La victoria de la extrema derecha en Alemania activó todas las alarmas en el continente europeo, en una situación de extrema polarización política. En Francia, Rassemblement National lanzó la candidatura de Marine Le Pen con una campaña de odio racista hacia la población musulmana. Por su parte, el gobierno de Macron retoma una parte del programa de la extrema derecha con el aumento de las tasas de inscripción en la universidad para los estudiantes extranjeros o también la ley «permiso de matar XXL». Mientras toda la agenda reaccionaria avanza en el terreno mediático, se preparan movilizaciones sociales del lado de los y las trabajadores y de la juventud, en un inicio de curso de la lucha de clases bajo el signo de la polarización.
La extrema derecha europea polariza el inicio de curso con sus ataques racistas
La victoria histórica de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, ocurrida el domingo 6 de septiembre de 2026, provocó una onda de choque mayor a través de Europa. Con cerca del 44 % de los votos (43,8 %), el partido de extrema derecha dirigido localmente por Ulrich Siegmund, logró el resultado más alto para una formación de este tipo en Alemania desde la Segunda Guerra Mundial.
Esta victoria electoral de AfD acrecienta la tendencia hacia la polarización política y el surgimiento de los extremos. En efecto, en un mundo en combustión, marcado por la crisis climática, la crisis económica y el retorno de la guerra imperialista, la tendencia a la polarización se explica por la profunda inestabilidad de una situación internacional en profundo cambio. Esta tendencia viene acompañada por la instalación de discursos nacionalistas, útiles para reimpulsar la maquinaria de guerra nacional, en el contexto de la remilitarización de Europa y de la competencia entre las potencias imperialistas internacionales.
En este contexto, las formaciones de extrema derecha tienden a canalizar la rabia de la población provocada por la crisis hacia el odio racista contra las personas migrantes, señaladas como el chivo expiatorio de todos los males. Es el caso de los recientes acontecimientos en Ceuta. La crisis migratoria atestigua las condiciones de vida insoportables impuestas por el sistema capitalista e imperialista internacional a las poblaciones de los países pobres. En Ceuta, el odio de grupúsculos de extrema derecha españoles contra la población marroquí es utilizado para sembrar la división entre los trabajadores y trabajadoras, as y hacer avanzar medidas antisociales, racistas y de seguridad, al servicio de los grandes patronos. En este marco, la «preferencia nacional» es evocada por formaciones racistas como Vox, que propone restringir el acceso a la salud a las personas migrantes, entre otras medidas xenófobas.
Sin embargo, los ataques reaccionarios provocan igualmente repuntes de la protesta social. Este sábado 12 de septiembre, miles de personas se han movilizado en Alemania para protestar contra la AfD. Algunas fuentes estiman que más de 150 000 personas se movilizaron contra esta formación de extrema derecha, lo que muestra un clima de polarización política.
Macron retoma una parte del programa racista de Le Pen
Francia no escapa a la ola reaccionaria en el continente. En este inicio de curso, en una situación política marcada por la llegada de las elecciones presidenciales de 2027, el Rassemblement National ha elegido lanzar la campaña de Marine Le Pen sobre el eje del odio racista hacia la población musulmana. Le Pen y compañía han propuesto la prohibición del velo en la vía pública como caballo de batalla del «bando nacional». Se trata de una medida nauseabunda que solo podría aplicarse por la fuerza represiva de un gobierno totalitario. Es una absurdidad ridícula, pero que es propuesta de manera muy seria por la principal candidata al Elíseo, según las encuestas. Incluso bajo pulsera electrónica, Le Pen hace su campaña racista polarizando todas las discusiones mediáticas hacia propuestas reaccionarias. En este momento, el RN colecciona escándalos, pasados por alto bajo el silencio cómplice de los medios de la burguesía.
Por su parte, el gobierno de Macron retoma una parte del programa de la extrema derecha con el aumento de las tasas de inscripción en la universidad para los estudiantes extranjeros o también con la ley «permiso de matar XXL». En la universidad, la política del gobierno de Macron es hacer pagar el precio de los recortes presupuestarios en la educación superior a los jóvenes migrantes no europeos. Mientras la Macronie aumenta los gastos militares en el presupuesto para financiar la remilitarización de Francia, el gobierno propone hacer pesar el esfuerzo de guerra sobre la espalda de los jóvenes estudiantes extranjeros. Se trata de una medida racista que podría ser extendida al conjunto del cuerpo estudiantil, según la propuesta del informe Roussel-Fournel. Es un verdadero plan de guerra del gobierno para vaciar las universidades de los hijos de la clase obrera y hacerlas accesibles únicamente a los ricos.
No es la primera vez que el gobierno de Macron adopta medidas racistas del programa de la extrema derecha. Recordamos que, en diciembre de 2023, Marine Le Pen se felicitaba por una «gran victoria ideológica» para el RN, en el momento de la adopción de la «ley de asilo e inmigración» Darmanin-Le Pen. Hoy, con la ley «permiso de matar XXL» (una propuesta histórica desde la campaña de 2007 del Front National) el gobierno continúa todavía en la línea reaccionaria, dando luz verde a la represión racista en los barrios populares. En este contexto, aunque Attal o Philippe intenten posicionarse como la continuidad del bando presidencial en la carrera electoral para defender una voz llamada «centrista» «frente a los extremos», la Macronie ya está pavimentando el camino a la extrema derecha defendiendo un programa racista y de seguridad según los intereses de los grandes patronos capitalistas.
El reformismo quiere curar el cáncer con Doliprane
Mientras este verano nos ha demostrado toda la urgencia de la crisis climática, mientras la militarización avanza en el contexto de guerra internacional y la extrema derecha saca pecho con su odio racista, la política de la izquierda institucional se muestra cada vez menos combativa. En este año electoral, La France Insoumise propone la candidatura de Jean-Luc Mélenchon como única escapatoria posible a la victoria de la extrema derecha. Tras los fracasos sucesivos de la NUPES y del Nouveau Front Populaire, los adeptos al reformismo electoral nos prometen que este año será el del inicio de una «Nueva Francia».
Sin embargo, los melenchonistas parecen querer «curar el cáncer con Doliprane» con un programa de conciliación de clases, sin movilización en la calle ni confrontación social. Esta táctica electoral es peligrosa porque el fenómeno del ascenso de la extrema derecha a nivel internacional es electoral y a la vez extraparlamentario. Las experiencias de lucha contra Milei en Argentina y Bolsonaro en Brasil son ejemplos de la necesidad de confrontar a los reaccionarios mediante los métodos de la movilización de la clase obrera, más allá de las perspectivas puramente parlamentarias.
La falta de combatividad de La France Insoumise es un callejón sin salida para la movilización social. La intervención de Mélenchon ante los patronos del MEDEF abre una verdadera discusión sobre la estrategia a adoptar para confrontar los ataques de la burguesía. Los capitalistas se rieron literalmente en la cara del líder de LFI cuando sugirió un tibio aumento del SMIC si lograba hacerse elegir presidente. En la Fête de l’Humanité, Mélenchon puso el acento en la distinción entre los «buenos pequeños patronos» y las «grandes corporaciones», intentando justificar un programa electoral compatible con el capitalismo. Peor aún es la perspectiva de una «nueva Francia» que no cuestiona la política nacionalista e imperialista del rearme militar.
Por su parte, el resto de la dirigencia de la «izquierda institucional» lanzan sus campañas respectivas. Tondelier, Roussel, Glucksmann, Faure o incluso Hollande se suman a la lista de aspirantes al Elíseo, con candidaturas que no consiguen seducir al electorado de izquierda. Entre ellos/as mismos/as, algunos/as han sido recientemente abucheados/as durante las concentraciones en la calle. Por ejemplo, el lunes pasado Glucksmann fue increpado por manifestantes durante una movilización feminista, recordándole su oportunismo y sus posiciones derechistas.
Por otro lado, las direcciones sindicales parecen más orientadas hacia el calendario electoral que hacia la construcción de la movilización en la calle contra el gobierno. Entre diálogo social y jornadas aisladas de movilización sin continuidad, la Intersindical acompaña pasivamente la carrera electoral. Sin embargo, esta situación podría evolucionar rápidamente si los/las trabajadores/as y la juventud consiguen irrumpir en la secuencia política.
Los trabajadores y la juventud deben irrumpir en la lucha de clases
A pesar de la fuerza del dispositivo de canalización de la rabia popular hacia las instituciones y las urnas, existen fuertes potencialidades para hacer de este un inicio de curso político de la lucha de clases. Como eco de este fenómeno, destacamos que circulan llamados masivos en las redes sociales para construir el retorno de la movilización de los Chalecos Amarillos a partir del próximo 17 de octubre. En efecto, varios analistas hablan ya de la apertura de una nueva secuencia de movilización social. «Todos los ingredientes de una nueva crisis de los Chalecos Amarillos están reunidos», estima por ejemplo el politólogo Romain Poirot-Lellig.
En 2018, la revuelta popular de los Chalecos Amarillos logró hacer temblar al gobierno de Macron. En aquel momento, la movilización había comenzado con consignas económicas, como el rechazo al aumento del precio del carburante. Sin embargo, la magnitud de la crisis social dejó rápidamente paso a una protesta generalizada contra el gobierno de Macron y su régimen podrido de la Quinta República.
En este inicio de curso, se encuentran potencialidades reales y puntos de apoyo en todas las movilizaciones de nuestra clase. Estas movilizaciones podrían hacer volcar la coyuntura reaccionaria impuesta desde arriba y abrir el camino a una secuencia de lucha y de movilización social. A imagen de los trabajadores del transporte, en huelga por sus condiciones de trabajo, o de los bomberos también en huelga, sectores del mundo del trabajo están actualmente en la primera línea de la movilización.
Desde este punto de vista, numerosas manifestaciones tendrán lugar en la calle en las próximas semanas. El domingo 20 de septiembre, se prepara una amplia movilización tras el llamado de la Marcha de las Solidaridades contra la ley permiso de matar XXL, para acabar con la impunidad de las violencias policiales. El sábado 26 de septiembre, tendrá lugar una manifestación por el clima para hacer frente a la urgencia climática. El domingo 27 de septiembre, tras el llamado de Roja y otros colectivos iraníes en París, se celebrará una movilización internacionalista contra la guerra imperialista y la represión de la República Islámica. La juventud estudiantil estará en la calle los días 15 y 29 de septiembre, fechas de movilización en la educación superior y en la función pública contra las medidas de austeridad y los ataques racistas del gobierno. Además, el sábado 3 de octubre, tendrá lugar el Orgullo parisino para defender los derechos de las personas LGBTI.
Citas como estas y otras por venir son sintomáticas de la posibilidad de apertura de una secuencia de movilización social para que la clase obrera y la juventud irrumpan en la lucha de clases. Se trata de una ventana que podría abrirse para salir de la pasividad mediática de la carrera electoral y volver a poner la lucha de clases en el centro de una situación política polarizada.
Socialismo o Barbarie: ¡construir una alternativa anticapitalista para derribarlo todo!
En este inicio de curso, Socialisme ou Barbarie formará parte de todas las movilizaciones de nuestra clase, con la perspectiva de luchar contra la extrema derecha y el gobierno de Macron en la calle, al lado de los trabajadores y de la juventud. Es fundamental movilizarse para construir una alternativa anticapitalista e internacionalista, para reconstruir una izquierda revolucionaria de combate capaz de llevar todas las movilizaciones a victorias sociales. En este inicio de curso, únete a Socialismo o Barbarie (SoB) para transformar la rabia de nuestra clase en revueltas, y nuestras revueltas en revoluciones.




