Medidas para combatir la pandemia

Un sistema único de salud público y gratuito para enfrentar la pandemia

Con un sistema a punto de colapsar, con cientos de muertos todos los días en nuestro país, es urgente que se cambie radicalmente este paradigma de mercantilización de la salud y se avance rápidamente a un sistema único de salud pública y gratuita.



Luego del inicio de la pandemia se pudo notar lo desguazado que están los sistemas mundiales de salud en general y el de Argentina en particular. Son años, décadas, de desfinanciamiento las que anteceden a las postales de hospitales públicos destruidos, faltos de insumos básicos, con sueldos bajos y jornadas extenuantes. La contracara de este modelo, en apariencia, es muy distinta: Sofisticadas clínicas privadas en confortables edificios, con costosas cuotas de prepagas, condiciones de atención más cómodas para quienes pagan y los sueldos de los trabajadores… también bajos, en eso se parecen. 

Esta larga historia de robo a la salud pública comenzó a finales de los 60 y principio de los 70, con el comienzo del neoliberalismo. Se acentuó en los 90 en el menemismo, con la descentralización, las privatizaciones y la mercantilización.

En resumidas palabras, el menemismo traspasó gran parte de la función del cuidado de la salud de la población a las provincias, municipios y al sector privado. En los dos primeros casos, los estados provinciales y municipales se deberían hacer cargo del funcionamiento de los hospitales, pero no se aumentaban las partidas presupuestarias nacionales de manera acorde.

En relación a las obras sociales, en los noventa se desreguló su actividad y cada persona puede elegir, según el tamaño de su billetera y su cuenta bancaria, a cual se afiliará.  Esto generó una brutal desigualdad que se profundiza al ritmo del avance de la pobreza en nuestro país: Pacientes de primera con prepagas caras y amplias coberturas, pacientes de segunda con obras sociales baratas que manejan los sindicatos con menos cobertura y pacientes de tercera atendidos enteramente por el sistema de salud pública que se cae a pedazos, en el cual llegan a esperar meses por un turno. 

El lector kirchnerista que no me conozca ya, debe estar ansioso de que llegue al año mágico, al 2003 en el que Néstor nos mostró su sueño de igualdad y prosperidad, pero me temo que las cosas no fueron así: No se tocó en lo absoluto la herencia menemista, se creó el “Plan Federal de Salud” que continuaba con el trabajito de descentralizar la salud y se avanzó en un régimen laboral precarizado para los trabajadores.

Durante el kirchnerismo lo que primó fueron los contratos temporales en los que los trabajadores son monotributistas y se puede “prescindir” de ellos cuando le parezca a las direcciones hospitalarias y al gobierno de turno. Obviamente el macrismo recogió esa ayuda que le dejó el kirchnerismo y despidió miles de trabajadores de la salud. En el caso del Hospital Posadas, el hospital nacional más grande del país, no contó con la fortaleza de los trabajadores, quienes después de años de lucha lograron su reincorporación. El presupuesto en salud durante el kirchnerismo y el macrismo fueron siempre de ajustes por vía de la inflación. Siempre se decía que estaban aumentando la partida presupuestaria, pero esos “aumentos” siempre o casualidad, estaban por debajo del índice inflacionario. 

En síntesis, que hoy el sistema de salud esté a punto de colapsar es en gran parte responsabilidad de todos los gobiernos desde fines de los 60 hasta la fecha. Algún kirchnerista dirá que se hizo tal o cual hospital, pero eso no significa que en los doce años k se haya frenado ni mucho menos revertido la debacle de la salud. 

Lo más grave de todo fue el cambio de paradigma, la victoria hegemónica sobre el sentido común: Está totalmente naturalizado que la salud es parte de un negocio, algo que se compra y se vende, algo que da ganancias, algo con lo que se puede especular, una mercancía que unos tienen y que otros aspiran a tener. Esta lógica de la salud mercantilizada es parte de toda la cadena del sistema de la salud.

Por ejemplo, en materia de investigación, algunos laboratorios estaban más preocupados al principio de la pandemia en terminar sus nuevas fórmulas del Viagra que en comenzar la investigación de la vacuna contra el Covid. Solo después de la masificación de la enfermedad y de los contratos con cláusulas secretas, firmadas con los gobiernos, en los que prácticamente solo se comprometen a hacerse millonarios, comenzaron a investigar y a producirlas en tiempo récord.

Por otro lado, ya en otras notas no hemos referido a la necesidad de la liberación de las patentes para la producción y vacunación masiva, única forma de salir de la pandemia. El único criterio para no llevar adelante esta medida tan necesaria, es proteger las cuentas bancarias de un puñado de laboratorios. 

Con un sistema a punto de colapsar, con cientos de muertos todos los días en nuestro país, es urgente que se cambie radicalmente este paradigma de mercantilización de la salud y se avance rápidamente a un sistema único de salud pública y gratuita. Hay que arrancar de las manos del mercado la prestación de la salud de la población, para poder disponer de todos los recursos, muchos, hoy en manos privadas.

Hay que poder planificar un plan estratégico de atención a quienes la necesiten en función de reducir los niveles de mortandad. Si alguien necesita con urgencia un respirador, no podemos estar pidiendo el carnet de su obra social, tenemos que poder llevarlo al hospital más cercano y saber, que ese al igual que todos, tiene los insumos y el la cantidad de profesionales y trabajadores de la salud necesarios para atenderlo. Para todo esto hace falta financiamiento, no es solo un problema de planificación.

No se puede gastar un dólar más en deuda externa. No es momento de preocuparse de lo que diga el FMI, el Club De París o los Bonistas privados. Es momento de virar y poner todos los recursos económicos, de infraestructura y nuestro personal de salud al servicio de vencer al Covid. Para eso, la primera línea, los trabajadores deben cobrar un sueldo igual a la canasta básica familiar y se debe tomar más personal para no sobrecargar a los mismos que vienen resistiendo sin recursos desde el 2020.

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