Sigue la pelea por la reapertura de la investigación del femicidio de Anahí Benítez

El juicio por el femicidio de Anahí Benítez comenzó hace más de 10 días y, sesión tras sesión, deja más claros los puntos ciegos, los pozos de la investigación y lo armado de la causa.

Durante la tercera jornada, a Villalba, acusado de robo, violación, prueba de ADN de por medio, y femicidio, se lo declaró incapacitado para enfrentar un juicio y su sentencia, luego de unas dudosas pericias psiquiátricas. El mismo psiquiatra del acusado declaró que su plan es mantenerlo así hasta que todo se olvide o el delito prescriba. El juicio continúa sólo contra Bazán, y contra él las pruebas son muchísimo más endebles e incluso hay organizaciones que claman su inocencia. Al mismo tiempo, se hacen frecuentes las preguntas sobre si Anahí y sus amigues fumaban, tomaban, o con quién se juntaban, desviando completamente el foco de los posibles responsables del delito hacia aquellos que desde un primer momento lucharon por encontrar a su amiga y por hacer justicia. Juntándolo todo, el juicio no parece otra cosa que una pantomima, una actuación necesaria porque el caso de Anahí tomó relevancia nacional y algo tiene que hacerse, alguien tiene que pagar, para que la acusación de encubridores de violadores y femicidas no pese sobre los tribunales, los jueces y el Estado entero.

Efectivamente, algo tiene que hacerse y alguien tiene que pagar. Pero de ninguna manera alcanza una pantomima, un teatro de la justicia. La impunidad se sigue perpetuando, y la acusación de encubridores de femicidas y violadores seguirá pesando mientras les amigues de Anahí, les pibes y pibas organizades y el movimiento feminista, sigan sosteniendo bien alta la bandera de verdad y justicia por Anahí y exigiendo la reapertura de la investigación.

 

Les pibes a la cabeza

El reclamo de justicia por Anahí Benítez atravesó muchos altibajos. La primera movilización luego de la aparición del cuerpo, a Capital Federal, fue inmensa. A la cabeza estaban les pibes, les amigues y compañeres de Anahí, que habían compartido con ella aulas, pasillos y asambleas. Es posible destacar, además, en ese entonces y en los meses posteriores, la ausencia de los adultos. Más específicamente, una falla de las instituciones responsables en acercar adultos capacitados para contener, acompañar y asesorar a esa generación de pibes. Les pibes siguieron la pelea, como pudieron, a pulmón, contra los ataques y aprietes que sufrían, sin que la escuela, o el Estado, o algún organismo se acerque a contener u orientar.

A los meses vino el reflujo. Y por un tiempo pareció que nada pasaba. Las discusiones estratégicas atravesaron al activismo de la zona, hubo quienes quisieron imponer un monopolio del dolor y de la estrategia, y hubo quienes buscaron la quietud.

Pero no desapareció la bronca. Cuando el juicio se anunció volvió el movimiento y se hizo claro que no había derrota ni causa perdida. La generación de Anahí terminó el colegio, pero se sigue preguntando qué pasó, y sigue queriendo justicia. La movilización el día de la apertura del juicio fue enorme, muchisimes pibes marcharon desde la escuela hasta los tribunales, y el reclamo de verdad y justicia se hizo presente y con mucha claridad. Les pibes vuelven a estar a la cabeza de esta lucha, a pesar de los aprietes y persecuciones, y saben que no tienen que dejar ese lugar.

 

Con la fuerza de les pibes y la marea verde

Hay otro factor de peso entre el antes y el ahora: en los últimos dos años el movimiento feminista dio un salto inmenso: Ya no es el defensivo Ni Una Menos, sino la marea verde que arremete contra todo lo establecido y aguantó dos largas vigilias frente al Congreso y muchísimas movilizaciones más. La fuerza que ha ido ganando la juventud al calor de la lucha por el derecho al aborto es la novedad. Consideramos que hay que ir a buscar esa fuerza, llevar a todos lados nuestra pelea, como ya la llevamos a las asambleas para organizar el 8M.

Hay que ir a buscar a las pibas de la marea verde, al movimiento feminista, al movimiento estudiantil, para que llenen de fuerza esta pelea, de cuerpos en la calle, de voces cantando lo mismo, para que este juicio-pantomima no sea el final de esta historia, para que se reabra la investigación, para que quienes la lleven adelante se enfrenten con el poder que sea necesario y que se haga justicia efectiva para Anahí. Porque la fuerza de la lucha y la organización puede torcer hasta las realidades más adversas, como el 13 de junio de 2018 la inmensa movilización presionó a los diputados reacios, que se dieron vuelta en el último minuto, y el aborto legal conquistó así media sanción.

La fuerza de la marea verde está. La fuerza de les pibes está. Lo que queda ahora es dar la pelea hasta el final.

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