Hijos/as Desobedientes es un agrupamiento que lucha por más Memoria, Verdad y Justicia, enfrentando a sus padres ejecutores del genocidio de la última dictadura, y en este caso la protagonista es la hija de uno de los genocidas de los vuelvos de la muerte.
“Seré una poeta cruzando el río –anticipa–. No es un río cualquiera y sus aguas no son unas aguas más: el Río de La Plata guarda un secreto y una historia de horror que necesitamos rescatar” dijo a Página 12. Ella se prepara para realizar una travesía desde las playas argentinas hasta las uruguayas, para repudiar los vuelos de la muerte y reivindicar a sus víctimas. Se llama Erika Lederer, tiene 49 años y se está entrenando para realizar esa travesía a nado.
Su padre fue un genocida de “marca”: Ricardo Lederer, quien fue el segundo jefe en la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo. Desde allí inyectó sedantes a las víctimas y atendió partos, cuyos bebés fueron sustraídos. Erika supo de las atrocidades cometidas en primera persona, contadas por su padre frente a sus pares. También sufrió en carne propia sus golpizas. El horror y el odio los transformó en lucha contra la impunidad y allí se asoció al colectivo Desobedientes.
Los conocidos como ‘vuelos de la muerte’, realizados por aviones militares que salían de Campo de Mayo, supieron ser una forma de exterminio consistente. El objetivo de esta práctica era que las personas arrojadas al mar se ahogaran o fueran devoradas por criaturas marinas y de este modo, se las diera por desaparecidas.
Fue así que desde 1976, comenzaron a aparecer cadáveres en la costa este de Uruguay. Los cadáveres fueron enterrados rápidamente, sin embargo, los médicos forenses señalaron en la época que la causa de la muerte no había sido el ahogamiento, la mayor parte de las veces, la muerte se producía como consecuencia de un choque desde gran altura.
La acción de protesta de Erika es contra los genocidas y sus crímenes. También contra el gobierno nacional y “para acompañar las luchas en curso”, como parte del repudio a su propio despido en el Ministerio de Justicia. Un gesto simbólico de 42 km de recorrido con un profundo significado humano y político. El mensaje que ella quiere irradiar con su esfuerzo personal físico es demostrar la fuerza de la vida, de la verdad, de las convicciones, frente al horror.
Cada brazada es un aliento a la vida, a la supervivencia, atacando al sufrimiento, el horror y la muerte que sembraron los genocidas. “La vida va a imponerse”, expresa con energía, imponiéndose al horror y el exterminio que ellos impusieron.
Como hija de genocida, lo conoció entre las paredes de su propia casa. Allí es donde ella vivió el espanto de sus delitos aberrantes, al conocer de la boca de su propio padre, cuando hablaba con sus pares, los crímenes y secuestros que realizaba él junto a ellos.
Saludamos su iniciativa, su muestra de fortaleza y de lucha contra los genocidas.




