Coyuntura política

Rumbo a la campaña: lo que los partidos capitalistas no quieren ver

El gobierno se siente fuerte por el avance del plan de vacunación. La derecha se debate alrededor de su perfil político. Las luchas en curso contra la precarizacón son un punto de apoyo para visibilizar la realidad que vive la clase obrera, realidad que las fuerzas capitalistas no quieren que se exprese.



El Frente de Todos infla el pecho con ínfulas de superioridad. La fuerte llegada de dosis en este mes y el avance de la vacunación le están dando un fuerte respiro de cara a la proximidad del inicio del calendario electoral. Pero el retraso del plan de vacunación generó miles de muertes evitables y, lejos del relato oficial, la Argentina dista de haber salido bien parada en materia sanitaria y económica de la crisis pandémica.

La realidad es la realidad

Si analizamos los datos de manera realista, la gestión sanitaria de la pandemia en Argentina dista de ser exitosa. Con casi 90 mil muertos, nuestro país está entre los 20 con más fallecidos cada 100.000 habitantes y sufre hoy el brutal embate de la segunda ola. Hay días de más de 500 muertos y más de 25 mil contagios. El recorte al presupuesto de salud con el presupuesto 2021 hecho a medida del FMI, sumado a la negativa del gobierno a plantear la estatización del laboratorio mAbxience (que produce el componente activo de la vacuna), generó efectivamente la pérdida de miles de vidas que podrían haberse salvado si se hubiera privilegiado la salud a la ganancia capitalista.

La política oficial fue apostar primero a un único recurso, la cuarentena estricta; y luego al plan de vacunación. Pero si la cuarentena era recomendada por los especialistas era para preparar y fortalecer el sistema de salud, no como medida única. Lo logrado en los primeros meses fue entonces perdido con la apertura indiscriminada por presión empresarial. La vacunación es una salida ampliamente más real, pero llegó demasiado tarde para evitar una nueva ola.

Si el desastre no fue mayor se debió a la abnegada labor de los trabajadores de salud, que con salarios bajísimos y recursos escasos soportaron sobre sus espaldas heroicamente la contención de la pandemia. Una fuerza colectiva y solidaria de clase que se puso en movimiento tensando todos sus músculos, y que dotó de mayor elasticidad a un sistema de salud desfinanciado y limitado que por momentos rozó el colapso.

Hubo sin embargo imágenes de desborde, como el fallecimiento de la joven Lara Arreguiz, de 22 años, quien no consiguió una cama de terapia intensiva hasta que fue demasiado tarde. Miles de casos similares fueron anónimos y no trascendieron. Hacer de la vacuna en una mercancía para hacer negocios y la mercantilización del sistema de salud fueron la causa de que esas vidas se apagaran bajo la rueda dentada de la ganancia capitalista. De estos crímenes  son culpables los empresarios que se enriquecieron a costa de millones de muertos en todo el mundo, así como todos los gobiernos que defienden este sistema de explotación.

Pero las expectativas de un importante sector de la población que ve en horizonte la posibilidad de dejar atrás el odioso flagelo de la pandemia (que espera también, equivocadamente, en que con el virus también se irá la malaria y gravísima crisis económica) parece fortalecer momentáneamente al oficialismo. Expresión de este «veranito» es la reaparición pública de Cristina Kirchner en un acto en Provincia de Buenos Aires. Atrás quedaron las discusiones internas por los tarifazos de Guzmán y las críticas a los «funcionarios que no funcionan». Si hay vacunas, hay votos. Y si hay votos, hay armonía en el frente oficialista.

La derecha en su laberinto

En ese marco, hay poco margen para la campaña anti-vacunas que ensayó Carrió y todo el aparato multimediático con los Leuco y Feinmann a la cabeza. Parece sacar más jugo la derecha moderada que se refugia en la disputa por las clases presenciales al estilo Larreta.

Sin embargo también existe en la Argentina una figura como Patricia Bullrich, que hace de la intolerancia a las concesiones populares, sindicales o de derechos humanos, y su estética militarista su carta de presentación. Para entenderla hay que poner un ojo en las tendencias a la polarización de la región: Bolsonaro y Keiko Fujimori pelearon con campañas basadas en discursos anticomunistas y antiprogresistas. Argentina parece de momento con un equilibrio de fuerzas más hacia el centro que a los extremos (como Colombia, Perú o Brasil) pero las tendencias regionales pueden tender a teñir la realidad nacional tarde o temprano.

Este sector ensaya una alianza más amplia hacia la derecha, seduciendo a sectores como Espert, y sueña con una gran interna de la oposición en las PASO que arrime a la posibilidad de derrotar al peronismo en la Provincia de Buenos Aires.

El núcleo duro de la base social de la oposición de derecha son los pequeños comerciantes perjudicados económicamente por las medidas restrictivas. Los más radicalizados son aquellos amenazados de quebrar o descender socialmente en medio de la crisis pandémica. Hay también cuentapropistas y trabajadores precarizados o que hacen changas que, al verse impedidos de trabajar y no dar el gobierno ninguna respuesta económica (como un salario universal), fueron seducidos por los discursos reaccionarios y antisanitaristas.

Pero esta composición, que puede ser significativa en CABA, no parece ser suficiente para ganar una elección a nivel nacional. El ala moderada de la oposición de derecha, liderada por Larreta, busca dialogar con sectores más amplios de los trabajadores y clases medias. Se presenta con un perfil de gestión, razonable-neoliberal, antiperonista republicano, al estilo Piñera o como lo fue el gobierno de Macri.

La contradicción surge entre la estrategia para ganar las elecciones y efectivamente operar los cambios estructurales del programa reaccionario neoliberal. La oposición burguesa se unifica tras las campañas contra la corrupción y el lema «basta de populismo/peronismo en la argentina». Pero la hegemonía del peronismo en el país, con sus sindicatos, mediaciones y encuadramiento social de los movimientos de masas, de derechos humanos, etc, expresa la necesidad de la burguesía de gobernar mediando con un movimiento obrero y popular con una gran experiencia acumulada de lucha y organización. Un alto nivel cultural relativo al conocimiento de sus derechos, y una gimnasia de movilización reivindicativa en el que todavía están muy vivas experiencias como rebelión popular del 2001, la lucha de los organismos de derechos humanos contra la dictadura, las huelgas contra el neoliberalismo, etc.

Para liberalizar la economía, aumentar la explotación, destruir el poder de organización sindical y aplicar las reformas estructurales que quiere la derecha, ésta necesita derrotar en un enfrentamiento directo a amplias masas. Macri intentó avanzar moderadamente y desató las combativas jornadas del 14 y 18 de diciembre contra la reforma previsional que hirieron de muerte a su gobierno. Bullrich estaría dispuesta a llevar adelante este enfrentamiento de manera más directa, pero no tiene el consenso necesario y apenas moviliza a un sector todavía minoritario de las clases medias que no le alcanzan para ganar una elección nacional. Larreta expresa un perfil moderado que podría cosechar apoyo pero estaría a prueba su capacidad de endurecimiento. Es ésta la discusión de fondo sobre el carácter y perfil de la alianza opositora de la derecha.

Desborda la inflación

Hay un factor objetivo de la situación nacional al que ni el gobierno ni la derecha pueden dar una respuesta progresiva y que es el principal punto de apoyo para abrirse paso desde una crítica por izquierda: la fatal crisis económica que está atravesando nuestro país y que, con la inflación como índice, está pulverizando el nivel de vida de miles de trabajadores y sectores de los barrios populares, impulsando a que algunos sectores salgan a luchar.

Ayer se conocieron los datos de inflación de mayo, que fue 3,3% y representa casi un 50% en los últimos doce meses. Este aumento fue aún mayor en el precio de los alimentos, y en particular de la carne, que acumula más de un 60% anual. Con los sindicatos de mediadores (traidores) los aumentos salariales fueron muy por debajo de la inflación, en cuotas y se calcularon en base al 29% mentiroso que estimó Guzmán en el presupuesto 2021 para ajustar reduciendo el gasto y pagarle al FMI. El gobierno y los sindicatos acordaron un salario mínimo por debajo de la línea de indigencia. La pobreza alcanza el 42% de la población mientras otro 20% está al borde de serlo. Un mar en el que se expande la pobreza, la miseria y la pauperización.

Pero si el ajuste está afectando de manera severa a los trabajadores en blanco, los precarizados quedaron directamente desamparados ante la crisis. Mientras miles de trabajadores efectivos fueron suspendidos con una reducción de salario o perdieron parte de su poder adquisitivo, los precarizados perdieron el trabajo sin indemnización, o no pudieron trabajar (ni recibieron sueldo) por las restricciones, o les fueron negados los ya insuficientes aumentos paritarios correspondientes a sus verdaderos encuadramientos sindicales por la inscripción fraudulenta que las patronales realizan en sus contratos laborales.

Surgen luchas contra la precarización

Las empresas ganan millones a costa de no reconocer los derechos a un tercio de los trabajadores de nuestro país, a los que se les pagan menos por las mismas tareas y se obliga a trabajar en peores condiciones. El gobierno mira para otro lado, y los sindicatos ignoran directamente a esos trabajadores, considerándolos fuera de su jurisdicción y dejándolos desamparados frente al pisoteo de sus derechos. Gobierno, empresas y sindicatos representan la «santa alianza» que sostiene la precarización laboral.

Pero si la precarización es una injusticia indignante siempre, bajo la pandemia se volvió desesperante al pulverizar los de por sí bajísimos salarios precarizados, impulsando a sectores a organizarse para exigir su pase a planta permanente y conquistar los derechos que les corresponden. Es el caso de los trabajadores de EMA y Argencobra (tercerizados despedidos de Edesur por exigir su pase a planta), los ferroviarios tercerizados o los miles de repartidores de las apps, rubro que creció exponencialmente durante la pandemia y en el que un sector de su activismo está dando el paso de fundar su primer sindicato, el SiTraRepa.

Estos sectores impulsaron, junto a organizaciones de izquierda y sindicales combativas como el Nuevo MAS y la Corriente Sindical 18 de Diciembre, un importante corte en Puente Pueyrredón el viernes pasado, que visibilizó los reclamos contra la precarización laboral. El gobierno de Fernández respondió con represión, respuesta que contrasta con el respeto democrático que el FDT tiene con el «derecho a la protesta» de las movilizaciones de la derecha antisanitarista. Los trabajadores de EMA mantienen a estas horas un acampe frente al Ministerio de Trabajo. Los tercerizados ferroviarios continúan con su plan de lucha. Al mismo tiempo, otros sectores como los trabajadores el Astillero Río Santiago realizaron una movilización contra los avances privatistas de Kicillof y por la reactivación de la fábrica.

Como lo señaló en los medios la referente del Nuevo MAS, Manuela Castañeira, estas peleas expresan una postal de la realidad que viven cientos de miles de trabajadores y que el gobierno no quiere ver. Una realidad de explotación, de precarización y de pérdida de poder adquisitivo. Una situación que se agravó durante la pandemia y que el gobierno del Frente de Todos dejó correr sin tomar ninguna medida a favor de los trabajadores. Avanzando con un ajuste inflacionario y permitiendo a las empresas pasar despidos, suspensiones y avasallar los derechos de los trabajadores.

Unidad por el triunfo de las luchas en curso

Hay que rodear de solidaridad las luchas para fortalecer los reclamos de reincorporación y pase a planta en el camino de generar un punto de apoyo para impulsar un gran movimiento contra la precarización laboral, flagelo que empezó con la dictadura y el gobierno de Menem, pero que se siguió desarrollando con todos los gobiernos que lo sucedieron. El triunfo de los trabajadores de EMA, los ferroviarios o la conquista del reconocimiento del SiTraRepa puede inspirar a miles de otros en la misma situación a organizarse y reclamar por sus derechos.

Ante la polarización asfixiante entre las fuerzas capitalistas, estas luchas son el punto de apoyo principal para visibilizar la realidad que vive la clase obrera y poner en la agenda nacional las reivindicaciones de los de abajo. Si hay una manera de abrirse paso a la escena nacional en el marco de una discusión acaparada por la gestión gubernamental de la pandemia y el cronograma electoral, es desde y por el triunfo de las luchas en curso, que expresan con toda su crudeza las contradicciones de la política de un gobierno que se dice popular mientras avanza con un durísimo ajuste contra la clase trabajadora.

Por eso es necesaria la más amplia unidad en las calles para que estos conflictos triunfen. Proyectando al calor de estas luchas las reivindicaciones obreras en la escena nacional, y poniendo en pie una alternativa de izquierda con un programa obrero y socialista para que la crisis la paguen los capitalistas.

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