Editorial

    Salario mínimo a $100.000

    Hablemos de lo que todos callan.

    Director del semanario Socialismo o Barbarie.


    A 30 días de las elecciones PASO que se realizarán el 12 de septiembre y ya con los primeros lineamientos de las campañas de los candidatos lanzados, es posible realizar una primera caracterización de este proceso electoral. Es importante marcar desde el comienzo que la presente no puede ser más que una primera aproximación que debemos ir ajustando con el correr de las semanas, y con la evolución tanto de la campaña como de la situación política.

    Esto es así en primer término porque el proceso electoral se desarrollará a lo largo de dos elecciones de diferente carácter y complementarias (las PASO de septiembre y las generales de noviembre). En esta oportunidad, las PASO no van a fungir solamente como una “gran encuesta” electoral y una barredora proscriptiva, que a lo sumo les sirve a los principales bloques políticos para ajustar sus campañas de cara a las elecciones “en serio”. Estas PASO deben decidir algunas internas de importancia como las que tiene Juntos en la provincia de Buenos Aires entre Santilli y Manes; y en CABA con Vidal, Adolfo Rubinstein y López Murphy. Internas cuyos resultados (tanto quién gane, como por cuánto gane) van a terminar de configurar el escenario de cara a noviembre.

    Junto con estos elementos más superficiales, hay que tomar en cuenta que el proceso electoral de conjunto transcurre en el marco de una extrema fragilidad económica con muchísimos desequilibrios macroeconómicos: inflación galopante, disparada del dólar, aumento de la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el dólar blue, vencimientos de deuda pagados a medias o pateados hacia adelante; y con una fuertísima crisis social que tiene como uno de sus principales hitos el derrumbe del salario real de los trabajadores y el incremento de la precariedad laboral. Es por eso que no es de extrañar que en la calle se evidencie un profundo malestar social y un ambiente de críticas por izquierda al gobierno. Esto, claro está, no se traduce mecánicamente en una ruptura política con el mismo y menos necesariamente en votos hacia la izquierda. Entre este ambiente de descontento y su evolución política, hay una serie de mediaciones y experiencias políticas que se deben llevar adelante de manera concreta. En este sentido, la larga pandemia fue un elemento conservador y aletargador de la experiencia política.

    Una elección que esconde el escenario poselectoral

    Finalmente, a esto hay que sumarle que estas elecciones transcurren en la previa de un acuerdo con el FMI que augura un nuevo y redoblado ajuste, aunque aún no está claro las verdaderas dimensiones del mismo. Un acuerdo del cual todos están pendientes, pero del cual nadie dice una palabra. Pero una cosa sí debe quedar clara: todo acuerdo con el FMI parte de consolidar la pérdida del salario de los últimos 4 años y profundizar el régimen de precarización laboral mediante los trabajos fuera de convenio, el trabajador en relación de dependencia devenido en emprendedor monotributista, el trabajo informal y en negro, o alguna forma de “minijobs” (es decir trabajos por horas, sin horario ni jornada fija y a perpetua disposición del patrón).

    La campaña del Frente de Todos es sencilla. Según su relato, en la Argentina hubo dos grandes problemas, uno externo: la pandemia, y otro pre Alberto: el gobierno de Macri. Su primer spot hace centro en la consigna “vamos a salir”, y cual brujito de Gulubú, la solución pasaría tanto por la vacuna contra el Covid-19 como por la vacuna contra el macrismo: el Frente de Todos. Una épica que se olvida de mencionar hacia donde salimos y qué nos espera detrás de la puerta.

    El gobierno niega la inflación, el saqueo al salario y el ajuste. Para su campaña el único problema fue la pandemia. Ella y la herencia de Macri son los responsables de todos los problemas.

    Por su lado, Juntos en provincia está tironeado por su interna. Mientras que Manes la juega de candidato outsider, metódico y cientificista (ocultando tras de sí a la centenaria, rosquera e inoperante UCR, a personajes como Cariglino y a saltimbanquis como Stolbizer), Santilli juega la carta más clásica de la inseguridad.

    Pero en política, la frase “el que calla, otorga” funciona como una máxima. Y el silencio de parte de los principales bloques políticos alrededor del acuerdo con el FMI y el ajuste que se viene, encierra una comprensión común de que ese es el rumbo sobre el cual no hace falta (ni conviene) decir mucho. Para las fuerzas patronales, el acuerdo con el FMI es un dato de la realidad, es tan necesario e inevitable como la llegada de la primavera el 21 de septiembre. Y si con la primavera es natural que florezcan las plantas, el ajuste es una consecuencia “natural” de acordar con el FMI. Otro camino no hay, es imposible. En la cabeza del gobierno (tanto de Alberto como de Cristina), no hay espacio para un escenario distinto que no parta de un nuevo compromiso con el Fondo y de su “natural” ajuste. Es el discurso del posibilismo que nada puede. Ellos no tienen plan B. En todo caso su debate está anclado en la negociación con el FMI y el grado del ajuste consecuente.

    De hecho, la propuesta de Tolosa Paz de discutir la matriz impositiva en la Argentina, tiene como objetivo incrementar los ingresos del Estado para poder garantizar el pago al FMI y sostener los planes sociales. Pero todo esto sobre la base ya ganada por la burguesía de un sistema de fragmentación integrada por el trabajador en blanco con salario devaluado, los trabajadores precarizados o en negro y la masa de desocupados.

    Una elección fragmentada en medio de la pandemia

    A este escenario electoral hay que sumarle dos determinaciones más: el dato que venimos marcando de que estamos ante una elección fragmentada y que la misma se desarrollará en medio de una pandemia.

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    El hecho que Juntos se presente en los principales distritos dividido en varias listas internas se impone como un elemento de dispersión político, esto más allá de que eventualmente una elección interna resulte más atractiva para participar en ella. Pero la necesidad de debatir con los competidores internos reduce fuerzas para instalar un escenario de polarización entre los principales bloques. Una prueba de eso es la negativa de Santilli a prestarse a un debate con Tolosa Paz y postergarlo eventualmente para después de las PASO. La jugada de la candidata del Frente de Todos fue claramente polarizante. Su intención fue centrar la discusión entre el FdT y un Juntos atrapado en su propia discusión, aunque para eso se vio obligada a convocar al conjunto de las listas. La negativa de Santilli se debe a no querer subirle el precio a sus propios competidores en la interna. Pero en cualquier caso terminó primando un criterio no polarizador en esta oportunidad.

    Pero no es solo la interna de Juntos la que configura el escenario fragmentado. En el arco del panperonismo de la provincia de Buenos Aires tenemos la candidatura outsider de Randazzo que navega por los efluentes que deja el FdT, y que amenaza con quedarse con una porción pequeña pero no marginal del voto peronista. A esto habría que sumarle las miríadas de listas internas municipales que presenta el Frente de Todos en distintos municipios del Gran Buenos Aires, haciendo que la oferta electoral muchas veces supere las 25 listas en el cuarto oscuro.

    Junto con esto tenemos la presencia de otras campañas importantes en los extremos políticos. Por un lado, la de los “liberales” con Espert y Milei; y por el otro, la de la izquierda con el FIT dividido entre los expulsados de la Tendencia del Partido Obrero y su propia interna con el MST, y la candidatura de Manuela Castañeira por el Nuevo MAS.

    Esta dispersión política y la fragilidad económico social, en donde además los principales bloques electorales apuestan a una agenda más de centro, deja espacio para las campañas a derecha, pero también a izquierda de dichos bloques políticos.

    Finalmente hay que marcar que el hecho extraordinario de una elección en medio de una pandemia que ya lleva más de un año y medio es un elemento de distorsión política imposible de prever en sus alcances. La pandemia y la cuarentena (principalmente en 2020) fue un elemente de disciplinamiento y aletargamiento político que dificultó el desarrollo de una experiencia con el gobierno. En todo caso la pregunta sobre para dónde se inclinará el malestar social y los votos que pierdan los bloques mayoritarios es imposible de responder a priori. Aunque como ya dijimos, en la calle se evidencia una serie de críticas por izquierda al gobierno nacional, no está claro que esto signifique una ruptura política (ni siquiera en el plano electoral) con el FdT. Es por eso que en este momento lo importante no es tanto el análisis, sino la campaña político-electoral.

    Milei y Espert: una apuesta de la burguesía para marcar la cancha

    En las elecciones juegan los partidos políticos, pero también las clases sociales. La burguesía, aliada al imperialismo, es la clase dominante en la Argentina. Ella actúa en las elecciones por medio de sus partidos, pero también como fuerza social para marcar la cancha a los partidos patronales. Hoy el gobierno de Alberto Fernández cuenta con el apoyo de las patronales porque le prometió solucionar el desaguisado macrista sin caer en las tentaciones populistas del kirchnerismo, pero está claro que el del FdT no es “su” proyecto. En todo caso es el mal menor. El verdadero proyecto de la burguesía fue el de Macri 2015, pero terminó en un verdadero desastre. Tan grande fue el fracaso que hoy en día los “macristas” tuvieron que salir del escenario y su partido, entregar la cabeza del “padre del proyecto” para hacer campaña mucho más corrida al centro.

    En este escenario se explica el inmenso espacio que ocupan Espert y Milei y el repentino resurgir del “liberalismo”. Ellos son los Hombres (con h mayúscula), junto con López Murphy, que encarnan la misión de marcarle la cancha por derecha tanto al FdT como a Juntos.

    Espert y Milei se presentan como liberales, con un discurso fuertemente disruptivo, especialmente en las formas, cuyo contenido es un prolijo destilado del resentimiento y las frustraciones de las capas medias y sectores de la juventud que vieron como en los últimos años y particularmente en medio de la pandemia sepostergaron, truncaron y aniquilaronsus proyectos y que no ven alternativas. Su razón de ser es desviar hacia sectores subalternos o directamente chivos expiatorios, la bronca frente al fracaso de un sistema decadente.Son rebeldes sin rebeldía. No son ciudadanos, son individuos, su mundo es su ombligo y sus congéneres la pelusa acumulada.

    En su relato los culpables de todos sus males son el “Estado chupasangre” que cobra impuestos, los políticos corruptos que no los dejan crecer, los empleados estatales que son todos vagos, los sindicalistas chorros, los choriplaneros que viven de “nuestros impuestos”, las “feminazis” que cuestionan los privilegios de género. Son un destilado de todos los odios y frustraciones de la sociedad encerrada en sus propias contradicciones: un anarcoliberalismo facho, rebeldes de la pelusa del ombligo desesperanzada, su bronca no se traduce en rebeldía contra los poderosos sino en frustración contra los sectores más oprimidos.

    Estos neoliberales vestidos de anarquistas del capital pregonan un Estado mínimo cuya única función sea garantizar el régimen de explotación mediante los organismos de represión en pos de la más impune libertad de hacer negocios. Una posición tan retrógrada que no solo negó la gravedad de la pandemia, sino que niega el calentamiento global y el cambio climático como un invento de la izquierda contra las empresas. Su rebeldía antisistema niega toda opresión que no sea la impositiva.

    Mirá también:  Una cuarentena a la medida de los explotadores

    Esta es la última creación de la burguesía, ella los alienta, los financia, les abre las puertas de todos los medios de comunicación para ahuyentar cualquier riesgo de radicalización realmente antisistema.

    Por una campaña anticapitalista para renovar a la izquierda

    Ante este escenario electoral lo que se impone es salir a las calles con una gran compaña anticapitalista centrada en los problemas reales de los trabajadores, la juventud, las mujeres y la diversidad, para poner en primer plano lo que todos ocultan y hablar sobre lo que callan.

    Es por eso que hay que renovar a la izquierda para poner en pie una verdadera alternativa anticapitalista y antisistema. Una izquierda institucionalizada es impotente. El FIT, durante estos diez años se ha acostumbrado a convivir en el Parlamento con los representantes de las patronales y el capitalismo.  Ha votado la ley de emergencia económica con el gobierno, se ha abroquelado con la oposición para defender a las PASO antidemocráticas, ora aquí, ora allá, pero no ha sabido presentarse como una verdadera fuerza distintivamente disruptiva. Su única función ha sido servir como un tapón para una verdadera renovación de la izquierda.

    Desde el Nuevo MAS estamos desarrollando una verdadera campaña anticapitalista planteando los problemas reales que nadie quiere tratar. Esta semana nuestra candidata en provincia de Buenos Aires, Manuela Castañeira, puso el dedo en la llaga cuando propuso que se debata sobre el salario mínimo y se lo suba a los 100.000 pesos, e indexarlo mes a mes según la inflación. Es una medida mínima, es plantear que en un país en donde la canasta familiar está arriba de los 66.000 pesos (sin tener en cuenta el alquiler de la vivienda), ningún trabajador sea pobre. Así de simple.

    Fue una sola y simple propuesta la que hizo saltar a muchos de sus asientos al grito de “¡no se puede!”, “¿100.000 para todos los trabajadores? No, eso no se puede”, “la izquierda siempre propone cosas imposibles ¿de dónde sacás la plata?”. Fue un momento de comunión: albertistas, macristas, liberales, kirchneristas… todos y al unísono recitaron el consabido “no se puede”.

    Y tienen razón, ellos no pueden. No pueden porque no se puede hacer nada sin afectar los privilegios de los grandes capitalistas, de las patronales del agro que tienen retenciones bajísimas y que evaden impuestos a lo loco, de las petroleras y de las automotrices imperialistas que se benefician con un dólar real altísimo y con salarios devaluados en pesos, sin romper con el FMI repudiando la estafa de la deuda externa.

    El programa de los “no se puede” es el programa de la impotencia frente a los poderosos. Pero esos impotentes se vuelven “todopoderosos” frente a los trabajadores, los jubilados, la juventud. Ellos sí pueden bajarnos los salarios y las jubilaciones, ellos sí pueden negarnos los derechos laborales conquistados con décadas de lucha, ellos sí pueden precarizar nuestros trabajos y nuestras vidas, ellos sí pueden cerrar escuelas y universidades porque no garantizan condiciones seguras de cursada.

    Un verdadero programa anticapitalista debe partir de las necesidades más concretas y reales de los trabajadores y trabajadoras, de la juventud precarizada, de sus necesidades y proyectos.

    Nosotros decimos que sí se puede garantizar un salario de 100.000 pesos, y que para eso hay que hacer una verdadera reestructuración impositiva que elimine el IVA, un impuesto al consumo que garantiza que sean los trabajadores los que proporcionalmente más impuestos pagan, eliminar el impuesto al salario. Subir las alícuotas del impuesto a las ganancias de las grandes empresas, las retenciones al petróleo, la minería y el campo. Sí se puede garantizar un salario de 100.000 pesos si repudiamos la deuda externa y el acuerdo con el FMI, y no como propone Tolosa Paz, hacer una reforma tributaria para garantiza el pago a los acreedores internacionales. Sí se puede garantizar un salario mínimo, vital y móvil de esa magnitud si se impone un férreo control de precios y servicios, si se nacionaliza la banca y el crédito se destina al desarrollo nacional y no a la especulación financiera. Sí se puede encarar los problemas de la juventud trabajadora si se decreta el monopolio del comercio exterior para evitar la fuga de divisas.

    En la Argentina, unos pocos patrones, empresarios y capitalistas (que son los mismos que siempre están llorando y pidiendo más ajuste) son las que se llevan y dilapidan todos los recursos. Una propuesta realmente antisistema, es una propuesta anticapitalista que empieza por el principio, terminando con los privilegios para solucionar los problemas de los de abajo.

    Por eso es que desde el Nuevo MAS te llamamos a que te sumes a la campaña de Manuela Castañeira en la provincia de Buenos Aires, y el resto de los candidatos en 12 provincias más. Para encarar los problemas concretos de los trabajadores hace falta un programa anticapitalista, una izquierda nueva que dé la pelea en todos los ámbitos; para derrotar las falsas propuestas antisistema de los liberales fachos como Espert y Milei, hay que presentar una verdadera izquierda disruptiva, antisistema y anticapitalista que proponga una verdadera salida para los trabajadores, las mujeres y la juventud.

    Vamos por un salario mínimo de 100.00 pesos, contra la precarización laboral y el trabajo en negro. El 12 de septiembre, votá al Nuevo MAS en todo el país.

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