Traducido del portugués al español por Víctor Artavia.
Repartidores dan ejemplo de lucha, autoorganización y unidad de clase
En una coyuntura marcada por la polarización político-electoral entre la extrema derecha y el gobierno burgués de conciliación de clases de Lula, pero también por la resistencia de importantes sectores de la clase trabajadora y de los oprimidos en lucha en la base de la sociedad, las y los repartidores por aplicación, como uno de los sectores más dinámicos de la nueva clase trabajadora, demuestran gran capacidad de resistencia, movilización y lucha.
Contrariando a aquellos que dudaban de la capacidad del movimiento de los repartidores por plataforma de constituirse como una fuerza transformadora, que puede, con el desarrollo de la lucha y de la organización, pasar de una clase en sí a una clase para sí, ese sector de la clase, con potencial revolucionario, viene dando ejemplos seguidos de cómo posicionarse frente a los explotadores y a sus colaboradores: el poder público.
El ejemplo más reciente de lo que estamos hablando arriba fue la movilización que ocurrió ese martes (14/4) en Brasilia para presionar al gobierno y al legislativo. En esa fecha, la Organización Nacional de Trabajadores sobre Dos Ruedas, la ONTDR, y otros sectores organizaron una caravana a Brasilia y movilizaciones en diversas ciudades del país que alcanzó una estruendosa victoria, aunque parcial, haciendo que el diputado Augusto Coutinho (Republicanos), relator del PL 152, lo retirara de la pauta, tras un pedido del líder del gobierno, diputado José Guimarães (PT).
Además de esa victoria táctica contra el PL152, uno de los elementos más importantes fue la gran victoria en términos de autoorganización. Por primera vez tuvimos la incorporación directa en la movilización de los conductores que trabajan para Uber, 99, etc… Este no es un dato cualquiera, pues demuestra no solo la fuerza de las movilizaciones, sino también la capacidad de las y los repartidores, de este nuevo sector de la clase trabajadora, a ejemplo de la vieja clase obrera, de construir la unidad y la alianza con otros sectores de la clase y de los sectores oprimidos.
Se trata de un proceso marcante de lucha y organización que no se veía desde los años 80/90. Agregando que, en este caso, la categoría no tuvo el apoyo material de otros sectores sindicales, dando un paso al frente, dando la señal de lo que podrá ser la lucha de clases en ese período, si todos los sectores sindicales y de oposición al gobierno de conciliación de clases y a la extrema derecha, se unificasen en Brasil, en un plan de luchas y construcción de un programa propio político-económico de independencia de clase. Como vimos, no se trata apenas de dimensiones cuantitativas, los repartidores comienzan a ser una referencia de lucha y organización para el conjunto de nuestra clase.
PL 152: imposición de un nivel cualitativamente superior de explotación
El PL 152 debe ser comprendido no como una simple tentativa de reglamentación del trabajo en plataformas, sino como expresión de un nivel cualitativamente superior de explotación del trabajo en Brasil. Se trata de una reconfiguración de la forma jurídica de la explotación, que busca adecuar el derecho a las transformaciones contemporáneas de la acumulación capitalista sin mediaciones, marcadas por la digitalización, por la gestión algorítmica y por la intensificación de la extracción de plusvalía bajo nuevas mediaciones.
El núcleo estructurante de ese proyecto, que, hasta la gran presión ejercida por la categoría y las dirigencias independientes del gobierno y de los patrones, contaba con el apoyo de todos los partidos del régimen, es la creación de la figura del “trabajador autónomo plataformizado”, que no constituye una categoría neutra.
Como no podría dejar de ser, en una sociedad marcada por la división de clase, por un Congreso Nacional dominado por la extrema derecha y por un gobierno de conciliación cada vez más liberal, esa operación política y jurídica del PL 152 procura disolver la relación de trabajo en cuanto tal entre trabajadores y plataformas.
Al sustituir la noción de “relación de trabajo” por “prestación autónoma intermediada”, el proyecto no apenas altera la nomenclatura, sino que interviene directamente en la forma como el trabajo es reconocido jurídicamente, negando la subordinación y, con eso, eliminando el fundamento de la protección laboral. Se trata de una tentativa de adecuar el derecho a la realidad de la explotación sin vínculo formal, transformando en norma aquello que antes aparecía como excepción o ilegalidad.
Esa operación es inseparable de la clasificación de las plataformas como empresas de tecnología. Al desplazar esas empresas del campo del transporte o de la logística, el proyecto promueve una desmaterialización ficticia de la actividad productiva, ocultando el hecho de que esas plataformas organizan, controlan y dependen directamente del trabajo vivo. Esa ficción jurídica permite no apenas la dilución de las responsabilidades laborales, sino también la expansión de ese modelo para otros sectores, generalizando la plataformización como forma dominante de organización del trabajo.
Lo que está en juego, aun cuando haya ido al cajón el PLP 152, es una tentativa de redefinir las condiciones de extracción de plusvalía. Al restringir el concepto de jornada al tiempo de ejecución directa de la tarea – la entrega o corrida – el proyecto excluye de la contabilidad del trabajo todo el tiempo de disponibilidad, espera y desplazamiento. Ese tiempo, aunque absolutamente necesario para la realización del trabajo, es convertido en tiempo no pago. El resultado es la ampliación de la tasa de explotación por medio de la invisibilización de parte significativa del trabajo realizado. Se trata de una forma refinada de extracción de plusvalía absoluta, combinada con mecanismos de intensificación de la productividad que se aproximan a la lógica de la plusvalía relativa, mediadas ahora por algoritmos.
La gestión algorítmica, en ese contexto, no representa una superación de la subordinación, sino su forma más avanzada. El control no se da más por medio de la figura clásica del supervisor, sino por sistemas automatizados que definen precios, distribuyen tareas, monitorean desempeño y aplican sanciones. Como apunta el Ministerio Público del Trabajo, “la gestión por medio de algoritmos no aparta la subordinación jurídica, sino que la refuerza de forma más sofisticada”.
La aparente autonomía del trabajador – que elige cuándo conectarse – esconde una dependencia estructural, en la cual el acceso al trabajo y a la renta está condicionado a parámetros definidos unilateralmente por las plataformas. Además, también es la primera vez en la historia del capitalismo en que parte significativa del capital constante es asumido directamente por los propios trabajadores, llamados colaboradores por las empresas-plataformas.
En ese sentido, la figura del “trabajador plataformizado” expresa una contradicción central: se trata de un trabajador formalmente autónomo, pero materialmente subordinado. Esa escisión entre forma jurídica y contenido real de la relación de trabajo no es accidental, sino constitutiva de la estrategia del capital en el período actual. Como también resalta el MPT, “la creación de regímenes intermedios no puede servir como mecanismo de supresión de derechos laborales ya asegurados”. Sin embargo, es precisamente eso lo que el PLP 152 buscaba institucionalizar: una zona gris permanente, en la cual el trabajador asume todos los riesgos sin acceso a las garantías asociadas al trabajo asalariado.
Las consecuencias concretas de esa reconfiguración son profundas. La retirada de adicionales, límites de jornada, protecciones de salud y seguridad, garantías previsionales y derechos colectivos no es un efecto colateral, sino parte integrante del proyecto. Al mismo tiempo, la fijación de remuneraciones por tarea en niveles inferiores a las reivindicaciones de los trabajadores y la ausencia de garantías de renta mínima efectiva consolidan un modelo de inestabilidad permanente. Como alerta el MPT, “modelos que remuneran apenas por tareas realizadas pueden resultar en ganancias inferiores al mínimo legal por hora”, evidenciando la transferencia integral de los riesgos de la actividad al trabajador.
Esa dinámica es reforzada por la ampliación del poder de las empresas sobre el proceso de trabajo. El rastreo continuo, la segmentación territorial, las ventanas de disponibilidad y los bloqueos unilaterales constituyen mecanismos de control que operan al margen del reconocimiento jurídico de la subordinación. Se trata de un control real sin responsabilidad formal, lo que representa una de las formas más acabadas de la dominación capitalista contemporánea.
El papel del gobierno, de Boulos y de una nueva burocracia pelega (denominación brasilera del sindicalismo plegado al gobierno y las patronales) que se forja en la categoría, así como del Centrão y de la extrema derecha en ese proceso, fue categóricamente complementario. Por parte del gobierno, vimos, con la creación farsesca de un nuevo Grupo de Trabajo Técnico (GTT), articulado directamente entre Boulos y los pelegos de la categoría (de manera antidemocrática y con maniobras y mentiras escandalosas), una orientación consciente de abrir mano del proyecto elaborado por la propia categoría tras el “Breque” (paro) del año pasado y pasar a conciliar con el proyecto de la patronal presentado por la derecha y por la extrema derecha.
Fueron meses en que el ministro y sus sirvientes engañaron a la categoría, diciendo que los encuentros en Brasilia se trataban de una articulación para pensar políticas públicas, hasta que algunos repartidores comenzaron a darse cuenta de la maniobra y a romper públicamente con el GTT, denunciando el verdadero objetivo de aquel espacio: maquillar el proyecto de la patronal y presentar como victoria uno de los mayores retrocesos a los trabajadores.
Innumerables fueron las veces en que los representantes de Boulos en la categoría intentaron engañar a los trabajadores a cambio de ganancias personales, pero sucedió algo que no es común: cuando las direcciones fracasan y dejan en evidencia sus intenciones apartadas de las de los trabajadores, la base viene y les pasa por encima. Fue eso lo que ocurrió el último día 14 de este mes, con destaque para la ONTDR, que venía construyendo una fuerte campaña y denuncias sistemáticas contra ese proyecto nefasto.
Victoria parcial, riesgos y tareas estratégicas
Desde el punto de vista político, la trayectoria del PLP 152 revela también los límites de las estrategias institucionales de mediación del conflicto social. La tentativa de canalizar la insatisfacción de los trabajadores hacia espacios controlados – como los grupos de trabajo creados por el gobierno para intentar manipular a la categoría – es una estrategia para neutralizar políticamente su autonomía y sacar la lucha de las calles, como hace el lulismo en todos sus gobiernos.
Sin embargo, la resistencia organizada de los trabajadores, inicialmente aislada, fue capaz de construir una crítica consistente y ampliar su base de apoyo, involucrando sectores académicos, institucionales y de la propia categoría. Esa dinámica permitió una victoria parcial, con la retirada del proyecto de pauta, evidenciando que la lucha de clases sigue siendo el elemento decisivo en la definición de los rumbos de la regulación del trabajo.
Aun así, el contenido del PLP 152 permanece como expresión de una tendencia más amplia. Se trata de una tentativa de generalizar un modelo de trabajo basado en la inseguridad, en la fragmentación y en la transferencia de riesgos, adaptando la forma jurídica a las necesidades de la acumulación contemporánea. En ese sentido, el proyecto no debe ser comprendido apenas como una amenaza a los repartidores por aplicación, sino como un paradigma para la reorganización regresiva del trabajo para todos los trabajadores en Brasil.
Frente a eso, la respuesta no puede limitarse a la crítica jurídica o institucional. La lucha contra el PLP 152 coloca la necesidad de una acción unificada de la clase trabajadora, capaz de enfrentar no apenas ese proyecto específico, sino la lógica más general de precarización que él expresa. La victoria parcial obtenida demuestra el potencial de esa movilización, pero también indica que apenas la profundización de la lucha podrá impedir que esa nueva forma de contrarreforma laboral se consolide como norma.
Sin embargo, la retirada del PLP de la pauta no representa la superación de la tendencia que él expresa, sino apenas su suspensión momentánea en el terreno de la lucha política. Como toda forma jurídica que responde a necesidades estructurales de la acumulación, el contenido del PLP 152 permanece latente, pudiendo reaparecer bajo nuevas mediaciones o incluso en su forma original. En ese sentido, la exigencia de una medida provisoria por parte del gobierno se coloca como respuesta inmediata, pero insuficiente si no estuviera articulada a un movimiento independiente de la clase trabajadora.
La declaración del diputado Augusto Coutinho, al afirmar la retirada del proyecto de la agenda parlamentaria, no elimina el riesgo de recomposición de esa ofensiva. Por el contrario, evidencia el carácter inestable de las mediaciones políticas y abre espacio para que el PLP 152 retorne bajo régimen de urgencia, especialmente frente a la convergencia entre fracciones del capital representadas por la derecha, extrema derecha y sectores del propio gobierno. En ese escenario, el proyecto puede reaparecer como instrumento de generalización de una forma jurídicamente mediada de intensificación de la explotación – aquello que, en la experiencia concreta, los repartidores y trabajadores en general ya identifican como “esclavitud moderna”.
Frente a eso, el problema central deja de ser apenas jurídico y se coloca en el terreno de la organización de la clase. El PLP 152, al crear la figura del “trabajador plataformizado” y ampliar su aplicabilidad, no alcanza apenas a una categoría, sino que apunta hacia una reconfiguración general de las relaciones de trabajo. Se trata, por lo tanto, de un ataque al conjunto de la clase trabajadora, como ya afirmamos, que precisa ser respondido por todos nosotros.
La gran victoria que significó la retirada del proyecto de pauta debe ser comprendida como una victoria parcial, que fue producto directo de la lucha, pero también como un punto de inflexión. La posibilidad de retorno del PLP 152 demuestra que la forma jurídica de la explotación permanece en disputa. Transformar esa resistencia en fuerza organizada nacionalmente no es apenas una tarea táctica, sino una necesidad estratégica para enfrentar la nueva etapa de la ofensiva burguesa en Brasil, que pasa por el neoextractivismo, por la reorganización de la superexplotación sobre el trabajo, por la precarización general de la vida y ataques a los derechos democráticos.
Así, es en ese punto que se coloca, de forma inaplazable, una exigencia política directa a la CSP-Conlutas: la convocatoria inmediata de un Plenario Nacional de todos los trabajadores plataformizados del país. Ese plenario debe ser construido como espacio real de deliberación y unificación de la lucha, reuniendo repartidores, conductores y demás trabajadores sometidos a la lógica de la plataformización. Su objetivo debe ser doble: por un lado, debatir y enfrentar el contenido del PLP 152 como parte de una ofensiva más amplia contra los derechos de la clase trabajadora; por otro, avanzar en la construcción de un programa mínimo unificado y de un plan nacional de luchas, capaces de responder a la altura de la reorganización de la explotación en curso.
En ese sentido, esa tarea se coloca como una de las principales responsabilidades políticas del 6º Congreso de la CSP-Conlutas, que ocurre este fin de semana. No se trata de un tema sectorial, sino de una cuestión estratégica para el conjunto de la clase trabajadora. La capacidad de dar una respuesta organizada al avance de la plataformización y a las tentativas de legalización de la precarización será uno de los criterios centrales para medir el papel de la central en el próximo período.
La necesidad de esa plenaria no es contingente, sino estructural. La plataformización fragmenta, dispersa e individualiza a los trabajadores, dificultando su organización colectiva. Sin una iniciativa consciente que recomponga esa unidad a nivel nacional, la resistencia tiende a permanecer localizada e insuficiente frente a una ofensiva que ya opera de forma centralizada y articulada.
Referencias
ASSAD, Renato. Entregadores de aplicativo – A luta de um novo proletariado. Editoria Multifocos, 2024.
Substitutivo piora regulamentação dos trabalhadores plataformizados em https://www.diap.org.br/index.php/noticias/artigos/92862-plp-152-25-substitutivo-piora-regulamentacao-dos-trabalhadores-plataformizados
Relatório MPT criticando o PL 152 em https://www.facebook.com/share/p/1a5mBCXmP8/




