Sri Lanka: la rebelión que conmueve al mundo

Masivas movilizaciones tomaron el control del Palacio Presidencial en Sri Lanka e hicieron caer al Presidente y al Primer Ministro. Los reclamos populares suenan conocidos en todo el mundo: FMI, inflación descontrolada, pobreza y falta de combustibles. 

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Cientos de personas irrumpieron este sábado en el Palacio de Gobierno, ubicado en la ciudad de Colombo. Al mismo tiempo, cientos más rodeaban la residencia del primer ministro y le prendían fuego.

La acción de miles de manifestantes se extendió por Sri Lanka como una ola de furia. El saldo político fue instantáneo: el presidente, Gotabaya Rajapaksa, y el primer ministro, Ranil Wickremesinghe, anunciaron su renuncia para «garantizar un traspaso pacífico del poder». En otras palabras: al ejecutivo no le quedaba ni un segundo más de vida, así que decidió dejar su cargo antes que la rebelión hiciera rodar más cabezas.

La imagen es 100% metafórica. A pesar de atravesar la peor crisis económica de la nación desde su independencia en 1948, Rajapaksa no creyó oportuno permanecer en la capital y huyó cuando se anunciaron las movilizaciones. La residencia estaba vacía y los manifestantes se encontraron cara a cara con la opulencia que los dirigentes del país le niegan a la población. Se encontraron 17,85 millones de rupias (casi 50.000 dólares) en efectivo abandonados tras la huida del presidente, que fueron entregadas a la Justicia.

Dentro del Palacio, la movilización brindó imágenes de fiesta popular: los manifestantes bañándose en la pileta del presidente, los manifestantes durmiendo en la cama del presidente, los manifestantes cocinando en la cocina del presidente. Hasta el momento, el presidente permanece fuera de la capital y ha decidido no difundir su localización.

Los manifestantes celebran en la piscina del Palacio presidencial.

Una crisis histórica 

Sri Lanka está atravesando la mayor crisis económica desde que se independizara del Reino Unido en 1948. La movilización que hizo caer al gobierno fue sólo la culminación de un proceso de rebelión popular iniciado en marzo pasado por el estallido de la crisis.

¿Cuáles son los problemas que llevan a miles de personas a ocupar el Palacio Presidencial? En realidad, los problemas de Sri Lanka son comunes a muchos países dependientes del planeta. De hecho, es solo uno de todos los países que están atravesados por profundas crisis de deuda.

Hace pocas semanas, Sri Lanka cayó en default tras incumplir compromisos de pago por su deuda externa, que alcanza los 51 mil millones de dólares. Para darse una proporción, es un monto nominalmente similar al del acuerdo de la Argentina con el FMI, pero que representa el 101% del PBI del país insular. El default de Sri Lanka es significativo en un momento en que muchos economistas anticipan una crisis global de la deuda de los países emergentes.

Este escenario dejó al país asiático prácticamente sin divisas: no había dólares para importar alimentos, medicamentos, combustibles ni insumos de ningún tipo. Por la falta de combustibles, el gobierno decretó que todo el trabajo del país se desempeñara home office, ya que los trabajadores no podían transportarse.

Además debieron cerrarse las escuelas, y la falta de insumos forzó la cancelación de procedimientos médicos de urgencia en muchos hospitales. La medida que colmó la paciencia popular fue la prohibición de la venta de combustibles al público. Rajapaksa fue el primer mandatario del planeta en implementar esta medida desde la década de los ’70, cuando estallara la crisis del petróleo.

La inflación internacional de los alimentos y de la energía desatada por la guerra en Ucrania golpeó particularmente fuerte a Sri Lanka. La isla es un importador neto de alimentos y energía, además de tener una balanza comercial deficitaria por un monto de 3.000 millones de dólares. Este año la inflación ya alcanzó el 55%, y se espera que supere el 70% hacia fin de año.

Esta tormenta económica comenzó a formarse hace ya dos años. Con la pandemia, Sri Lanka había perdido su primera fuente de ingresos, el turismo internacional. Y ahora, con la crisis, las remesas enviadas por emigrantes desde el resto del planeta cayeron drásticamente.

Un espejo del mundo

Las imágenes festivas al interior del Palacio Presidencial de Colombo generaron simpatía internacional en las redes sociales. Mientras la crisis económica se extiende y causa estragos en todo el mundo, la población de Sri Lanka dio el primer paso para intentar cambiar el curso de una crisis que siempre tiene los mismos perdedores.

Aún así, la salida de Rajapaksa no ha terminado con su antipopular régimen. Tras su dimisión, se espera la formación de un «gobierno de todos los partidos» en el próximo mes. Pero el partido de Rajapaksa sigue teniendo mayoría en el Parlamento y la familia Rajapaksa (que gobierna el país desde 2005) sigue siendo desmesuradamente influyente. El «nuevo gobierno» podría no ser muy distinto del «viejo».

El mismo deberá, entre otras cosas, continuar las negociaciones del país con el FMI, al que le ha solicitado un salvataje de 4.000 millones de dólares.

En todo caso, si no cambia el plan económico, el cambio de nombres poco podrá hacer para resolver la crisis. Pero el personal dirigente de Sri Lanka haría mal en confiar demasiado en las maniobras parlamentarias e institucionales. La rebelión del 9 de julio ha demostrado que las masas populares de la isla no está dispuesta a aguantar mucho más.

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