El siguiente e importante texto de Backhaus, “Materiales para la reconstrucción de la teoría marxista del valor”,[1] es un extenso ensayo dividido en cuatro partes que fue publicado entre 1974 y 1997. Las dos primeras partes son de continuidad, siguen esencialmente el hilo rojo del programa de investigación presentado en el ensayo anterior, profundizando aún más los contrastes presentes en la propia exposición de Marx. Reconstrucción no es una palabra elegida al azar, no es ni restauración ni renacimiento ni recuperación: se trata de desmontar textualmente el capítulo sobre el valor y luego recomponerlo en forma nueva, incluso más genuina y fiel, con el objetivo de alcanzar el propio fin objetivo que el mismo Marx se había obligado a realizar.
En esencia, Backhaus —como ya había hecho Althusser— afirma la existencia en Marx de un intentio operis que va más allá del intentio auctoris, una intención encubierta y parcialmente inconsciente y una intención plenamente manifiesta (subjetiva e incluso opuesta a la primera). Normalmente, el autor de una obra no es competente para determinar en qué momento termina la comprensión del lector y dónde comienza el malentendido. Siguiendo el enfoque que Marx había utilizado ya con Adam Smith, en apariencia existirían dos Marx, uno exotérico y otro esotérico. El Marx exotérico es el que, obligado por las presiones de popularización de su exposición en su entorno y las presiones del ambiente político, puede ser fácilmente reconducido al fórceps hermenéutico de Engels establecido en los textos de 1859 y 1895 y por ende al marxismo “oficial” y ortodoxo que desembocó en el Dia Mat stalinista. El Marx esotérico es el que debe ser rescatado-reconstruido, exige una interpretación que esté al más alto nivel teórico del método dialéctico y de los problemas a los que intenta responder el propio Marx. Un método dialéctico que intentó desarrollar en la exposición y que, según Backhaus, superaba la propia autoconciencia sobre su obra. Podemos ahora comprender las palabras de Löwith, quien definía al análisis del carácter fetichista de la mercancía de Marx como un paradigma casi modélico de la dialéctica hegeliana. El verdadero Marx, el Marx recuperado, y con él la reconstrucción de la teoría del valor, debe partir de vislumbrar y clarificar esta “intención objetiva de la obra”, que va más allá del Marx titubeante o condensador, eliminando toda interpretación distorsionada u oficiosa.
La “Crítica de la economía política” de Marx, subtítulo de El Capital y verdadero programa de investigación muchas veces olvidado o subestimado —Hegel recordaba que el subtítulo de una obra es su título secreto— es por lo tanto principalmente, según Backhaus, una crítica del sistema real de las categorías a través de las mismas categorías, una crítica de la categoría como “forma desviada, en la que se expresa la verdadera inversión”. Solo bajo la premisa de que las categorías no son únicamente “formas de pensamiento”, sino al mismo tiempo objetividades plenamente “reales”, puede llegar a existir una “forma” que engaña a los individuos, y, de igual manera, los capitales pueden existir bajo la forma de valores, “valores que se mantienen en sí mismos”, que finalmente se enfrentan y oponen a los individuos y los dominan con la fuerza y el alcance de una ley natural. La conocida expresión de Marx acerca de que las categorías son la “personificación de las cosas y cosificación de las personas”, supone a las categorías económicas como efectivamente “reales” (objetivas) y al mismo tiempo como “formas de pensamiento”, como auténticas unidades “Sujeto-Objeto”. Por ello debemos subrayar que el tema principal de esta Kritik es el carácter fetichista de las categorías económicas.
En Backhaus todo comienza a cambiar a partir de la tercera parte de su “Materiales para la reconstrucción de la teoría marxista del valor”, publicado en 1975. Dada la multiestratificación de los textos de Marx, la oscuridad del proceso de “popularización” y su propia posición titubeante y ambigua con respecto a la exposición dialéctica, Backhaus reconoce, desde la nueva perspectiva, que es imposible la elección de una correcta situación hermenéutica, ya sea la lógica (que nos había dado acceso al Marx esotérico y parcialmente inconsciente de su propia obra) o la lógico-histórica de la tradición oficial, la del Marx exotérico, que negaría la reconstrucción correcta de la teoría del valor.
En el campo de la marxología, Backhaus desarrolló la «tesis de popularización», según la cual Marx habría simplificado su teoría del valor para los lectores. Marx mismo escribe expresamente, ya al comienzo del prólogo de la primera edición de El Capital, que había “popularizado lo más posible el análisis de la sustancia del valor y de la magnitud del valor”. Backhaus constata en el propio Marx una “insuficiente transmisión de la sustancia y la forma del valor”; incluso la “transición del segundo al tercer apartado del primer capítulo” ya no resulta comprensible como una “transición necesaria” tal como lo exige la exposición dialéctica que el mismo Marx propone como clave al lector.
La primitiva idea de una reconstrucción de Marx simplemente a partir de los textos se presenta ahora como una ingenuidad hermenéutica, una simplificación de la problemática de la propia exposición dialéctica, que ya “por razones sustanciales, y no meramente didácticas, había sido mal resuelta por el propio Marx”. Y lo peor del caso —señala Backhaus— es que esto puede demostrarse precisamente por el hecho de que “es posible invalidar la validez de la interpretación ‘lógico-histórica’ utilizando ciertos argumentos propios de la interpretación ‘lógica’” y, al mismo tiempo, “también es posible señalar ciertos problemas no resueltos y la única legitimidad parcial de la interpretación ‘lógica’ recurriendo a argumentos propios de la interpretación ‘lógico-histórica’”. Los marxistas que intenten comprender la forma valor naufragan entre Escila y Caridbis. Mientras que la interpretación lógica se basará principalmente en el Marx de los Grundrisse, en la exposición de la teoría del valor en la Crítica de 1859 y en la primera edición de Das Kapital, la interpretación lógico-histórica se encarnará en el Marx de la segunda edición de Das Kapital, orientación doblemente reforzada por la autoridad de Engels con su recensión de 1859 y las Consideraciones Suplementarias de 1895, entendidos como una interpretación canónica correcta de la teoría y metodología marxista.
Existe incluso una tercera posición hermenéutica con respecto a Marx, también derivada del tipo ideal interpretativo de Engels, que Backhaus denomina como “modelística-platónica”, a la que Ronald Meek llamaba “mitológica”. La platónica considera la simple producción de mercancías como una primera aproximación ideal, desde la cual es necesario partir y luego llegar al modo de producción capitalista, en el que las mercancías se intercambian a precios de producción. Incluso para la interpretación mitológica, el capítulo de la forma del valor representa una simple representación histórica de la evolución del intercambio desde el trueque hasta la circulación monetaria. Lo peor de todo es que todas estas interpretaciones tienen una tácita coexistencia, conviven y se retroalimentan funcionalmente. Son, en realidad, teorías premonetarias del valor, que intentan desarrollar una interpretación basada en la sustancia y magnitud del valor separada de su forma, escindida de la teoría del dinero. Backhaus sostiene que la teoría del valor marxiana es en su esencia monetaria y que la exposición de la forma valor es la deducción lógica del dinero a partir del intercambio de mercancías.
Toda posible reconstrucción deberá enfrentarse con esta paradoja: que en realidad mal conviven dos Marx, el lógico, hegeliano crítico, y el lógico-histórico, apoyado por el peso de la ortodoxia basada en la autoridad de Engels y el Dia Mat stalinista. Pero aquí hay un importante giro. Mientras las “ortodoxias” centran su atención en la “palabra”, omitiendo núcleos problemáticos que el propio Marx tuvo que enfrentar ex novo, la nueva hermenéutica propuesta por Backhaus, que elude el improductivo “conflicto de citas” bizantino, reconoce la oscuridad y el carácter pluriestratificado de los textos de Marx, y se obliga a partir de las problemáticas marxianas, intentando desde allí establecer y recuperar la mejor solución y explicación, la versión más productiva para la praxis revolucionaria. Esto significa comparar la teoría marxista con otras teorías: “de hecho, es posible demostrar que el análisis de la forma de valor asume un significado inteligible y un contenido enunciativo no trivial, solo si se interpreta como una crítica a las teorías premonetarias del valor y al mismo tiempo como una teoría cualitativa del dinero”.
El objetivo para Backhaus no es ya la reconstrucción textual de la teoría del valor y del dinero de Marx a partir de los dos niveles de esotérico/exotérico, que ahora aparecen como una hipótesis ingenua, sino una interpretación de esta teoría como crítica a aquellas teorías del valor incapaces de desarrollar de manera necesaria y endógenamente una teoría del dinero. Es precisamente esta su absoluta novedad metodológica, no reconocida ni por la economía académica ni por la ortodoxia nacida en la mala recepción de Engels y en la posterior codificación del marxismo soviético.
[1] Sucesivamente: “Materialien zur Rekonstruktion der Marxschen Werttheorie”, en: Hans-Georg Backhaus et altri (Hrsg.): Gesellschaft. Beiträge zur Marxschen Theorie 1, Suhrkamp, Frankfurt am Main 1974; pp. 52–77; “Materialien zur Rekonstruktion der Marxschen Werttheorie 2”, en: Hans-Georg Backhaus et altri (Hrsg.): Gesellschaft. Beiträge zur Marxschen Theorie 3, Suhrkamp, Frankfurt am Main 1975; pp. 122–159; “Materialien zur Rekonstruktion der Marxschen Werttheorie 3”, en: Hans-Georg Backhaus et altri (Hrsg.): Gesellschaft. Beiträge zur Marxschen Theorie 11, Suhrkamp, Frankfurt am Main 1978; pp. 16–177 y: “Materialien zur Rekonstruktion der Marxschen Werttheorie 4”, en: Hans-Georg Backhaus, Dialektik der Wertform, Ça ira, Freiburg, 1997. Lamentablemente no existen traducciones al español. Recordemos que por esos años Habermas publicaba su propia reconstrucción del materialismo histórico, pero abandonando la teoría del valor-trabajo; muchos especialistas creen que algunos textos de Backhaus son una respuesta también a esta posición teórica. Véase: Habermas, Jürgen, Zur Rekonstruktion des historischen Materialismus, Suhrkamp, Frankfurt am Main, 1976; en español: La reconstrucción del Materialismo histórico, Taurus, Madrid, 1981. En su discusión Habermas no cita a Backhaus pero sí al trabajo de Helmut Reichelt, muy cercano en sus tesis y considerado co-iniciador de la nueva lectura de Marx. Para Habermas la teoría del valor marxiana es una suerte de sistema de reglas de coordinación “que permite traducir los enunciados que describen el proceso capitalista desde el punto de vista sistémico de la orientación de enunciados sobre las relaciones antagónicas entre clases sociales”. El libro fundamental de Reichelt inspirado en las indicaciones de Backhaus es: Zur logischen Struktur des Kapitalbegriffs bei Karl Marx, Europäische Verlagsanstalt, Frankfurt, 1970.




