El debut de la Selección de Irán en la Copa del Mundo generó una fuerte expectativa por motivos exclusivamente extra-futbolísticos.
Desde meses antes del inicio del mundial la delegación asiática estuvo sujeta a todo tipo de maltratos por parte de la organización del torneo y el gobierno trumpista. La asimétrica guerra de Estados Unidos contra Irán (de la cual Donald Trump sale derrotado, por lo menos por ahora) tiene cada día duras consecuencias directas en el desarrollo del Mundial 2026. Y eso que recién empieza el certamen.
Vale recordar la reciente deportación de Mehdi Taj, presidente de la Federación de futbol de Irán, en el aeropuerto de Toronto, las demoras y negaciones por parte de las autoridades de Estados Unidos de los visados de quince miembros de su cuerpo técnico y directivos, la imposibilidad de que su selección tenga su campamento base en Los Ángeles (lo que derivó en la mudanza a México durante toda su estadía) a pesar de mantenerse las sedes de sus partidos en Los Ángeles y en Seattle, la obligación de retirarse de suelo estadounidense ni bien terminen los encuentros, y otras controversias.
Todo esto trajo desde un inicio enormes problemas de logística y visados para poder asistir a los compromisos competitivos. Como si no fuera ya demasiado el destrato y la discriminación, a los futbolistas con permisos de entrada se les impuso una visa condicionada que los obliga a regresar a México el mismo día de cada partido. Es demasiado desgaste en traslados para un equipo de fútbol que debería competir en condiciones de igualdad con el resto de los combinados nacionales.
Esta humillación imperialista de la Casa Blanca, con la complicidad silenciosa del presidente de la FIFA Gianni Infantino, vuelve a dejar en evidencia que la burbuja de neutralidad apolítica que intentaron mostrar al mundo se deshizo en el aire en segundos, ni bien comenzó a rodar la pelota.
La selección de Irán estalló de bronca luego del pitazo final tras el encuentro en el que igualaron 2 a 2 con la selección de Nueva Zelanda.
A través de la voz de su capitán Mehdi Taremi, los jugadores demostraron la bronca contenida por tanto maltrato y discriminación por parte del Comité organizador y le exigieron a Infantino que tome cartas en el asunto, ya que las severas restricciones de visado y la obligación constante de viajar perjudican notablemente al equipo, e interrumpen la preparación física y mental antes de cada encuentro.
La estrella de Irán expresó que “estos inconvenientes socavan el mensaje de paz de la FIFA». Por su parte el director técnico Amir Ghalenoei no se quedó atrás y declaró: «Somos el equipo más oprimido del torneo».
Las disputas geopolíticas no solo estuvieron presentes en la previa y luego del encuentro, sino que invadieron el campo de juego durante el desarrollo deportivo. Pero no sólo hubo manifestaciones en contra del gobierno de Estados Unidos, también se coló la reprobación que sufre el gobierno de Mochtabá Jameneí por parte de diversos sectores sociales iraníes.
El momento más disruptivo se vivió cuando se desplegaron una pancarta que expresaba el código MINAB168, en alusión al asesinato de 168 niñas el 28 de febrero de 2026 tras un ataque aéreo de Estados Unidos contra la escuela primaria Shajare Tayebé en la ciudad de Minab, Irán. Los carteles fueron confiscados por la seguridad del estadio durante el intervalo.
La jornada terminó con otra imagen que pinta de cuerpo entero el rol de la entidad madre del futbol internacional. Su presidente, Gianni Infantino, visitó el vestuario iraní con el objetivo de bajar la tensión tanto por las quejas del plantel iraní como también por lo ocurrido con los hinchas. En ese marco el Director Técnico aprovechó la situación para enumerarle todos los inconvenientes que vienen sufriendo, sin embargo a cambio solo recibieron una frase vacía e hipócrita del líder de la FIFA:
“Esta noche fue un partido duro, con un poco de suerte habrían ganado. Todo el mundo sabe por lo que pasan. Lo entiendo. Pero son más fuertes que todo y envían un mensaje muy poderoso a todo el mundo. Esta noche han unido a todo el estadio atrás de ustedes”.
Nada más alejado de la verdad. El Sofí Stadium de Los Ángeles fue testigo directo de que la FIFA es cómplice de Trump, que dejó pasar todos los ataques xenófobos a los miembros del país asiático y que la tan mentada unidad es solo una postal que se vela ante la luz de la realidad. La sociedad iraní se expresó contra Trump, contra la FIFA y contra el Régimen de los Ayatolas en una misma jornada y demostró al mundo que una “burbuja apolítica de unidad” es imposible ante los ataques de la ultraderecha.




