Capitalismo del Siglo XXI

Tang Ping: El movimiento de protesta de los jóvenes chinos que cuestiona la explotación

Organizados en las redes sociales, jóvenes trabajadores chinos reivindican su derecho a "estar tirado", en rechazo a las extenuantes jornadas laborales en las fábricas de alta tecnología.

Redacción de Izquierda Web.


China tang ping

«Estar tirado es justicia». Con esa consigna, un nuevo movimiento de protesta ha ganado a miles de adeptos entre la juventud china a través de las redes sociales. Reivindican su derecho a no pasar la mayor parte de su vida trabajando y rechazan la explotación en las fábricas.

El movimiento ha sido bautizado como Tang Ping («estar tirado»). A pesar de los intentos del gobierno Chino de censurar los foros de internet donde estos jóvenes compartían su experiencia, desde principios de este año que no ha hecho más que crecer.

Quienes adhieren al movimiento tienen entre 20 y 35 años. Aunque muchos de ellos han egresado de la universidad, la feroz competencia que impera en el mercado laboral chino los obliga a aceptar cualquier trabajo independientemente de las condiciones en las que se realice.

En particular, los jóvenes que se sienten identificados con Tang Ping rechazan el sistema «996»: de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días a la semana. Se trata de la jornada laboral que impera en las fábricas chinas, en particular en las relacionadas a la alta tecnología.

Desde comienzos de la década pasada, una serie de grandes empresas tecnológicas chinas han tenido un crecimiento espectacular, disputando el mercado que hasta hace poco hegemonizaban los gigantes norteamericanos de Sillicon Valley como Facebook, Google o Amazon.

En el mercado de celulares emergió Huawei. En las redes sociales, la gran novedad en ascenso es Tik Tok, propiedad de la empresa china ByteDance. Y en el ámbito del e-commerce, el mercado asiático está dominado por el gigante Alibaba, el equivalente chino de Amazon.

Fueron precisamente estas empresas -en parte responsables de llevar a China a ser la segunda economía mundial- las que instalaron el sistema 996 en el que a sus trabajadores básicamente se les va la vida trabajando. Y la inmensa mayoría de ellos son jóvenes menores de 35 años.

En 2019, el fundador de Alibaba, Jack Ma, defendió el extenuante sistema laboral que funciona en su empresa: «Si no trabajas 996 cuando eres joven, ¿Cuándo puedes trabajar 996?». Aunque estas empresas chinas han crecido exponencialmente en los últimos años, sus políticas no tienen nada de novedoso, más bien lo contrario. En un discurso frente a sus trabajadores, Ma los interrogó: «Permítanme preguntarles a todos, si no dedican más tiempo y energía que otros, ¿Cómo pueden lograr el éxito que desean?».

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 El derecho a la pereza

Pero detrás de estos discursos meritocráticos que parecen importados directamente del «sueño americano» pero con «peculiaridades chinas», se esconde la realidad de la superexplotación laboral y la falta de perspectivas de millones de jóvenes que, a pesar de que trabajan casi todo el tiempo de la semana, no tienen un futuro asegurado. El salario medio para una de estas fábricas solo alcanza a cubrir las necesidades básicas, el alquiler de un departamento y poco más. Tener una casa propia es prácticamente imposible.

Cuando muchos jóvenes comenzaron a relatar su experiencia en las redes sociales, Tang Ping se popularizó rápidamente. Frente a la ideología neoliberal del «esfuerzo individual» y el «mérito», Tang Ping reivindica el derecho a tener tiempo para no hacer nada.

«No quiero pasarme toda la vida trabajando como una rata» y otras expresiones similares representan el paradigma Tang Ping. El fenómeno, incluso, ha tomado ribetes de movimiento espiritual: algunos de sus adeptos han optado por una vida ascética, haciendo pequeños trabajos eventuales que alcancen para satisfacer sus necesidades básicas y utilizando su tiempo libre restante para viajar, leer, o simplemente estar horizontal. Pero otros esquivan esta salida individual y buscan poner en pie un movimiento de protesta.

La bronca no es sólo contra las empresas explotadoras. El propio régimen del PCCh, a través de su enorme aparataje mediático oficial, difunde y defiende diariamente la supuesta «cultura del trabajo y del esfuerzo» que está «haciendo grande» a China.

Por eso, el gobierno chino se ha manifestado preocupado por el crecimiento del movimiento Tang Ping y ha intentado censurarlo. La agencia estatal encargada de regular el contenido de internet ha borrado sistemáticamente todas las publicaciones y comunidades referidas al tema.

La cuestión ha llegado incluso a los medios masivos de comunicación. En los diarios y la TV controlada por el gobierno se ha intentado ridiculizar a quienes adhieren a Tang Ping mientras se reivindica la «cultura china del sacrificio». En las redes, los usuarios se burlan de ese tipo de mensajes que bajan los medios y hasta se han viralizado memes riéndose de ellos.

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Desde occidente, algunos analistas neoliberales han sostenido que el Tang Ping surge debido a la falta de competencia en la sociedad, que asfixiada por el autoritarismo del Partido Comunista, no les permite a los jóvenes progresar.

Pero la realidad es precisamente la inversa. La competencia en el mercado laboral de China se ha vuelto feroz con la enorme expansión capitalista en los últimos años. La enorme masa de jóvenes en condiciones de trabajar hace que las empresas puedan imponer sus condiciones.

Además, las políticas sociales que subsistían de la etapa no capitalista del país ya no existen. Algunas décadas atrás, antes de la restauración capitalista en China, el Estado proveía vivienda, salud y educación gratuita para gran parte de la población. Hoy la mayoría de esas políticas fueron eliminadas en beneficio de las empresas.

El socavamiento de esas conquistas ha producido una lucha por la subsistencia en condiciones donde trabajar la mayor parte de la semana, durante todo el día, apenas alcanza para tener un ingreso medio. Es el desarrollo capitalista del país lo que ha traído estas mayores condiciones de explotación que hoy generan el rechazo y el descontento de una creciente porción de la juventud trabajadora en China.

Pero la falta de futuro y la explotación no sólo han generado desencanto. En las fábricas, muchos eligen convertirse en activistas sindicales. En los últimos años, el número de huelgas y conflictos laborales se ha multiplicado a números récord.

Algo interesante está ocurriendo en las Universidades, donde el gobierno ha tomado medidas represivas contra agrupaciones de jóvenes marxistas que se han movilizado en apoyo a los trabajadores en conflicto. El encuentro entre unos y otros ha generado que resurjan consignas anticapitalistas extraídas de viejos libros de un tal Mao Tse Tung.

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