XXI Conferencia Internacional de la corriente SoB

Un mundo en combustión que alimenta el retorno de la revolución

Entre el 21 y 24 de febrero, se llevó a cabo la XXI Conferencia de la Corriente Internacional Socialismo o Barbarie (SoB). Con delegaciones de Estados Unidos, Francia, Brasil, Argentina y Costa Rica (en modalidad presencial y virtual), el evento discutió a fondo sobre las principales tendencias de la situación internacional, los desafíos para la izquierda revolucionaria en la actual etapa y las enormes perspectivas constructivas que se abren para nuestra corriente y las organizaciones que la integran, así como nuestras tareas y el calendario para el próximo período.

Asimismo, la reunión estuvo precedida por el VI Campamento Anticapitalista Internacional, el cual se realizó del 14 al 17 de febrero en Luján. Este evento reunió a cientos de jóvenes estudiantes y trabajadores procedentes de todo el país, además de que contó con delegaciones internacionales de los países anteriormente indicados.

Particularmente significativa fue la participación de Martín Manteca, dirigente sindical del SEIU 721, fundador de California Gig Workers Union, organizador del Congreso Internacional de Trabajadores por Plataforma y protagonista de la resistencia contra las redadas del ICE de Trump. Con sus exposiciones en las charlas y talleres tendió un puente directo entre el Campamento Anticapitalista y el proceso más importante de la lucha de clases a nivel mundial en este momento, lo cual elevó la calidad política de un evento que, dicho sea de paso, es único en su estilo en América Latina, pues ninguna otra corriente realiza algo que se le compare (no en balde, el Campamento Anticapitalista es un punto de polarización permanente en la Argentina con Adorni y los libertarios, que lo referencian como un objetivo de su “batalla cultural”).

Panel de la mesa «ICE, Trump y una rebelión que puede cambiar la Historia», realizada en el marco del IV Campamento Anticapitalista Internacional. Entre los participantes estuvo Martín Manteca del SEIU, Roberto Saénz, dirigente de corriente SoB, y Manuela Castañeira, referente del Nuevo MAS.

A continuación, haremos un breve repaso de los principales puntos que se discutieron en la cita internacionalista de SoB.

Entre la combustión y la revolución

El mundo del siglo XXI es muy diverso y se asemeja a un caleidoscopio social. Se puede tratar de interpretar desde el punto de vista estructural, el cual tiene muchos matices y desorienta la mirada. También, se puede apreciar por el ángulo de la lucha de clases, el cual es mucho más dinámico y nos facilita un abordaje más ordenado.

En vista de lo anterior, vamos a puntear algunas definiciones partiendo del factor dinámico (lucha de clases) para luego pasar al estructural (Estados, geopolítica, etc.).

La primera es que se acentuaron los rasgos de polarización política. Basta ver las noticias para percibir que creció el “desde abajo”, lo cual representó un cambio con lo que venía sucediendo en los últimos años, durante los cuales la geopolítica fue el elemento determinante a la hora de evaluar los desarrollos de la situación internacional.

Lo anterior se acentuó tras la llegada de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025, dado que su mandato se tornó un factor disruptivo que potenció la disputa entre las potencias imperialistas. De esta forma, las pugnas entre los grandes Estados determinaron la coyuntura previa.

En los últimos meses, por el contrario, irrumpieron una serie de eventos de la lucha de clases que, para decirlo con el argot futbolístico, “nivelaron la cancha” y tornaron la polarización menos asimétrica. Es decir, ya no imperan solamente la geopolítica y los manotazos reaccionarios de Trump (aunque siguen presentes ese tipo de eventos con el ataque a Irán); también entran en escena eventos disruptivos desde abajo y por la izquierda.

Para ilustrar mejor esta idea, basta realizar un simple ejercicio de contraste. Al genocidio sionista en Gaza se le contrapuso la huelga general en Italia en octubre de 2025, la cual tuvo un altísimo acatamiento en sectores claves de la economía y movilizó a dos millones de personas en solidaridad con el pueblo palestino y contra el genocidio. Otro ejemplo, y este es muy singular, es lo que sucede en los Estados Unidos, pues a las redadas migratorias racistas y xenófobas del ICE en los Estados Unidos, se le opone un creciente movimiento de resistencia social por abajo, tal como se expresó en la batalla de Los Ángeles en junio pasado y, más importante aún, los hechos recientes en Minneapolis.

Aunque por ahora no hay reversión de la coyuntura reaccionaria, sí hay más elementos de respuesta y más radicalizados de lo habitual. Como solemos decir desde nuestra corriente, las sociedades son cuerpos vivos y, ante la profundidad de los ataques reaccionarios de la extrema derecha y las burguesías, es inevitable que en determinado momento reaccionen y se defiendan.

Esto nos conduce a una segunda definición, a saber, que hubo eventos que desbordaron la institucionalidad desde la izquierda. El caso más claro son los hechos de Minneapolis, una ciudad sitiada que reaccionó ante la ocupación de las fuerzas trumpistas del ICE.

Al leer las crónicas del proceso de organización desde abajo y por fuera de la institucionalidad, resulta claro que en esta ciudad se reprodujeron elementos de “Comuna”, con miles de personas asistiendo a clases gratuitas de autodefensa civil y poniendo en pie un sistema de vigilancia comunitaria para reportar la presencia de agentes de migración encubiertos. Fue una forma de resistencia “paraestatal” al ICE, una fuerza represiva estatal que también presenta rasgos “paraestatales” (por ejemplo, sus agentes andan con el rostro cubierto y sin identificación).

Aunque en una escala diferente, en esta tipología de eventos disruptivos entra la jornada del 11 de febrero en Buenos Aires, la cual tuvo como eje el rechazo a la contrarreforma laboral esclavista de Milei y que fue duramente reprimida por el gobierno. El Nuevo MAS, con su juventud ¡Ya Basta! y delegaciones de la corriente SoB que estaban en el país para participar del Campamento Anticapitalista, estuvo en la primera línea del enfrentamiento a la represión.

Campamento anticapitalista
Representantes de las delegaciones internacionales de SoB en el IV Campamento Anticapitalista Internacional, durante la charla «Internacionalismo y anticapitalismo en el siglo XXI».

Inmediatamente, se anunció el cierre de FATE por parte de Madanes, provocando el consecuente despido de 920 obreros. Ante este ataque, los trabajadores irrumpieron en las instalaciones de la fábrica en defensa de sus puestos de trabajo. Esta acción y la ida de un sector de los compañeros a los medios (sobre todo de la Lista Marrón), obtuvo una enorme repercusión nacional y sirvió para que la lucha de los obreros de FATE se transforme en un “caso testigo”, cuyo desenlace tendrá repercusiones importantes para el movimiento obrero del país. El Nuevo MAS es una corriente histórica entre el activismo del gremio y está desempeñando un papel destacado en el proceso de lucha contra el cierre de la fábrica.

Una tercera definición por resaltar es que la fractura burguesa es enorme. Hay un debate en curso sobre el curso de la globalización, pues no hay unidad burguesa en torno al régimen de acumulación capitalista.

Esta crisis orgánica del capitalismo es lo que subyace en la ruptura de los consensos que ordenaron el mundo de la segunda posguerra, pues no hay acuerdo entre las facciones de la burguesía imperialista sobre el rumbo a seguir. Es un problema profundo, porque la crisis es un momento no totalizador que tiene lugar en un mundo muy totalizado.

Por este motivo, atravesamos un momento no hegemónico, dentro del cual compiten proyectos con rumbos alternativos. Esto se expresa a nivel de las pugnas inter-imperialistas y en la división burguesa a escala nacional, particularmente con la emergencia de la extrema derecha como un fenómeno de la época que cuestiona los viejos consensos y la institucionalidad democrático-burguesa.

La cuarta definición es que Trump representa un proyecto de imperialismo territorial que avasalla la autodeterminación nacional. Por lo visto hasta el momento, la Casa Blanca no busca cambios de regímenes, sino que apuesta por la capitulación. Esto fue lo que hizo con el “madurismo” en Venezuela, cuyo personal político no tuvo reparo en librarse de Maduro y convertirse en sirvientes del imperialismo estadounidense. Posiblemente, esto mismo sea lo que persiga con su asedio contra Cuba e Irán (este texto fue escrito mientras se desarrollaba el bombardeo contra Irán. Ver la declaración de la corriente SoB La agresión de Trump y Netanyahu contra Irán pone a Medio Oriente en una encrucijada histórica).

En razón de esto, la autodeterminación nacional desempeña un papel fundamental en la actual etapa, pues constituye uno de los hilos que une la geopolítica imperialista con la lucha de clases. De ahí que sea criminal que algunas corrientes del trotskismo no le den jerarquía a esta lucha democrática (o recaiga en el campismo, como veremos más adelante), al grado de sostener que no se debe levantar la bandera palestina porque es un símbolo burgués (esta aberración la dicen Lutte ouvrière y su pequeña colateral del NPA-R de Francia) o porque diluyen la autodeterminación nacional a la realización de la revolución socialista, una formulación maximalista y sectaria que no da cuenta de la importancia específica de este tema en la actualidad (esto es muy patente en el PTS y su corriente internacional, que supedita la autodeterminación a la revolución obrera y socialista).

Una quinta definición es la diferencia entre gobierno y régimen. Entre sectores de la vanguardia y el activismo hay mucha confusión sobre estos términos, pues es un error común que se extiendan los rasgos de los gobiernos de extrema derecha al conjunto del régimen político.

Por ejemplo, Trump encabeza un gobierno de extrema derecha que quiere avasallar las instituciones liberales y perpetuarse como un autócrata. Pero entre sus aspiraciones “fascistoides” y la realidad hay mucho trecho de por medio, porque el régimen de los Estados Unidos aún es una democracia liberal (aunque bajo el asedio de la extrema derecha) y todavía funciona la división de poderes, como lo evidenció la votación de la Corte Suprema que se trajo abajo los aranceles que impuso el presidente norteamericano.

Diferenciar entre un gobierno y el régimen político es importante para no creer que la victoria electoral de un partido de extrema derecha mecánicamente sea una derrota histórica. Este tipo de confusiones son comunes entre sectores del activismo y, agreguemos, instrumentalizadas por sectores del reformismo y los posibilistas para justificar su capitulación a los nuevos frentes amplios con sectores de la burguesía (Resistencia, la corriente de Valerio Arcary en Brasil, es la que mejor expresa esta capitulación frentepopulista y hoy se dedica a hacerle seguidismo al PT de Lula, además de que extravió la “brújula de clase” y su sujeto son los Estados y la geopolítica)[1].

La sexta definición es que existe un diálogo entre la coyuntura reaccionaria y la etapa de crisis, guerra y el retorno de las revoluciones. Los rasgos ultra reaccionarios de la coyuntura están alimentando una potencial situación pre-revolucionaria para el futuro próximo. Es decir, la eventualidad de una reversibilidad política entre reacción y revolución. Los ataques continuos contra el “mundo social” no pasan en vano y, por el contrario, dejan huella en la conciencia de millones de explotados y oprimidos.

El mundo actual presenta rasgos distópicos (la crisis ecológica es un ejemplo) y de barbarie (como el genocidio en Gaza), ante los cuales es muy factible que las nuevas generaciones tiendan a reaccionar para mejorar sus condiciones de existencia. Esto significa que procesarán críticamente su experiencia de vida bajo el capitalismo del siglo XXI, de los gobiernos de extrema derecha (con Trump a la cabeza) y también de los progresismos impotentes, lo cual tiene el potencial de traducirse en el crecimiento de una conciencia anticapitalista entre la juventud y los sectores explotados.

Por último, dejemos anotado que la nueva etapa planteó nuevos temas teóricos y políticos en la agenda de discusión. Por ejemplo, el retorno del imperialismo territorial y del colonialismo reabrió el debate sobre el carácter de los países (imperialistas, dependientes, semicolonias o colonias).

De igual manera, se reabrió el debate sobre el carácter de China, en el cual nuestra corriente tiene una posición clara de que ya accedió -aún con contradicciones y desigualdades- al carácter de nueva potencia imperialista, y que en la eventualidad de un enfrentamiento militar con EUA por Taiwán o por el motivo que fuere, tendría elementos de conflicto inter-imperialista.

Igualmente, está en curso una apasionante discusión sobre la nueva clase trabajadora, que, además de ser ultra-precarizada, su trabajo es gestionado por empresas de aplicación por medio de la inteligencia artificial. Finalmente, ganó nueva importancia la discusión sobre los regímenes de acumulación capitalista (por desposesión, por plusvalía absoluta y por plusvalía relativa) y su combinación en el capitalismo del siglo XXI.

Los retos del movimiento trotskista

Otra de las discusiones centrales de la conferencia fue la evaluación del movimiento trotskista en la actualidad. 1989 representó el cierre del ciclo histórico vinculado a la experiencia de los Estados burocráticos estalinistas como degeneración de auténticas revoluciones anticapitalistas pero no socialistas y, al mismo tiempo, de las corrientes trotskistas que se construyeron sobre bases abstractas, pues veían “Estados obreros” inexistentes en los que la clase obrera nunca gobernó (o dejó de hacerlo desde los años treinta, como fue el caso de la URSS).

Así, la caída del Muro de Berlín planteó un desafío existencial al movimiento trotskista: medirse con la primera experiencia anticapitalista y explicar las causas de su fracaso. De ahí que el balance del estalinismo sea una tarea fundamental para el relanzamiento del socialismo revolucionario en el siglo XXI, pues constituye la piedra angular para reconstituir la identidad del trotskismo -es decir, del socialismo revolucionario- sobre bases materialistas dialécticas y dejar de lado las formulaciones abstractas y objetivistas que asocian mecánicamente expropiación del capitalismo con la transición al socialismo.

Es una tarea difícil, dado que al trotskismo le costó -y aún le cuesta- medirse con la experiencia de la segunda posguerra del siglo XX, en la cual convergieron la burocratización de la URSS con el desarrollo de revoluciones anticapitalistas atípicas en los países semi-coloniales.

Además de la dificultad objetiva de dicha empresa, tuvo mucha relevancia el hecho de que el movimiento trotskista surgió en la marginalidad y desarrolló fuertes derivas oportunistas y sectarias, producto del peso asfixiante que ejercieron los aparatos estalinistas hegemónicos en el movimiento obrero y la vanguardia por más de medio siglo.

En todo caso, la idea central que nos interesa transmitir es que hubo un quiebre histórico. Ya no estamos en el siglo XX y hay que dar cuenta de un hecho innegable: la bandera del socialismo y de la lucha por la emancipación se “manchó” por el desastre histórico que significó el (mal llamado) “socialismo realmente existente”. Por eso, en el siglo XXI se nos impone la tarea de limpiar esa bandera y, para tal efecto, es ineludible hacer un balance a fondo de lo que fue la burocratización estalinista, la cual es instrumentalizada por los sectores de la extrema derecha y reaccionarios para librar sus campañas anti-comunistas.

Actualmente, la mayoría de las corrientes trotskistas están en crisis porque quedaron anquilosadas en el siglo XX y, en consecuencia, no desarrollaron las herramientas teóricas y estratégicas para enfrentar los desafíos del presente. En otras palabras, no son corrientes contemporáneas del siglo XXI. La tijera entre la teoría de la práctica que se había comenzado a cerrar en el ascenso de los sesenta y setenta, se volvió a abrir expresándose en corrientes pragmáticas que militan pero no hacen reflexión teórico-estratégica, o iniciativas teóricas que son valiosas pero académicas, como los eventos de Historical Materialism que establecen puntos de referencia para la reflexión, pero totalmente desvinculados de la militancia revolucionaria.

Este tipo de tensiones atraviesan a corrientes que no han sido capaces de conectar de manera militante con las nuevas generaciones, como la autoproclamada IV Internacional mandelista o postmandelista, o la corrientes International Socialist cuyo centro es el SWP inglés, ambas marcadas por el envejecimiento generacional, cegueras políticas oportunistas o sectarias y crisis y debilitamiento.

Por otra parte, en América Latina restan corrientes militantes, pero carecen de ideas. Son variantes de un pragmatismo trotskista (es el caso del PO o el MST de Argentina, el PSTU de Brasil, del cual acaba de estallar su corriente la LIT, por citar algunos ejemplos), el cual disocia la práctica de la reflexión teórica. El caso más extremo de ese pragmatismo es el caso de la LIT que estalló en mil pedazos. El mundo actual, plagado de problemáticas exigentes y novedosas, no es un ambiente propicio para los “perezosos mentales”.

Otras corrientes, aunque tratan de unificar la teoría con la práctica, en muchas ocasiones pecan de conservadurismo teórico y carecen de balance del estalinismo. El mejor ejemplo es el PTS y su corriente internacional (rebautizada recientemente como Revolución Permanente), que se caracterizan por contar con una elaboración extremadamente dogmática y con fuertes dosis “filo-estalinistas”[2].

El ascenso de la corriente SoB

En cuanto a nuestra corriente, evaluamos colectivamente que atraviesa un muy buen momento político y constructivo, con avances en la inserción de sus respectivos partidos y núcleos. Estamos ingresando en otro momento y contamos con una agenda internacional anual propia, que incluye el Campamento Anticapitalista Internacional, la reunión anual presencial de la corriente (además de otra de medio período virtual) y el Congreso Internacional de Gig Workers.

Al respecto de esto último, queremos destacar la importancia de dicho congreso, el cual se llevará a cabo en Los Ángeles en mayo de esta año. Los trabajadores de plataforma (Gig workers) son un nuevo sector de la clase trabajadora que crece geométricamente y al cual solo nuestra corriente se ha vinculado orgánicamente entre todas las corrientes del trotskismo internacional. La vinculación de nuestra corriente con la nueva clase trabajadora que emerge internacionalmente, implica la posibilidad de establecer vínculos con sectores de trabajadores y trabajadoras de todo el globo, con un peso particular de los países del sudeste asiático, así como nos plantea el desafío urgente de iniciar nuestro trabajo constructivo en los Estados Unidos.

juventud anticapitalista de masas
Referentes del ¡Ya Basta! en la mesa de la comisión del ¡Ya Basta! durante el IV Campamento Anticapitalista Internacional.

En Argentina, el ¡Ya Basta! se está transformando en la principal juventud de izquierda anticapitalista y el SiTraRepA se posicionó como el referente en el debate del trabajo por aplicación. En Brasil, dimos pasos firmes en la inserción y consolidación del Já Basta! en la FFLCH de la USP y hacemos parte orgánica del proceso de organización sindical de los repartidores, los cuales se están transformando en una de las categorías más dinámicas de la nueva clase trabajadora brasilera. En Francia nuestro núcleo dio pasos importantes en la consolidación de SoB como corriente fundacional y viene realizando eventos de importancia en París y desarrollando valiosas relaciones internacionalistas con otros núcleos militantes. En Costa Rica, el ¡Ya Basta! es la única corriente de izquierda con militancia en la Universidad de Costa Rica, principal universidad de Centroamérica, en la cual obtuvo un 23% de los votos en las últimas elecciones de la federación de estudiantes y en la cual en el futuro podríamos disputar la dirección de la misma.

Parte de esta ofensiva internacional por la consolidación de nuestra corriente internacional es la publicación del tomo I del El marxismo y la transición socialista de Roberto Sáenz, que profundiza la elaboración teórico-estratégica de nuestra corriente y que se propone para abrir un debate que vaya más allá de los pequeños círculos, con el objetivo de que sirva para el relanzamiento del marxismo revolucionario en el siglo XXI. Hay que señalar que el tomo I de esta obra ya fue publicado por la editorial Prometeo en varios países de América Latina y España, por la editorial académica Brill en habla inglesa y será lanzado en mayo en Brasil por la prestigiosa editorial marxista Boitempo,  en el marco de la “Festa de aniversário de Karl Marx”, un evento organizado por dicha editorial en conjunto con el Movimento dos Trabalhadores Sem Terra (MST)

En vista de esto último, en fecha por determinar próximamente, estaremos proponiendo realizar un Seminario Internacional sobre el marxismo y la transición socialista, con la participación de marxistas de diversos países. Dicho evento se realizará eventualmente en Brasil, y ya cuenta con contribuciones de diversos intelectuales marxistas.

Atento a todo lo que hemos señalado, es claro que la corriente SoB avanza con mucho entusiasmo, caracterizada por una nueva generación de cuadros y de la juventud, la cual cuenta con bases fundacionales sólidas y que se consolidan más con los desarrollos de este siglo XXI de crisis, guerras y revoluciones. La corriente SoB apuesta a ser un punto de referencia para militantes provenientes de otras experiencias en el próximo periodo.

[1] Jacobin Latinoamérica sostiene la misma política frentepopulista.

[2] Además, la corriente del PTS tiene una fracción campista en sus filas que se rehúsa a caracterizar a China como un imperialismo en construcción (el MRT de Brasil y Revolución Permanente de Francia) y, como quedó en evidencia en su última conferencia internacional, funciona como un frente único cuyos principales documentos internacionales contaban con las firmas de representantes de cada bando (eso explica que fueran excesivamente descriptivos y carentes de definiciones de fondo).

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