Show mediático mundial y realidad político-social



    NELSON MANDELA (1918-2013)

    El 5 de diciembre pasado, a los 95 años, fallecía Nelson Mandela, en Johannesburg, Sudáfrica. Al instante se puso en marcha un show político-mediático de alcances globales, con dimensiones sólo menores a las de un mundial de fútbol. Contó con un elenco de figuras internacionales pocas veces visto, compartiendo juntos el escenario. En primera fila, más de 90 jefes de estado, que iban desde Barak Obama a Raúl Castro. Entre ellos se destacó el batallón de gobernantes europeos, que viajaron a Sudáfrica a rendir homenaje a esa figura histórica de la lucha contra el apartheid… aunque en sus respectivos países impulsan políticas racistas cada vez peores, con persecuciones contra negros, árabes y gitanos, según los gustos.

    Todo show mediático organizado por el capitalismo siempre nos trata de vender algo. Y no sólo productos materiales, como autos, mayonesas o dentífricos, sino también ideas. La gira del papa Francisco a Brasil, es un ejemplo reciente de esta importante variedad. Los funerales de Nelson Mandela, también.

    Si hay una palabra que resume la idea (y mandamiento) que quieren hacernos comprar a cualquier precio, esa palabra es “conciliación”. ¡Conciliación a toda costa, entre torturadores y torturados, entre opresores y oprimidos, entre explotadores y explotados! Es el undécimo mandamiento: “¡Negociarás y conciliarás!”

    Entonces, nos pasan la película edificante de un Mandela injustamente preso durante larguísimos años, que un día recibe la visita de sus carceleros en apuros –los gobernantes blancos racistas de Sudáfrica– para proponerle negociar. Aunque están con el agua al cuello, Mandela, sin rencores, generosamente acepta y, al final, pacíficamente, llegan a un acuerdo que evita más conflictos y beneficia a todos por igual, negros y blancos, pobres y ricos, trabajadores y patrones. La secuencia final de esta película podría ser la de Mandela y De Klerk (el presidente racista de Sudáfrica) marchando del brazo en 1993, cuando recibieron juntos el Premio Nobel de la Paz.

    Mirá también:  Un voto de desconfianza

    ¡Así queda demostrado que conciliando y negociando pacíficamente, se puede lograr todo! ¡No proteste, no haga quilombo, alborotos ni revueltas, tampoco huelgas ni, muchísimo menos, revoluciones! ¡Sea un buen corderito, como Mandela!

    Por supuesto, los hechos, el verdadero curso político y social de Sudáfrica en las últimas décadas, tienen poco que ver con este repugnante adoctrinamiento que desbordó las pantallas y las páginas de la prensa.

    Aquí, examinamos dos aspectos del complejo curso de Sudáfrica. Uno es el papel de Mandela en el proceso de luchas de Sudáfrica. En el otro, haremos el balance de la situación de los trabajadores y los sectores populares africanos, dos décadas después del fin del apartheid.

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