Este sábado, 23 de mayo, en el Festival Marx, en el Espacio Cultural Elza Soares, se presentó la obra O Marxismo e a Transição Socialista: Estado, poder e burocracia, publicada en Brasil por Boitempo.
El autor de «El Marxismo y la Transición Socialista» presentó la edición de su obra en portugués por la editorial Boitempo en el marco de la «festa de aniversário do Marx» en San Pablo, Brasil.
«El mundo es muy complejo y hay que saber mirarlo con los dos ojos. Brasil viene de una enorme tradición de lucha, aunque la coyuntura en estos momentos sea compleja. Como las inmensas huelgas metalúrgicas de fines de los años 70′, que fueron fundacionales de la CUT y del PT, que fundaron un movimiento obrero reformista pero clasista.
Con respeto, voy a polemizar con Álvaro (Bianchi), que dice que la izquierda abandonó esas tradiciones. No concuerdo. No concuerdo con que la ‘rebeldía es de derecha’. Tenemos elementos de rebeldía de izquierda hoy, inmensas. Tenemos un movimiento de lucha en Bolivia que es inmenso. Un movimiento LGBT mundial que es inmenso.
Pero hay pelea, disputa. Hay polarización en el mundo.
Pero hay un problema. Para ganar, las elecciones por ejemplo, no se puede estra bien con Dios y con el Diablo. Si estás con Dios y con el Diablo, no estás con nadie. Si el gobierno de Lula tomara medidas anticapitalistas, cosa prácticamente imposible, si hiciera concesiones reales a las masas enfentando los intereses capitalistas, sería otra la historia. Yo recuerdo los últimos años, las últimas campañas de Lula lo único que hacen es una campaña electoral. No recuerdo ninguna campaña de masas, movilización de masas con reivindicaciones de masas.
Por ejemplo, las luchas de los repartidores son luchas inmensas, históricas, que surgen desde abajo con reivindicaciones desde abajo enfrentando a las empresas de aplicaciones y a las burocracias. Al estilo Rosa Luxemburgo, es un movimiento espontáneo desde abajo que enfrenta el conservadurismo de los aparatos.
Esa es la situación: es errado quedarse en la discusión de la extrema derecha y no ver todo lo que está a la izquierda. Hay que ver el mundo con los dos ojos, no con uno.
Pasando de tema, estoy presentando un texto: El Marxismo y la Transición socialista. Es muy difícil resurmirlo acá, y con la temática de este panel. Pero quiero decir algo que me parece muy importante. En la experiencia del siglo pasado, de las revoluciones anticapitalistas, hubo un proceso de sustitución de las bases por por las direccines burocráticas.
Marx decía que lo historia no es más que la historia de la lucha de clases, de la revolución y la transformación hecha por los trabajadores mismos. Su posición era que la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos. La revolución solamente puede consumarse con el protagonismo de las grandes masas y no solo de los aparatos, no solo de las direcciones, no solo desde arriba, no solo institucionalmente. Sí creando otra institucionalidad, surgida desde abajo, emergida de la actividad y la creación de las propias masas.
No es el parlamento. No es el concejo municipal. Por supuesto que hay que participar tácticamente de esas elecciones. Pero lo que queremos es reemplazarlo por la asociación de trabajadores y vecinos, que construyen sus organizaciones desde abajo y que disputan el poder al Estado burgués. Si ustedes siguieron la experiencia de Minneapolis, van a poder ver que la gente se autoorganizó desde abajo para enfrentar a ICE, pusieron en pie instituciones paralelas al Estado, poniéndose objetivamente a la izquierda de la situación. Y esa experiencia fue en enero de este año. La construcción de la organización independiente de las masas para disputar y ejercer el poder es una cosa históricamente muy vigente.
El problema de las revoluciones del siglo XX fue su burocratización. La transformación de un proceso desde abajo a un proceso desde arriba. Cristian Rakovsky, un gran marxista revolucionario de la generación bolchevique, decía que durante la revolución la plaza bullía de personas. Lenin y Trotsky se relevaron en el Congreso de los soviets y durmieron uno al lado del otro porque la gente esperaba escucharlos. Es una anécdota simática. Se acostaba Lenin, se levantaba Trotsky, se acostaba Trotsky, se levantaba Lenin. Porque la gente se estaba politizando, se enriquecían en debates entre millones y miles, tambuén escuchando a otros dirigentes, por supuesto, porque la revolución fue una obra colectiva.
Rakovsky decía que con la burocratización estalinista la plaza quedó vacía. Ya no había bullicio popular. Cuando la plaza está vacía, lo único activo que queda es la burocracia. Eso también decía Rosa Luxemburgo en su texto sobre la revolución rusa. De nuevo: si no está la plaza llena, lo único activo es la burocracia. La revolución socialista, la transición socialista, la transformación social, la derrota de la extrema derecha requiere la plaza llena, requiere la participación activa de las grandes masas. Eso no lo va a resolver ningún aparato por arriba: ni contra Bolsonaro, ni contra Trump, ni en la revolución ni en la transición socialista.
Hay que recuperar ese pensamiento sencillo y a la vez profundo de Marx: la emancipación del proletariado debe ser obra del proletariado mismo. Eso es apelar a las bases, al activismo, al trabajo político por abajo, a crear organismos alternativos de poder.
Yendo a Brasil: las elecciones no alcanzan para derrotar a la extrema derecha. Va a ser necesario recuperar la experiencia de lucha de la huelga general del 88. Es necesario construir un programa anticapitalista. Imponer conquistas de las masas vence cualquier disputa ideológica porque las conquistas de las masas son concretas.
Muchas gracias compañeros.»






