CINE Y POLÍTICA

“Tengo miedo, torero”: Entre el amor y la resistencia

Basado en la obra del escritor Pedro Lemebel, referente de la literatura disidente, esta coproducción chilena-argentina, narra en paralelo dos historias que se entrecruzan en medio del trasfondo político más oscuro que ha atravesado la historia chilena: la dictadura militar pinochetista. Tras huir de un ataque fascista, una travesti de edad avanzada se topa con un joven militante de izquierda, con quien entabla un inesperado vínculo.  

Martine Luxemburgo y Santiago Damiani

El film se sitúa temporalmente a finales de la década de los años 80, durante la última etapa del régimen genocida comandado por Augusto Pinochet. Este último periodo se vio fuertemente atravesado por cuestionamientos hacia el régimen, que comenzaba a perder legitimidad.

Pese a estar ilegalizada la organización política de los partidos de izquierda, se mantuvo la militancia bajo la clandestinidad, al mismo tiempo que comenzó a expresarse un sector opositor mediante movilizaciones. Fue tal la presión popular expresada en las calles, que el gobierno militar se vio obligado a ceder ante el pueblo, que exigía el retorno de la democracia. Finalmente, en 1988 se lleva adelante el plebiscito que le diría NO a la continuidad del fascismo en el poder.

Cuando una alegre fiesta en un bar LGBT se ve irrumpida por los pacos a mano armada, nuestra protagonista sin nombre, acreditada como “la loca del frente”, busca refugio en la calle destruida por los terremotos para ser interceptada por un joven llamado Carlos. Éste, quien estuvo estudiando sus pasos en la fiesta, no es más ni menos que un militante del FPMR. Desplegando todos sus encantos, convence a la loca de guardar unas cajas con “libros” en su casa, que luego nos enteraremos que serán parte de un atentado contra el dictador Pinochet.

Carlos buscará usar la casa de la loca como una suerte de cuartel secreto para comandar el atentado, pero las necesidades de ambos, entre la causa y la carencia de afecto, irán dando lugar a una relación desigual, marcada por momentos de afecto, cariño y escenas de goce y diversión. El vínculo entre los protagonistas nos enseña por un lado, los prejuicios de Carlos que dejan ver la heteronormatividad y el carácter conservador de los movimientos allegados al PC con respecto a la temática de géneroy diversidades,en aquella época. A lo largo de la trama, el personaje irá derribando algunos prejuicios, al punto de confesar una experiencia homosexual que tuvo de joven. Por el otro, la loca se encontrará con la resistenciay la lucha de su pueblo y se atreverá a conocer otra realidad al involucrarse emocionalmente, lo que la lleva a colaborar con la causa.

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La tragedia del film es narrar un romance desesperado, que nació muerto, imposible de concretar: “te va a romper el corazón” le dice una de sus amigas a la loca”, porque para Carlos el amor a la causa, a la revolución, es lo que está primero.

“Tengo Miedo, Torero” es una película con una increíble emoción, desde la alegría de sus colores y canciones hasta la brillante actuación de Alfredo Castro. Se posiciona así como una de las mejores propuestas audiovisuales del año y de lo mejor que tiene para ofrecer el cine latinoamericano.

Además, la película ha despertado controversias por parte de algunos sectoresque manifiestan estar desilusionados respecto del recorte de historias que direccionan el film, en relación a la exaltación del vínculo que forjan ambos personajes principales por sobre la cuestión política. En la obra original Lemebel manifiesta agudas críticas hacia el régimen pinochetista, centrándose fundamentalmente en el contexto político que atravesaba al país trasandino durante la dictadura militar, al igual que se muestra crítico en relación al lugar que ocupan las disidencias en las distintas esferas de la vida social –“El día que incluyan a las locas en la revolución, avísame”-, manifiesta la protagonista en una de las escenas más emotivas. En este sentido, la película permite repensar el lugar que ocupaban los reclamos de la comunidad LGTB en las distintas corrientes políticas, incluida la izquierda revolucionaria. También Lemebel recogió esta cuestión, situándose como un referente de la contracultura, denunciando la exclusión, el recrudecimiento de la discriminación hacia las disidencias durante la dictadura y la invisibilización de la lucha LGTB contra el patriarcadoen las distintas corrientes políticas por ese entonces.

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No obstante, uno de los elementos que logra mantener esta cinta respecto de la obra literaria en la cual se basa, se vincula al componente de denuncia social y política que caracterizan a las obras de Lemebel, en relación a la opresión que atraviesan las identidades disidentes. A lo largo de la trama, la protagonista relata la constante discriminación, violencia y abandono a la que fue sometida desde su infancia al no encajar dentro de un modelo masculino hegemónico y los mandatos de la heteronorma. Potenciado por el contexto de dictadura militar, “la loca del frente” y otrxsmiembrxs de su entorno, se ven obligadxs a desenvolverse en la más cruda clandestinidad, sufriendo ataques transodiantes y maltrato por parte de los carabineros que mantienen el control de las calles. A su vez, se ven arrojadas a ejercer la prostitución para poder acceder a un mínimo ingreso económico, en un escenario económico crítico, agravado por la marginación social que sufren a diario, debido a su orientación sexual disidente

Sin ahondar en detalles, el film logra reflejar el contexto político que se vivía por ese entonces, visibilizando la resistencia del pueblo chileno, a través de las protestas que mantenían  en las calles; y reflejando de qué manera se llevaba adelante la militancia  revolucionaria, en la clandestinidad, actuando bajo la constante amenaza del fascismo. Resistencia y legado que llegan hasta la actualidad donde la continuidad de la abrumadora opresión sufridas durante décadas, se transforma en organización y lucha por construir un nuevo futuro.Como puede verse reflejado en el reciente triunfo del “Apruebo”, donde una aplastante mayoría social puso fin a la constitución heredada del régimen pinochetista. Un histórico  triunfo que sin duda,  conecta de lleno con la resistencia chilena desplegada durante uno de los procesos dictatoriales más prolongados de Latinoamérica; y la rebelión popular, encabezada por la juventud más valiente que se haya visto en mucho tiempo.  

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