En las últimas semanas, la Casa Blanca aumentó la presión sobre Cuba. La semana anterior, Trump declaró como “emergencia nacional” lo que calificó de una “amenaza inusual y extraordinaria” por parte del gobierno de Miguel Díaz-Canel, al cual acusó de permitir el uso del territorio de la isla para que Rusia espíe a los Estados Unidos, además de abrigar a integrantes de Hezbollah y Hamas.
Fiel a su estilo, el presidente estadounidense no aportó ninguna prueba para corroborar sus acusaciones. Ello no le impidió tomar fuertes medidas para aumentar el cerco sobre la nación caribeña, víctima de un bloqueo económico desde octubre de 1962. Por ejemplo, firmó orden ejecutiva que impone un arancel a todos los países que vendan o proporcionen petróleo a Cuba.
Lo anterior tiene lugar luego de que los Estados Unidos secuestraran a Nicolás Maduro y, con la colaboración de la presidenta interina Delcy Rodríguez, cortara el suministro de petróleo a Cuba.
En promedio, la isla necesita 110 mil barriles de petróleo al día, de los cuales solamente produce 40 mil. Por ello, es altamente dependiente de las importaciones de crudo.
A lo largo de las últimas décadas, el régimen cubano sorteó este faltante estructural con la ayuda del petróleo venezolano. En sus mejores momentos, recibió hasta 100 barriles diarios producto de la alianza que estableció Fidel Castro con Hugo Chávez.
Asimismo, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, afirmó que la Casa Blanca presionó a su gobierno para que detuviera el envío de petróleo de PEMEX a la isla. En 2025, Cuba percibió 12 mil barriles diarios de petróleo de PEMEX, mientras que en lo que va del presente año solamente recibió un cargamento con 84 mil barriles (equivalente a 2.545 unidades por día hasta el 02 de febrero).
En vista de lo anterior, Cuba quedó al borde una crisis energética de dimensiones colosales, pues en cuestión de semanas no tendrá más combustible para generar energía eléctrica. De hecho, desde hace varios años la población sufre las calamidades de apagones diarios, que en algunas regiones se extiende por largas horas.
Las autoridades cubanas reconocieron la gravedad de la situación. El ministro de Relaciones Exteriores, por ejemplo, declaró que el “bloqueo total del suministro de combustible” expone a los cubanos “a condiciones de vida extremas”.
En horas reciente, Trump declaró que está en negociaciones con miembros del gobierno cubano. Por su parte, las autoridades de la isla repitieron las frases de rigor contra los Estados Unidos, pero se mostraron abiertas al diálogo.
No queda claro que pretende Trump con esta ofensiva contra Cuba, pero se inscribe en su campaña de militarización del mar Caribe y de presión sobre los gobiernos latinoamericanos para que se somentan a los mandatos de la Casa Blanca.
Con relación a la burocracia cubana, parece dispuesta a entrar en las dinámicas transaccionales que tanto le gustan a Trump antes que llamar a la movilización internacinal contra este ataque imperialista a la soberanía nacional de la isla.
Esta nueva provocación de Trump tiene lugar justo cuando la isla atraviesa un difícil momento económico. La producción industrial de 2024 fue la más baja en 40 años y el turismo cerró 2025 con sus peores números de los últimos veinte años, con la excepción del período de la pandemia.




