Pandemia

Tigre: caravana «cheta» contra la cuarentena

Cuando terminaba la tarde y comenzaba la noche de ayer, una caravana de autos salió del barrio privado Villanueva hacia el centro de Tigre para exigir que se flexibilice la cuarentena.



Hacía varios días que venían preparando la convocatoria, hecha con la frase “revolución pacífica en auto por nuestros derechos”, exigiendo “volver a trabajar” sosteniendo lisa y llanamente que la cuarentena ya no era necesaria porque habían “aprendido a cuidarse”.

Hacia las 18.15, algunas decenas de autos (notoriamente de alta gama) salieron del barrio Villanueva hacia ella estación de Tigre. La composición social de la caravana era rápida de ver tan solo echando un vistazo a los vehículos y el barrio mismo del que salieron (privado y altamente exclusivo): una clase media alta y alta de comerciantes prósperos, gente de negocios que cuando dice “queremos volver a trabajar” por lo general quiere decir “queremos volver a hacer trabajar a otros”.


Es evidente que crece el malestar ante la situación económica por la pandemia. Sin embargo, son cosas muy distintas la situación de quienes apenas pueden cubrir sus necesidades básicas (trabajadores asalariados y cuentrapropistas) que la de los protagonistas de las manifestaciones y caravanas de ayer, patrones pequeños y medianos que quieren volver a facturar para no perder ni un milímetro de su situación de desahogo económico que, de nuevo, es la de la posesión de autos de alta gama y casas en barrios privados donde es común tener uno o más sirvientes para hacer las tareas domésticas.

De hecho, la “grieta” de clase social entre unos y otros quedó clara con los insultos recibidos por la caravana de parte de los habitantes de zonas menos privilegiadas de la ciudad, trabajadores y clase media cuentapropista que soporta la crisis en condiciones infinitamente más difíciles.

Mirá también:  Brasil: la crisis sanitaria, cada vez más dramática

Un fenómeno similar se pudo ver en Córdoba hace algunas semanas. Con las mismas consignas sobre “la libertad”, sus “derechos” y “la república” exigieron al gobierno de Schiaretti que flexibilizara la cuarentena y los dejara abrir sus negocios con normalidad, exponiendo al contagio a quienes allí trabajan. En la provincia lograron que el gobierno ceda y las consecuencias fueron rápidas y graves: se dispararon los casos y la crisis sanitaria se agravó de manera dramática. Ahora, el PJ local ensaya un regreso a la cuarentena estricta que no termina de aplicar realmente.

El contrapunto a esa manifestación, hecha el mismo día, fue la caravana de médicos cordobeses. Haciendo un reclamo directamente opuesto, exigieron insumos para los hospitales y que se termine la persecución judicial a los médicos infectados, a los que se quiere hacer responsables de la catástrofe que significó la flexibilización de la cuarentena por decisión del gobierno y presión de las clases medias (y no tan medias) acomodadas.

Los patrones que viven del trabajo ajeno (grandes y pequeños) quieren volver a la situación de normalidad para poder seguir haciendo plata como siempre, no importa si es a costa de la salud de la mayoría trabajadora. Cómodos en sus barrios privados y sin demasiada exposición a los riesgos, la apelación a la “responsabilidad individual” busca que se les devuelva el poder de decidir sobre la “individualidad” de sus trabajadores. Ellos son los propietarios y por lo tanto los únicos que pueden decidir “individualmente” qué tienen que hacer los que se ven obligados a trabajar para ellos.

Se trató, en suma, del mismo fenómeno que la manifestación de Plaza de Mayo pero menos delirante aunque igualmente irresponsable y reaccionario. La derecha “seria” que exige lo mismo que los neonazis y liberales marginales de Plaza de Mayo pero al grito de “sí, se puede” en vez del rechazo al “Nuevo Orden Mundial”.

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