social. La “materia” yacente en todo caso no una variación del Materialismo mecánico-burgués, sino “existencia objetiva social”. Del otro lado, Marx (como el propio Hegel) utiliza muy poco el sustantivo Materie (Materia), excepción solitaria de su Dissertation doctoral de 1841, y mucho menos Materialität; como adjetivo materiell aparece en contextos bien definidos, en el sentido de algo físico o que tiene propiedades espacio-temporales (materielle Existenz, materielle Lebens o materielles Substrat), pero nunca como enfrentada a la Forma (Form), por lo que resulta muy dificultoso utilizar a Marx para la fundamentación de algún tipo de Ontología materialista o fisicalista. Incluso Materialismus es poco utilizado por Marx, prefiere en esa época tanto el de Humanismo positivo como real (positiv und reale Humanismus) como el de Naturalismo, y cuando aparece tiene un sesgo negativo y represivo (en relación con el egoísmo de la sociedad civil, del sistema de necesidades burgués). En el texto inmediatamente anterior, La Sagrada Familia, en la famosa breve historia del Materialismo, Marx reconoce con cautela una “conexión necesaria” (notwendigen Zusamenhang) entre Materialismus y el Comunismo y el Socialismo, aclarando que la Teoría del Materialismo debería ser, para poseer status científico, desarrollada en dos direcciones: como Teoría del Humanismo real (realen Humanismus) y como Base lógica (logische Basis) del Comunismo. En el Manuskripte de 1845-1846, en La Ideología alemana, el término Materialismus tiene el significado preciso de Empiricismo, de Idealismo materialista (materialen Idealismus). No es lo abstracto de la Materia sino lo concreto (entendido hegelianamente como algo con múltiples determinaciones) de la praxis social el verdadero objeto del (nuevo) Materialismo de Marx. En el Marx maduro sigue resonando esta interpretación, en Das Kapital sigue criticando “las fallas del Materialismo abstractamente científico-natural, que excluye el proceso histórico, se puede ver ya en las concepciones abstractas e ideológicas de su portavoces, tan pronto como éstos se arriesgan más allá de su especialidad”. La idea de BE que en el IF se explicita la Dialéctica como decisiva en el desvelamiento del “sentido en lo real”, en el Mundo, resulta al menos arriesgada y influenciada por la idea parametafísica de Ernst Bloch. El método dialéctico marxiano es, por raro que suene, no-teleológico, la Historia de los hombres no es una estructura de sentido espiritual y unitaria, esperando ser des-velada (Hegel, Heidegger). Por eso la Dialéctica, como decía Adorno, no puede ser (no lo es) la tentativa, esquemática, mecánica, de acercar un Todo desde afuera para entender el fenómeno material porque a partir de sí mismo no se lo puede entender, sino que [se trata] de echar luz sobre el fenómeno material singular de tal manera, permanecer en el fenómeno, determinar el fenómeno hasta que, por esta determinación, en sí, se exceda a sí mismo, volviéndose transparente contra ese Todo “natural”, contra ese Sistema dentro del cual, y solo allí, encuentra su valor relativo. Para Marx, quién evita la hipostatización panteísta de la Historia, el Mundo no esta sometido a ninguna Idea unitaria que le “done” sentido, sólo es válido (e incluso circunstancialmente) el punto de vista finito-teleológico: se trata de fines limitados de hombres finitos, condicionados en el espacio y el tiempo, arrojados en los dominios delimitados de un Mundo naturo-social. No existe ningún significado, ni sentido separado de la mediación del Trabajo de los hombres. Por lo tanto, el Mundo no puede contener más sentido que el que los hombres hayan logrado practicar mediante la organización de sus relaciones vitales.


[1] Según la feliz fórmula epistemológica feuerbachiana: “La duda que la Teoría no te resuelve, te la resuelve la Praxis”, en: Fragmente zur Charakteristik meines philosophischen curriculum vitae, 1846, p. 178.

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