Pluriempleo, deudas impagables, alquileres por el aire, subas de transporte y salarios que no llegan a final de mes. Así es la vida de un trabajador en pleno gobierno mileísta. Hagamos un paneo por la situación salarial y la presión que la crisis económica ejerce sobre los bolsillos de los hogares.
El salario y sus desdichas
El sueldo no alcanza para cubrir costos básicos de la vida cotidiana, en particular de la clase trabajadora. Un trabajador necesitaría $2.800.000 para vivir bien, pero el salario mínimo sigue estancado en $357.800 (la mitad del costo de la canasta básica de alimentos para una persona) y, por decreto, aumentaría a $363.000 este mes.
El salario real muestra una caída brutal. Comparado con 2023, el salario público mostró una caída de 37,9% (nacional) y de 15,2% (provincial). Por otro lado, en el sector privado presentó una caída del 5,5%.
Mientras tanto, las paritarias corren por detrás de la inflación reconocida por el gobierno (¡y ni hablar de la real!). Como apuntamos en una nota anterior (ver El salario sigue cayendo, una y otra vez, frente a la inflación), en octubre del año pasado las paritarias fueron de 2,7% y la inflación de 2,3%, mientras que en diciembre la situación fue de 3,2% y 2,8%, respectivamente. En ambos casos, la diferencia fue de 0,4% a favor de las paritarias.
Esta mísera ventaja se dio en un marco desolador: en septiembre, la paritarias quedaron 0,9% abajo, en noviembre 1,3%, enero 1,2% y, en febrero, llegamos a la escandalosa diferencia de 2,1% debajo de la inflación.
A esto hay que sumar el incremento de las sumas fijas: “Hace un año el 50% de los acuerdos contenía algún tipo de suma fija, ahora lo hace el 80%, lo cual deriva en “una heterogeneidad salarial entre sectores muy grande y condiciones salariales más precarias (por ejemplo, gremios acumulan sumas fijas que llegan a representar más del 40% del salario conformado)” (Consultora C-P, El Destape)
Asimismo, la inflación acumulada de 2026 ronda el 10%, lejos de la delirante declaración de Caputo de que este año no superaría los diez puntos. No nos olvidemos que, alimentos y servicios son los que más aumentos presentaron y, además, están subrepresentados en la medición del INDEC.
Desde 2018, el salario real cayó un 18% y, actualmente, se requiere de 8 salarios mínimos para cubrir las necesidades básicas. Asimismo, de acuerdo al Mirador de la Actividad del Trabajo y la Economía (MATE), durante la administración de Milei un trabajador del sector privado acumulado una pérdida promedio de 2,1 millones de pesos, mientras que en el sector estatal la suma asciende hasta los 10,7 millones de pesos.
Por otro lado, no nos olvidemos de los jubilados. Mientras el PAMI se enfrenta al intento de desmantelamiento por parte del gobierno y corre peligro la atención a millones de jubilados en todo el país, los ingresos están estancados en $450.000, con una pérdida de entre el 24% y el 29%. En contraste, la canasta básica de los jubilados está ubicada en $1.800.000. A consecuencia de esto, se registró un aumento interanual del 11% en el trabajo de personas mayores a 66 años.
Otro dato importante es el aumento de los gastos fijos. Electricidad, Agua, transporte, etc. Todo esto se une para dar la imagen de que no se llega a fin de mes.
Y, entre los gastaos que “consumen” el sueldo, el alquiler es el rey, como veremos a continuación.
Los Alquileres
En la Argentina, se estima que un 20% de los hogares alquila, una cifra que viene creciendo en los últimos años. Desde la derogación de la Ley de Alquileres en diciembre de 2023, el aumento de los mismos se disparó un 500%; una “bestialidad” que casi duplicó la inflación del mismo periodo, la cual se ubicó en 290%, en tanto los salarios subieron un 263% (ver Los alquileres se duplicaron en dos años y devoran los salarios).
Además, como denuncian desde el espacio Inquilinos Agrupados, “el alquiler de vivienda aumentó casi el doble que la inflación en el último año” (El Destape). El IPC-INDEC de marzo, experimentó un incremento interanual del 32,6%, mientras que el alquiler escaló 52,3%.
Esto provoca dos efectos inmediatos: el impulso del fenómeno del pluriempleo y el crecimiento de la deuda y la morosidad.
Falta día para trabajar
Si, por un lado, sobra mes al final del salario; al mismo tiempo, falta día para tener más trabajos. El crecimiento del pluriempleo es uno de los fenómenos que se está extendiendo en el país por la crisis económica. En los últimos 10 años, el grupo de personas con más de un empleo pasó de 8,4% a 11,9%, síntoma inequívoco de que creció la necesidad de complementar ingresos.
Según un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, “3 de cada 10 trabajadores están buscando empleo y/o desean trabajar más horas”. Además, el estudio señala que al hacer “foco en los trabajadores que buscan activamente una ocupación (desocupados y ocupados demandantes), la presión efectiva llega al 24%”.
Lo anterior se produce en un contexto de destrucción del empleo. A lo largo de los últimos dos años, se perdieron 240.000 puestos de trabajo y cerraron 24 mil empresas. A nivel estatal, la pérdida de trabajos llegó a los 66 mil, a la vez que creció el número de monotributistas (+195.000 nuevos). Esto se mezcla con el incremento del trabajo informal (ultra precarizado, como el reparto por aplicación), que, actualmente, ronda el 43,3%.
Deudas
Además del pluriempleo, otros rubros que crecen son las deudas y la morosidad. Esto se debe a que las personas no tienen para vivir, mantienen trabajos miserables y cubren necesidades básicas con deuda.
Se estima que hoy los hogares argentinos tienen una deuda acumulada superior a los $39 billones, de los cuales $32,1 billones corresponden a deuda bancaria y $6,9 billones a deuda no bancaria. Asimismo, la deuda bancaria típica se incrementó de un salario y medio hasta tres salarios y medio, indicó un informe de la consultora Focus Market.
El crecimiento de las deudas no bancarias muestra que la gente no tiene para pagar los servicios, expensas e impuestos. Por ejemplo, el no pago de expensas subió del 1,4% al 4,9% y los servicios del 2,3% al 6,4%.
Por otra parte, otro dato alarmante es el de la morosidad. En total, hay 4,8 millones de personas con moras superiores a los tres meses, algo que afecta principalmente a las personas jóvenes (entre 15 y 24 años), quienes ostentan niveles de morosidad del 33%.
Todos estos datos nos revelan un cuadro social muy complejo para la clase trabajadora. En 2026, en la Argentina se puede ser trabajador y pobre al mismo tiempo. Esto es producto del incremento de la precarización laboral y del “modelo económico” que impulsa el gobierno “anarco-capitalista” de Milei.




