Salario docente: con Fernández, el promedio siempre se mantuvo debajo de la Canasta Familiar

Los datos oficiales que elabora el propio gobierno contradicen de manera contundente a Fernández, después de tres años de grave caída del salario real.

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Alberto Fernández docentes

Los dichos de Alberto Fernández sobre el salario docente causaron un gran revuelo. Según el presidente, los sueldos de los docentes bajo su gobierno habrían mejorado tanto que ya la preocupación no sería llegar a fin de mes, sino no ser afectados por el impuesto a las ganancias.

Así lo expresó en un acto en la provincia de Chaco, en la inauguración del ciclo lectivo 2023: “Cuando llegamos al gobierno, la preocupación de los maestros era ver cómo mejoraban un salario que se había caído al fondo del pozo. Hoy con alegría escucho que su preocupación es que no tengan que pagar ganancias, porque sus sueldos han crecido de tal modo que empiezan a verse afectados por el impuesto a las ganancias”.

Pero lo cierto es que los datos -incluso los oficiales que elabora su propio gobierno- contradicen de manera contundente a Fernández. Durante los tres años anteriores y al inicio del cuarto de su mandato, el salario docente promedio se mantuvo siempre por debajo de la canasta familiar, que en Argentina funciona como índice para la medición de la pobreza.

Por lo tanto, su sugerencia acerca de que la «preocupación» de los docentes sería no ganar poco sino «no estar ganando demasiado» es como mínimo un chiste de muy mal gusto frente a una docencia precarizada, que se ve obligada a trabajar muchas más horas de lo recomendado para no caer en la pobreza, y en algunos casos ni siquiera así lo logran.

Para peor, también la afirmación sobre que cada vez más docentes pagan impuesto a las ganancias es falsa, o como mínimo falaz, como veremos enseguida.

Salarios de pobreza

Los datos oficiales que corresponden al período desde que llegó al poder Alberto Fernández hasta la actualidad arroja que el salario docente promedio se mantuvo siempre por debajo de la Canasta Familiar. Así lo indican los propios datos oficiales, tanto los que elabora el Ministerio de Educación con respecto al salario docente como los que publica el INDEC en relación al costo de vida. Ambas fuentes pueden consultarse en los sitios de estos organismos.

Por supuesto, lo siguiente no significa que durante los gobiernos anteriores el salario docente sí haya estado por encima de ese índice (de hecho, no lo estuvo tampoco), pero desenmascara el cinismo y las mentiras de Fernández a los trabajadores de la educación.

Veamos, primero, la relación canasta básica familiar/salario docente. Fernández asumió en diciembre de 2019, por lo que ya en marzo de 2020 comenzaron a regir las paritarias negociadas bajo su gestión.

En marzo de 2020 la Canasta Familiar (familia tipo de dos mayores y dos menores) se ubicaba en los $41.587. Al mismo tiempo, el salario de bolsillo de un maestro de grado con jornada simple y 10 años de antigüedad fue de $31.933 en la Provincia de Buenos Aires, $32.800 en CABA y un promedio de $32.802 a nivel nacional. Esto lo ubicaba un 21% por debajo de lo que necesitaba por entonces una familia tipo para no ser pobre.

Pasó todo el primer año de la pandemia, con la docencia habiendo sido precarizada por la falta de condiciones para la virtualidad educativa, y llegamos a marzo de 2021. La inflación había hecho su trabajó y elevó el valor de la Canasta Familiar a los $60.282. En el mismo período, aquel salario docente aumentó bastante menos: fue de $45.294 para un docente de la prov. de Buenos Aires, $40.887 para uno de CABA y de $44.100 en el promedio nacional. La relación empeoró a una diferencia del 26%.

Avanzamos un año y vamos ahora a marzo de 2022, un año atrás. La Canasta Familiar dio un salto hasta los $88.819. Al igual que los años anteriores, el salario docente también quedó muy por detrás. Para un docente con 10 años de antigüedad y jornada simple, fue de $72.144 en Buenos Aires, $64.268 en CABA y $70.361 en el promedio nacional. La relación apenas mejoró, pero el salario docente todavía quedó un 20% por detrás de lo que necesitaba una familia para no ser pobre. En un año con una inflación desbocada, la «mejora» duró poco: para septiembre ya había vuelto a quedar un 25% por detrás.

En la actualidad, la situación no mejoró. Mientras en enero de 2023 (último dato disponible) la Canasta Familiar alcanzó los $163.538, para el próximo marzo la conducción oficialista de los gremios docentes de la provincia de Buenos Aires acordó un salario inicial aproximado de $140.000, es decir, muy por detrás del costo de vida incluso de dos meses atrás. En este punto se ve claramente como la política de ajuste del gobierno no podría pasar sin la complicidad de las conducciones sindicales traidoras.

En resumen, la frase de Fernández es de un cinismo atroz: durante todo lo que va de su gobierno el salario docente corrió detrás de la inflación y del costo de vida, forzando a los trabajadores de la educación a sobrecargarse de horas y cargos para poder llegar a fin de mes.

Para colmo, impuesto al salario

Pero su referencia a que hay cada vez más docentes preocupados por ser alcanzados por el impuesto a las «ganancias», además de confesar que se trata entonces de un impuesto al salario y no a las ganancias, tampoco se condice con la realidad.

En primer lugar, porque el aumento del piso del mínimo no imponible sucede de manera mucho más lenta que los aumentos salariales «en cuotas» que se arreglan en las paritarias. Tradicionalmente, el gobierno actualiza el mínimo no imponible en coincidencia con los medio aguinaldos: en julio y en diciembre. En el medio, aunque los salarios caigan en términos reales, aumentan nominalmente, y eso produce que una porción mayor de trabajadores supere el mínimo, por lo menos hasta que éste vuelva a actualizarse.

Sin embargo, a pesar de esta distorsión nominal, no es significativo el número de docentes que pagan el impuesto a las ganancias. Según Agustín Claus (FLACSO), consultado por Infobae, se estima que sólo entre un 10 y un 15% de la docencia a nivel nacional tiene un salario que supera el mínimo no imponible, que actualmente se ubica en $404.000 (del salario bruto). De los que pagan, la mayoría de ellos tienen cargos directivos: directores o vicedirectores jornada completa, o inspectores.

Demás está decir que, aun si fuera cierto que los docentes están «preocupados» por el impuesto a las ganancias, sería una canallada vanagloriarse de eso como hace Fernández, en vez de hacer algo al respecto (lo justo sería eliminar directamente la cuarta categoría) contra un impuesto que ataca directamente el salario de los trabajadores (y no las «ganancias»).

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