¿Se trata entonces de “discutir con Marx contra Marx”? Así parece. No hay un más allá de Marx, utopía hermenéutica con incierto final, sin un más acá de Marx donde la posibilidad es discutir con sus intuiciones a sus propias “condensaciones”, atajos expositivos, dudas, desviaciones y cabildeos teóricos. No se trata solo de que Marx lograra realizar únicamente una pequeña parte de su proyecto original, es lo que nos advierte Backhaus, de su famoso plan de libros; la ortodoxia habría tenido que llegar a un reconocimiento con consecuencias imprevisibles, la dramática constatación del hecho de que El Capital se produjo menos como resultado del auténtico “método de desarrollo dialéctico”, dialektische Entwicklungsmethode, y más bien, y a la inversa, es el producto de su pseudoaplicación, minimización, reducción —es decir, que en lugar del esplendor dialéctico surgió un procedimiento completamente distinto, que Marx llamó “método de condensación”, Methode der Kondensation. En El Capital, por lo tanto, no se produjo el adecuado despliegue del Darstellungsweise, del modo de exposición que señala como advertencia el propio Marx, sino que aparentemente se “condensó”, es decir, los resultados hallados en otra parte por el modo de investigación, el Forschungsweise.
Por cierto una distinción crucial en el método dialéctico de Marx que fue destacado por primera vez por Horkheimer en un ensayo de 1934.[1] Horkheimer constata que los principios de la “lógica del entendimiento”, las propias reglas del pensamiento diferenciador tradicional en Occidente, subyacen a aquella lógica de investigación tradicional que Marx denominó Forschungsweise, “modo de investigación” y que demostró con el ejemplo de Adam Smith: Smith, de hecho, solo había descrito la conexión que aparece externamente, es decir, la había “subsumido bajo determinaciones conceptuales esquematizantes”, es decir, “conceptos del entendimiento” en sentido hegeliana. Este modo de investigación, no solo de Smith, sino de la Economía política clásica en general, sería completamente inapropiado para la exposición dialéctica de la totalidad, para la “representación de un todo concreto”, es decir, para la “reconstrucción de procesos vivos”, como lo es el desarrollo del Capital, es decir, para la representación de lo que Marx llamó wirkliche Bewegung, el “movimiento real”, la dinámica de la realidad concreta.
El verdadero método de análisis de Marx, que denomina untersuchungs Methode, que lo considera único y nunca aplicado a cuestiones económicas, se basa, según sus propias palabas en el prólogo a la segunda edición, en que “el modo de exposición debe distinguirse, en lo formal, del modo de investigación. La investigación debe apropiarse pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo y rastrear su nexo interno. Tan sólo después de consumada esa labor, puede exponerse adecuadamente el movimiento real. Si esto se logra y se llega a reflejar idealmente la vida de ese objeto es posible que al observador le parezca estar ante una construcción apriorística”. A continuación concluye Marx: «Mi método dialéctico no sólo difiere del de Hegel, en cuanto a sus fundamentos, sino que es su antítesis directa. Para Hegel el proceso del pensar, al que convierte incluso, bajo el nombre de idea, en un sujeto autónomo, es el demiurgo de lo real; lo real no es más que su manifestación externa. Para mí, a la inversa, lo ideal no es sino lo material traspuesto y traducido en la mente humana”.[2]
Backhaus señala que fue posiblemente Lukács el primero en reconocer, en su Historia y Conciencia de Clase, que “una derivación dialéctica de las categorías” es indispensable para Marx, porque en la “jerarquía” o “totalidad concreta de las categorías”, es decir, en un “gradiente cualitativo” de categorías inferiores y superiores, deben distinguirse concretos “niveles de la realidad”, que Marx, por lo tanto, trabaja con Seinsbegriffen, “conceptos de ser escalonados”. Que son los propios asuntos económicos los que obligan a una diferenciación del concepto de existencia, Backhaus subraya que «el intercambio, la circulación monetaria y la circulación del capital tienen diferentes conceptos de existencia como fundamento de sus objetos.» La tradicional y kantiana dicotomización de existencia y esencia, que bajo el mismo punto de vista —es decir, en el contexto de una metacrítica a la crítica kantiana de la prueba ontológica de Dios— ya había sido relativizada por Marx en relación con la existencia del dinero.
Dado que al Capital dentro del Dia Mat se le atribuía en esencia una función legitimadora (parte de una compleja Ciencia de la legitimación stalinista) y que la crítica de la Economía política, utilizada como texto teológico, se instrumentalizaba como herramienta de lucha política, (casi) nadie estaba interesado en un procesamiento serio de su contenido teórico, y mucho menos en un inventario de sus atajos, deficiencias, lagunas y equívocas popularizaciones. Era muy difícil llegar a entender El Capital como un texto ya no canónico sino genuinamente precario, no sólo fragmentario y condensado, sino provisional, un texto de emergencia, sustituto de la obra planeada forjado a golpes de presiones editoriales, política y de divulgación. La teoría marxiana del valor, y este es un punto decisivo para Backhaus, es una crítica a las categorías económicas, fue concebida ab initio como una teoría dialéctica, pero no fue recibida ni recepcionada como tal. Pensar que es posible desarrollar una teoría premonetaria del valor es no comprender el carácter contradictorio de la forma trabajo en el modo de producción capitalista y, por tanto, eludir la determinación de la forma que la distingue de otros modos de producción.
Podemos a esta altura resumir, siguiendo a Kubota, los resultados esenciales de la investigación de reconstrucción de Backhaus: 1. Teoría de las formas: todas las categorías económicas son “formas” (forma de valor, forma de mercancía, forma de dinero, forma de capital, etc.), que al igual que las categorías en Hegel, deben derivarse en la exposición de manera estricta y rigurosa; 2. Desarrollo lógico: la demostración se realiza en el marco de una exposición dialéctica –dejando de lado algunas suposiciones históricamente contingentes o ilustraciones – eminentemente lógica, no empírica ni historicista. 3. Concepto de valor absoluto: el concepto de valor (y por lo tanto todas las categorías económicas) es, al igual que el concepto hegeliano, subjetivo y objetivo a la vez, es decir, absoluto, lo que significa que la constitución real de las categorías económicas es así independiente de la (in)consciencia. 4. Concepto dual de crítica: Las categorías económicas deben criticarse por un lado en la teoría (burguesa), en la medida en que no están sistemáticamente derivadas, y por otro en la realidad, en la medida en que tienen un carácter restrictivo. 5. Crítica de la teoría del valor premonetaria: De la categoría de mercancía se sigue necesariamente la del dinero, y de esta la del capital. El dinero se manifiesta en la representación del fracaso del proceso de intercambio de bienes premonetarios como consecuencia necesaria así como como condición necesaria para el capital, de lo que se deriva la no neutralidad del dinero. 6. Autonomización del valor: Así como Hegel habla de la autonomización del concepto del concepto, Backhaus (y también Reichelt) hablan de una “autonomización creciente del valor”. Para su autorrealización bajo el capitalismo, el valor debe emanciparse de una vinculación restrictiva a los valores de uso concretos, como ya se hace evidente en la propia categoría del dinero.
La resistencia que se opone a una presentación racional del proceso material de reproducción es, para Marx, la objetividad abstracta. Una forma específica de la producción material —trabajo social de los productores privados— es lo que hace que, en el Materialismo histórico, el proceso de producción y de reproducción sea definido como “base”, en tanto que las relaciones conscientes, por el contrario, no sean más que “superestructura”. Para Marx, el dinero no es un mero “signo”, sino simultáneamente apariencia y realidad: la interdependencia social objetiva de los individuos aislados. El dinero es la auténtica comunidad en el Capitalismo.
El tema de mis trabajos –afirmará con insistencia Backahus- “es, en esencia, siempre uno solo: el problema del fetichismo”. Se presenta tres veces: como el de la objetividad del objeto económico, luego como el problema de su estructura contradictoria, es decir, como el problema de la unidad y la diferencia y, finalmente, como el de su análisis sobre la base de teorías no empíricas. Si la economía académica y la “sociaista” apenas ha tomado en cuenta el subtítulo de El Capital – crítica de la Economía política en el sentido de una “Crítica de las categorías económicas” y a través de ellas al propio sistema – en más de cien años de discusión sobre esta obra, esto se debe evidentemente a que la gran mayoría de los economistas han evitado el tema principal de esta Kritik, el carácter fetichista de las categorías económicas. Esto es comprensible, pues existen buenas razones para suponer que la teoría económica debe fracasar al abordar la estructura fetichista del objeto económico. Con la pregunta sobre el objeto, siempre se plantea al mismo tiempo la pregunta marxista: “¿Objetividad de qué?” y es evidente que la economía académica se queda sin respuesta. El objetivo para Backhaus ya no es la reconstrucción textual de la teoría del valor y el dinero de Marx, sino una interpretación de esta teoría como una crítica a aquellas teorías del valor incapaces de desarrollar endógenamente, y no simplemente acompañar, una teoría del dinero. Desde este punto de vista, la interpretación de Backhaus avanza en la dirección marxista de una exposición de categorías económicas que es al mismo tiempo crítica con ellas. El gran mérito de Backhaus fue, junto con otros, reabrir el acceso al corazón conceptual del Capital —la crítica del valor y el fetichismo— sin embargo, sin sacar todas las consecuencias de una teoría de la crisis y del posible fin histórico de la sociedad basada en valores.
[1] Horkheimer, Max: “Zum Rationalismusstreit in der gegenwärtigen Philosophie; en: Zeitschrift für Sozialforschung, 3, 1, 1934, pp. 1-53.
[2] Marx, Karl: Werke, Band 23, «Das Kapital», Bd. I, pp. 27–28, Dietz Verlag, Berlin/DDR, 1968; en español: El Capital, Tomo I, Vol. I, Libro primero, Siglo XXI, 1983, pp. 19-20. La advertencia metodológica que ocupa casi todo el prólogo indica que ya Marx en vida se había enfrentado a graves problemas en la recepción e interpretación de su obra dentro y fuera del campo socialista.




