Si nos cortan la luz, cortamos la calle



Seis de la tarde, nos encontramos en la esquina de la avenida. Siete personas de la zona cortan todo el ancho de la calle. Todo el mundo sabe por qué: los vecinos no tienen luz y quieren que alguien haga algo al respecto.

Recién cuando van llegando de trabajar, a eso de las siete y media, se empiezan a sumar diez, veinte vecinos más. Llega el carnicero que perdió toda la mercadería después de dos semanas sin luz. Llega la señora con quince silbatos, “es para que llamemos a todos los vecinos”. Y el señor del pasaje que trae una bandera de mantel pintada con aerosol.

Ya somos un montón, somos como 80. Y decidimos cortar el ferrocarril Sarmiento. Igual que hicimos ayer, porque funcionó. Después del corte de vías empezaron a venir las cuadrillas.

Este es un ejemplo del barrio de Liniers. Pero podría ser de Villa Real, de Devoto, de Almagro. Los cortes de luz multiplicaron una cantidad impresionante de cortes de calle en toda la Ciudad, donde mucha gente se acercaba a su esquina con un par de vecinos para que los responsables de los cortes se enteraran de que en esa cuadra no había electricidad.

La Ciudad de Buenos Aires se transformó por unas semanas en un montón de barricadas, quema de gomas y basura, cacerolas golpeando, aplausos, silbatos, algunos cantitos. La rutina de los afectados, llegar a la casa, ver que no hay luz otra vez y acercarse al corte más cercano a intercambiar las últimas novedades con los vecinos. ¿Viste que los del pasaje todavía no tienen luz? Hace como 20 días ya, que lo parió. A mí ya me volvió, pero vine igual porque ustedes vinieron cuando yo no tenía. Y sí, además estos te la devuelven un día y te la cortan de nuevo al siguiente.

El Gobierno nacional tomó nota de la situación y de la bronca creciente. Es por eso que la policía se cuidó muchísimo de no enfrentarse con los vecinos, incluso cuando apenas seis o siete personas cortaban las principales arterias de la Ciudad. Porque esas seis o siete expresaban un estado de ánimo más bien generalizado en la sociedad: el hartazgo ante la falta de respuestas de todos los que fueran responsables de que por semanas manzanas enteras se encontraran sin luz. Esto se hacía evidente también en la simpatía y solidaridad que mostraban las personas que pasaban por los cortes en moto, auto o caminando.

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En Liniers, por ejemplo, la policía no atinó a hacer nada incluso cuando unas veinte personas se encontraban increpando al subcomisario porque les estaba “recomendando” a algunas señoras que lo mejor era levantar el corte de vías. Las señoras le empezaron a decir al policía: “Claro, vos podías hacer tu paro, y ahora que ganas 10 mil pesos, que no haya más corte”. El subcomisario se fue derrotado.

Pero los que más insistían en echarnos del corte de vías eran un grupo de ferroviarios que en principio querían “negociar” el paso de algunas unidades, y luego directamente trajeron unas 15 personas del ferrocarril (entre ellos ferroviarios que se hacían pasar por pasajeros) a enfrentarse con los vecinos que sostenían el corte.

 

Que se hagan cargo

 

La bronca con Edesur y Edenor es muy grande. En unas pocas semanas, se hizo evidente para todo el mundo la pila de años sin inversiones, sin refacciones, sin poner un peso en una infraestructura que colapsó en 5 minutos ante los primeros calores del verano.

Pero también, muchas personas empezaban a expresar su descontento con el gobierno. Y claro, el nuevo gabinete sale a hacer amenazas a las empresas, pero nada más. Y después de una semana sin luz, en el medio te meten un aumento en las tarifas de los colectivos, y esa bronca empieza a tomar forma y a apuntar a la responsabilidad de los que autorizan los aumentos de tarifas, y que después se lavan las manos cuando nada funciona.

Esa bronca se expresó en algunas asambleas que surgieron para responder a problemas inmediatos, como la llegada de los medios de comunicación y la necesidad de ponerse de acuerdo en lo que hay que decir. Allí, ni los más kirchneristas se atrevían a defender abiertamente al gobierno. Pero a su vez primaba la unidad en el reclamo de que arreglen el cableado y devuelvan la electricidad.

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Los cortes de luz fueron menguando mientras los cortes de calle se multiplicaban. Las cuadrillas fueron cambiando los fusibles en las zonas donde los vecinos estaban más dispuestos a sostener los cortes.

El último día que cortamos Rivadavia y Barragán, en Liniers, el carnicero decía acertadamente: “Tenemos que alertar a todos los vecinos de que no están solucionando ningún problema de fondo, están poniendo parches pero no hay solución hasta que no inviertan un montón de guita en la infraestructura”.

Los cortes fueron una experiencia de organización de la bronca en los barrios de la capital. No se lograron esos arreglos estructurales, pero fue la respuesta de los vecinos que visibilizó ante el conjunto de la sociedad el problema energético justo en el centro del país. Ahora todos los vecinos intercambiamos teléfonos, creamos grupos en las redes sociales. En Villa Real y en Liniers la organización sigue en asambleas y reuniones de los vecinos, en redes de comunicación para intercambiar novedades e iniciativas.

Desde la Juventud del Nuevo MAS seguiremos a disposición de la organización en todos los barrios de la Capital y para exigir a Edesur y al Gobierno que respondan con indemnizaciones a los vecinos que perdieron mercaderías, alimentos y electrodomésticos, y para seguir exigiendo las inversiones necesarias en la infraestructura eléctrica de la Ciudad para terminar con los cortes de luz.

Pero también para advertirles que no les va a ser tan fácil que miren para otro lado, porque si no hacen lo que tienen que hacer, ya tenemos los celulares, ya tenemos las banderas, ya tenemos los silbatos y tenemos mucha bronca, y les vamos a cortar toda la Ciudad.

 Flor de Liniers

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