Acampe de los trabajadores de EMA y Argencobra

Una postal de la realidad que viven los trabajadores

La noche más fría del año encontró el acampe en un ambiente de confraternización con los activistas que vinieron a acompañar su lucha. Forjando lazos para enfrentar una realidad que el gobierno no quiere ver: la tercerización laboral.



Madrugada. Amanece en la ciudad de Buenos Aires luego de la noche más fría en lo que va del año. El microcentro comienza a transformarse progresivamente del desierto de concreto que es por la noche a la marea de oficinistas y empleados de comercio, albañiles, trabajadores, transeúntes, que caminan embarbijados con apuro hacia sus puestos de trabajo.

A una cuadra del congreso el tránsito está cortado en la esquina de Callao. Es por una buena causa. Trabajadores de EMA y Argencobra, empresas tercerizadas de Edesur, mantienen un acampe frente a las puertas del Ministerio de Trabajo exigiendo su reincorporación y pase aplanta. Denuncian haber sido «descartados» luego de exigir ser pasados a planta permanente. Un destrato para un colectivo de trabajadores que eran considerados «esenciales» durante el primer impacto de la pandemia.

Edesur pasó de ignorar cualquier responsabilidad amparándose en los contratos de los trabajadores con las empresas tercerizadas, a finalmente hacerse presente en las últimas negociaciones, reconociendo de hecho que quienes reclaman son empleados (tercerizados) de la empresa. Pero la empresa no se muestra dispuesta a reincorporar a los trabajadores. Ofreció arreglar retiros voluntarios por un monto fijo, para que los trabajadores acepten los despidos y poder seguir precarizando. El Ministerio de este gobierno que se dice popular le cubre la espalda a esta nefasta empresa que recibe subsidios millonarios, apoyando esta falsa solución. Los trabajadores tienen hijos, tienen familias. Las familias de los trabajadores necesitan alimento todas las semanas, aceptar los retiros voluntarios es pan para hoy y hambre para mañana.

Ayer a las 10 am la concentración frente al ministerio alcanzó su mayor convocatoria. Unas 600 personas desplegaron sus banderas de agrupaciones sindicales y políticas frente a las puertas del ministerio. Sonaron bombos y enérgicas canciones con consignas. De la vereda de enfrente, 8 camiones repletos de policía y la amenaza de la represión. El jefe del operativo, un compadrito de placa y gorra, boconeó: «pórtense bien o los vamos a reprimir como en Puente Pueyrredón», un provocador. El Ministerio no quiere banderas rojas, sólo sindicales, buscan cortar los lazos con los sectores que pelean consecuentemente hasta el final junto a los trabajadores, como las organizaciones de Izquierda y sindicales como el SiTraRepa (nuevo sindicato de repartidores de Apps). Desde el ministerio amenazaron: «si el conflicto se torna polítco va a haber represión».

Manuela Castañeira fue una de las referentes de Izquierda que se acercó a apoyar la lucha de los trabajadores.

Pero lejos de desalentarse, los trabajadores de EMA y Argencobra tienen claro, por la experiencia que vienen haciendo, que la unidad con los que luchan consecuentemente es el camino para torcerle el brazo a la empresa y el gobierno. La noche más fría del año encontró a los tercerizados en un ambiente de confraternización con los activistas de que vinieron a acompañar sula lucha. Entre los gacebos guiso compartido entre todos. Se tocó la guitarra y se jugó al truco. Luchar es hermanarse con otros, reconocerse colectivamente, forjar en cada ocasión la unidad de clase que aumente la fuerza para aguantar y para vencer. Hacer nuevos amigos y compañeros de lucha. Es justamente esta confraternización, estos lazos de unidad, los que el gobierno quiere evitar, porque el aislamiento debilita a los trabajadores y los deja indefensos frente a las instituciones del Estado, donde siempre la lapicera de los funcionarios escribe la última palabra.

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La precarización no es una situación aislada que ocurre en algunas pocas empresas. Es un fenómeno estructural del que son garantes el gobierno, los sindicatos tradicionales y las empresas, que genera ganancias millonarias a costa de pisotear los derechos de los laburantes. Los millones de precarizados que hay en nuestro país (se estima que 1/3 de los trabajadores) son obligados a trabajar por la mitad o un tercio de lo que gana un trabajador de planta. Empezó con la dictadura y el neo-liberalismo menemista, y siguió avanzando con todos los gobiernos. La precarización cuestiona todas las conquistas históricas que la clase trabajadora supo ganar con sus luchas: vacaciones, aguinaldo, descanso dominical, pago de las horas extra, etc. Porque para los tercerizados muchos de estos derechos no existen.

Son obligados a realizar las mismas tareas que otros trabajadores en peores condiciones de seguridad, con menos derechos, por menos salario, y bajo amenaza permanente de despido. Esto permite que las patronales los exploten al máximo generando una tensión psicológica y una presión económica que puede generar graves accidentes, como el caso del joven tercerizado de la fábrica de neumáticos Pirelli que falleció atrapado por una máquina que no tenía el mantenimiento adecuado para ser segura. Corregimos: no son accidentes, son asesinatos laborales impulsados por el afán de ganancia inhumana por parte de las patronales, con la complicidad del gobierno y las burocracias sindicales.

El Ministerio de Trabajo amenazó con reprimir «como en el Puente Pueyrredón».

Los trabajadores de EMA y Argencobra cumplían tareas de mantenimiento para Edesur. No hace falta explicar que trabajar con electricidad es peligroso. Hay que colgarse de los postes, hay que saber como manejar los cables que van con voltajes mortales. La precarización implica, en estas condiciones, arriesgarse a la electrocución por un salario de hambre, sin las condiciones adecuadas para preservar la seguridad en el trabajo.

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Además, la precarización cumple la función de fragmentar de la clase trabajadora al dividir gremialmente, al generar competencia entre los mismos, al fragmentar su representación sindical y los reclamos. Divide porque la patronal le dice al trabajador de planta que el  precarizado puede cumplir su tarea por menos salario, y porque el precarizado puede ver al de planta como un privilegiado. Y afecta al conjunto de la clase porque los bajos salarios de los precarizados tiran para abajo al conjunto de los salarios obreros. Uno de los principales reclamos de los compañeros es el reencuadramiento gremial en Luz y Fuerza, condición para unificar su lucha a la de los efectivos.

Esta división puede ser superada con la lucha en las calles y por eso las acciones de lucha como el acampe frente al ministerio son tan importantes. Mientras los sindicatos miran para otro lado y el gobierno avala que se avasallen derechos que ya están en las leyes laborales de nuestro país, por abajo comienza a surgir la coordinación. Además de EMA y Argencobra, están los tercerizados del Ferrocarril San Martín, están los repartidores de las Apps que hoy impulsan su nuevo sindicato, el SiTraRepa, los sectores que cortaron Puente Pueyrredón el viernes pasado, logrando que su acción sea noticia en todos los medios.

Pero además están los miles de trabajadores que están pasando por la misma situación y para los que el triunfo de los tercerizados de Edesur puede significar un punto de apoyo para comenzar sus propias luchas por sus derechos. Derechos que están completamente ausentes de los discursos del gobierno nacional y todas las fuerzas patronales.

El acampe sobre Callao es una postal que exhibe una realidad que el gobierno no quiere ver. La realidad de miles de trabajadores y trabajadoras que sufren el deterioro de sus condiciones de vida al ritmo de la crisis económica, que sufren la explotación y que pisoteen sus derechos. Hay que apoyar su lucha porque si ganan ellos, ganan todos los trabajadores.

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