Tensión en el bloque de senadores del Frente de Todos

El kirchnerismo apuesta a una estrategia "institucional" y parlamentaria para ganar terreno en las negociaciones internas en el gobierno por el acuerdo con el Fondo. Pero para derrotar el ajuste que preparan es necesario salir a las calles.

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Jose Mayans

En horas de frenéticas negociaciones para que el oficialismo elabore un proyecto de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la tensión política en el bloque gobernante se recrudece.

La renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque del FDT vino a oficializar y profundizar los elementos de crisis política alrededor del acuerdo. Si con la maniobra de Máximo el kirchnerismo buscó condicionar el tratamiento del proyecto en la cámara de Diputados, ahora quien se suma al juego de las presiones políticas al interior del FDT fue José Mayans, quien ostenta el mismo cargo al que renunció el hijo de CFK, pero en la cámara de Senadores.

En las últimas horas, Mayans declaró a los medios que es necesario «conocer los detalles del acuerdo» para poder «saber en qué compromiso se va a meter al país«. Y aunque aseguró no dudar de «la buena fe del Ministro Guzmán», consideró que «el pueblo nos votó como sus representantes y tenemos que hacer las cosas bien, el país no se merece tantos sufrimientos«.

Las declaraciones del senador formoseño deben leerse en conjunto con las versiones que indican que fue el propio Mayans, por pedido de Cristina Kirchner, quien solicitó al gobierno que el proyecto ingrese al congreso por Diputados, y no vía la cámara que preside la actual vicepresidenta.

Cristina, mientras tanto, guarda silencio. Su hijo aseguró -y nadie lo desmintió- que ella no estaba de acuerdo con su renuncia a la presidencia del bloque. Por ahora, prefiere hablar a través de otros dirigentes del espacio que ella conduce. Su peso político en el oficialismo es demasiado grande como para, al menos por el momento, manifestar abiertamente su descontento con el acuerdo que impulsa Fernández. Pero siempre es una posibilidad latente la publicación de alguna de sus ya famosas cartas que caen como una bomba política.

Las sutilezas de Mayans sobre el acuerdo y sobre las aptitudes de Guzmán vienen a expresar una incomodidad creciente para la vicepresidenta y su espacio: Cristina es la Presidenta de la Cámara de Senadores. Aunque no vota (a menos que haya empate), el sólo hecho de aparecer como uno de los rostros de quien conduce la discusión parlamentaria del acuerdo con el Fondo es una idea que no le simpatiza para nada al sector del kirchnerismo.

De esta manera, mientras avanzan los días y cada vez falta menos para el inicio de sesiones ordinarias, fecha en la que se supone que el proyecto será formalmente presentado, el kirchnerismo apuesta a un juego de «presiones institucionales» para ganar terreno en las negociaciones internas en el gobierno. Este juego de presiones, sin embargo, nunca cuestiona el acuerdo como tal, sino sólo algunos de sus términos. Pero esto no quita que se siga alimentando una (nueva) crisis política en ciernes.

Pasar de las palabras a los hechos

Con todo, este juego de maniobras, declaraciones y presiones al interior del oficialismo no se ha corrido por ahora un centímetro de las alturas del poder. Lo que demuestra que la voluntad de estos dirigentes no es la de un verdadero enfrentamiento al acuerdo colonial al que quieren someter a la Argentina. Aunque por momentos adoptan un discurso más «combativo» contra el Fondo, su estrategia se juega estrechamente en los pasillos de los edificios de gobierno.

Va a hacer falta mucho más que eso para derrotar el acuerdo que pretende entregar el futuro del país. En primer lugar, porque la propia dirigencia kirchnerista no pretende rechazar el acuerdo como tal, sino sólo continuar negociando para buscar condiciones «menos peores». Inclusive el sector más de «izquierda» del FDT ya adelantó una actitud cómplice respecto al acuerdo, como la expresada por Itaí Hagman, del Frente Patria Grande. Hagman aseguró que, a pesar de no estar de acuerdo con el proyecto porque implica un ajuste, «no piensan bloquearlo» y no votarían en contra. Si esta es la «izquierda» del FDT uno debería preguntarse qué queda para el resto.

En segundo lugar, porque los discursos combativos de algunos referentes del kirchnerismo por ahora no han pasado por más que eso: meros discursos. En contraste con la política que está adoptando la izquierda -que ya realizó dos movilizaciones masivas a Plaza de Mayo en rechazo al acuerdo con el FMI y ha abierto un espacio de organización amplio para profundizar y masificar la lucha-, el kirchnerismo se ha negado a llevar la discusión al terreno de las calles.

No es una cuestión menor. El acuerdo con el Fondo representa uno subordinación colonial del país, así como un duro ajuste a la clase trabajadora. No importa cuanta «buena voluntad» se tenga, dejar librado el futuro a las negociaciones por arriba entre funcionarios, en las alturas de las instituciones y encerradas en despachos, es un camino sin salida para las mayorías populares.

El Fondo y sus mandatos, así como el acuerdo con el que pretenden someter al país, es rechazado y genera el descontento de amplias franjas de la población. Es necesario que ese rechazo se exprese no en los pasillos del poder, sino en las calles, en los barrios, en los lugares de trabajo. El kirchnerismo y sus sectores afines que hablan contra el Fondo tienen que hacer carne sus propias palabras y pasar de los dichos a los hechos. La izquierda impulsa el espacio de Parque Lezama, donde decenas de organizaciones debaten y preparan nuevas acciones multitudinarias para dejarle bien claro al gobierno y al FMI que no vamos a aceptar pasivamente su programa de ajuste y la entrega de la soberanía del país.

En caso de que el acuerdo llegue al Congreso, como parece que va a suceder, hay que preparar para los días de sesión una inmensa movilización popular que le deje bien claro al gobierno, los diputados, los senadores y al propio Fondo de que la clase trabajadora no va a aceptar pagar la crisis que generaron los capitalistas.

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