Pandemia, conflictividad social y elecciones

Surgen procesos de lucha independientes

La novedad política es que aparece un espacio real hacia la izquierda, un espacio vacante que debemos aprovechar para desarrollar la intervención en los conflictos, empujar la coordinación de los mismos y pelear por que triunfen; a la vez construimos una diagonal para disputar -junto con el terreno de la lucha por abajo- el terreno político a izquierda por arriba.



La situación nacional se desenvuelve alrededor de tres tensiones: las disputas por arriba que intentan copar la escena política y cuyas miras están puestas en el calendario electoral recientemente acordado entre el gobierno y la oposición para septiembre (PASO) y noviembre; la dinámica de conflictividad alrededor del salario y condiciones de trabajo, que aún sin haber logrado estatus nacional se vienen desarrollando y que son una bocanada de aire respecto del sofocante 2020; y la pandemia que persiste como mar de fondo, dando un toque de condicionalidad y de cierta imprevisibilidad en la medida en que el amesetamiento de los casos se da en rangos altos, que hay expresiones de saturación sanitaria en distintos lugares de las provincias y que aún queda por delante el invierno. Aún así, de momento la situación sanitaria no se ha salido de control, lo cual le da margen de acción al gobierno y le permite evitar desbordes mayores.

La novedad es que aparece un espacio real hacia la izquierda, un espacio vacante que debemos aprovechar para desarrollar la intervención en los conflictos, empujar la coordinación de los mismos y pelear por que triunfen; a la vez construimos una diagonal para disputar -junto con el terreno de la lucha por abajo- el terreno político a izquierda por arriba.

La naturaleza electoral de las disputas por arriba

A pesar de que la pandemia le puso pausa durante el 2020 a buena parte de los procesos de rebeliones en el mundo, el agravamiento de la situación económica y social generalizada ha dado curso a nueva dinámica durante el 2021. Difícilmente la misma pueda seguir asociándose simplemente a la pasividad de la lucha social, que ya se había puesto en cuestión con la revuelta en Estados Unidos. La rebelión en Colombia emerge como un nuevo cuestionamiento a otro “oasis” del neoliberalismo (fue Chile en el 2019) pero con la pandemia en curso, lo plantea la posibilidad de un reacomodamiento de las relaciones de fuerzas en el país y que deja abierto qué signo político primará finalmente en la región.

Desde luego que la situación no es esa en Argentina. Pero es un marco regional de importancia que tiende a dejar en soledad a gobiernos derechistas como el de Bolsonaro, mientras da un mayor plafón a gobiernos como el de Alberto Fernández; que sin romper el status quo, tampoco son la expresión descarnada del neoliberalismo. Ya hemos dicho que el de Fernández es un gobierno de corte liberal-social que pone por delante el cuidado de las relaciones con los empresarios y capitalistas del país, y prioriza el pago al FMI y el Club de París (a quienes debería pagarse 2.400 millones de dólares a fin de mes mientras se desarrollan negociaciones en este momento). A la vez que tiene algún que otro gesto social menor, como el caso del aumento de la tarjeta Alimentar cuyo monto fue elevado a la mísera cifra de 12 mil pesos mensuales, mientras que la pobreza en Argentina araña el 45%.

Pero si desde el punto de vista económico el gobierno mantiene un perfil liberal-social, desde el punto de vista político disputa el espacio del centro y la centro izquierda, algo que suele perderse de vista y que tiene que ver con que las representaciones no son necesariamente la reproducción mecánica de la acción en el terreno de la economía, y que le permiten al gobierno mantener un discurso más acorde a las relaciones de fuerza existentes en Argentina. Un ejemplo de esto son las declaraciones respecto del brutal ataque del sionismo a Palestina, ante el cual, sin cuestionar a fondo ni romper relaciones obviamente (recordemos que fue el primer país que visitó Fernández en su gira como presidente, todo un gesto ante el Estado de ocupación y niño mimado del imperialismo) remarcó el “uso de fuerzas desmedidas” por parte de Israel.

Mirá también:  Entre el dólar, el default y el fantasma de la protesta social

Por el contrario, la tónica regional tiende a dejar en minoría a expresiones como la de Juntos por el Cambio, una coalición que se ha corrido políticamente a la derecha con rasgos marcadamente reaccionarios (ver en contraste las declaraciones de Bullrich “solidarizándose” con el sionismo) e incluso “negacionistas” en materia sanitaria, a la vez que mantiene su perfil económico neoliberal.  Esto además en un país donde las relaciones de fuerza no están inclinadas a representaciones de tipo “bolsonaristas”, y ni siquiera para medidas regresivas abiertas y desembozadas como quedó demostrado cuando Macri intentó llevar adelante una reforma jubilatoria en regla, desatando la bronca de los trabajadores en las jornadas del 14 y 18 de diciembre del 2017 y que “hirieron de muerte” a su gobierno.

Lo cierto es que más allá de las diferencias entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, las peleas están enmarcadas en la disputa con miras electorales. El acuerdo de calendario electoral entre gobierno y oposición les hadado una hoja de ruta que estaba pendiente y que los privaba de una herramienta importante para encauzar el malestar social ligado a la situación económica e incluso ante posibles desbordes sanitarios. La falta de fechas dejaba sin horizonte ni marco de disputa a ambas coaliciones, lo cual era en un punto insostenible.

A la vez, la amplificación hasta el hartazgo en los medios de las rencillas superestructurales tiene otro cometido: saturar la escena política para ocultar el “mundo” que se abrió por abajo en la lucha de clases y monopolizar las alternativas políticas. Esto tiene especial importancia para el gobierno que, si bien se ubica al centro y centro izquierda, ha dejado terreno hacia la izquierda en la medida que el deterioro en las condiciones económicas y sociales se han colocado como la principal preocupación de la mayoría de los trabajadores y sectores populares, sumado al abandono de las medidas más claramente sanitaristas (aunque en comparación a Larreta esto puede aparecer con menos claridad).  Este espacio a la izquierda aparece como un lugar “en sí mismo», que no necesariamente tiene una traducción inmediata en el plano político, pero que implica la materia prima para construir una representación que se condiga con las necesidades de los de abajo.

Las peleas por abajo abren la cancha a la izquierda

La subordinación al FMI que ensaya el gobierno nacional, y la definición de un rumbo económico de ajuste, es en gran medida el motor de la coyuntura: a la vez que ha priorizado la continuidad de las ganancias empresarias -lo cual pone a millones de trabajadores diariamente en la calle-, Fernández, en complicidad con la burocracia sindical, concedió un piso de salario mínimo que llegará a 29 mil pesos recién en febrero del 2022. Una provocación completa que legaliza salarios de indigencia (para abril del 2021 se calcula que una familia necesitó 25.700 para no ser indigente). El gobierno ha “reemplazado” la IFE por salarios mínimos basura, una clara concesión a las patronales que marca un piso de partida a los sueldos de los trabajadores tercerizados, contratados o bajo condiciones de flexibilización, y que profundiza la miseria salarial.

Además, la pandemia agudizó las condiciones desastrosas de trabajo que se venían arrastrando desde hace años en los diversos hospitales nacionales, provinciales y municipales. Las problemáticas son diversas y se combinan.  Distintas modalidades de contratación totalmente precarias (contratos que se renuevan anualmente, semestralmente e incluso mensualmente como en algunos casos del Hospital Larcade del gran Buenos Aires) que implican desde los trabajadores y trabajadoras de limpieza, pasando por los administrativos e incluso enfermeras y enfermeros. Médicas y médicos residentes que cobran en algunos casos 30 mil pesos por mes (¡sí! 30 mil pesos por mes por 12 horas de trabajo diarias más guardias, como ocurre en el Trauma de la zona norte del GBA). Y médicas y médicos cuyos salarios y condiciones laborales han empeorado por el abandono del gobierno de Fernández a lo largo del 2020 y por la desidia de años y años de gobiernos patronales. Todo esto sumado a la persecución sindical de las distintas burocracias, cuando no de las patotas municipales.

Mirá también:  El paro nacional en el Oeste – Habla Andrea Dopazo del Hospital Posadas

Por esta situación vienen surgiendo conflictos en distintos hospitales, cuyo mayor exponente han sido los “elefantes” de Neuquén que luego de llevar adelante una lucha de más de 60 días y una veintena de cortes de ruta han logrado un triunfo enorme, a costa de la burocracia sindical que se vio completamente desbordada.

Además, aparecen conflictos de sectores de trabajadores tercerizados como los trabajadores de EMA (empresa contratista que presta servicios para Edesur), quienes enfrentan los despidos de 70 trabajadores, luego de una larga lucha por el encuadramiento gremial en Luz y Fuerza y por el pase a planta permanente. Las condiciones de contratación de las tercerizadas los ponen muy por detrás de quienes están efectivos a pesar de realizar las mismas tareas. Estas modalidades de flexibilización son una estafa completa a los trabajadores y representan un ahorro millonario para las empresas. Los trabajadores tercerizados del ferrocarril Roca, San Martín, Belgrano Sur y Mitre están dando una pelea muy dura también por el pase a planta permanente, a la vez que vienen de coordinar una acción en las estaciones de Retiro que agrupó a las distintas líneas en una causa común. O incluso la acción llevada adelante entre trabajadores de distintas líneas de colectivos, entre los que se encuentran compañeros de la línea 60 -y de varias líneas interdistritales y locales q se van sumando medida tras medida- que desarrollaron cortes simultáneos en Maschwitz, el Puente Pueyrredón y el Acceso Oeste. Ejemplos de coordinación muy progresivos y que debemos impulsar y contribuir a desarrollar.

Si muchas de estas peleas no han logrado trascendencia nacional y se expresan mayormente como una miríada de conflictos, no dejan de tener un gran valor en la medida en que meten ruido de fondo al intento de copamiento de la situación nacional por las disputas de “la gran política”, a la vez que surgen como experiencias independientes de las burocracias sindicales y tienden a experiencias de coordinación por abajo. Tres elementos muy importantes que le abren la cancha a la izquierda revolucionaria.

Intervenir en todos los terrenos

En la situación nacional se ha abierto un canal para la izquierda, que aparece por la vía de una miríada de conflictos a los que debemos volcarnos para intentar ligarnos a lo mejor de ese activismo antiburocrático y pelear por desarrollar instancias de coordinación. Si bien esa bronca por izquierda no necesariamente tiene traducción política inmediata, el desafío está en no perder de vista que ambas peleas, la sindical y la pelea por la representación política, conviven en la coyuntura, y que aun siendo más difícil el terreno de la representación política, hay abierta una brecha que es necesario aprovechar, por ejemplo, interviniendo en los conflictos con nuestras figuras y difundiendo nuestro periódico.

También aparece un espacio en la juventud que comienza a levantar cabeza y para lo cual hay que tener iniciativas que nos permitan tomar contacto con amplios sectores, sector que ha sido literalmente abandonado por el gobierno y donde puede haber espacio masivo para las organizaciones revolucionarias.

A su vez el Nuevo MAS, nuestro partido, viene de oficializar un frente junto a los compañeros del Partido Obrero de Salta, un triunfo logrado a pesar de la asfixia que significa el FITU para lograr acuerdos con criterios no aparatistas y que tiene el valor de ser una alternativa de independencia de clase y socialista para los trabajadores, las mujeres y la juventud de la provincia, a la vez que sienta un precedente de cara a la disputa electoral nacional.

¡Es momento de dar una pelea todo terreno! Manos a la obra.

Print Friendly, PDF & Email

Colaborá con la izquierda


Nuestra actividad se mantiene con el aporte solidario de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Suscribite para que podamos seguirte brindando la mejor información y análisis.

Me quiero suscribir




Recomendadas

Internacional

Lectura recomendada

Artículo: Monthly Review. Traducción por Delfina Castellú Entre los académicos angloparlantes, la valoración usual de los escritos filosóficos de Frederick Engels ha sido hasta hace poco casi totalmente negativa. Los críticos de Engels han tendido a juzgarlo como un fracaso filosófico: un aficionado cuyo diletantismo cargó a la izquierda marxista del siglo XX con una ontología reduccionista, una epistemología positivista y una política fatalista. De acuerdo con sus críticos, el problema nodal de su  pensamiento fue su aceptación del concepto...

Trabajadores

Las Rojas

Últimas noticias

DEJAR UN COMENTARIO

Ingresar comentario
Ingrese su nombre